La carrera armamentista está en su apogeo

Si se pudiera regresar en el tiempo, Vladimir Putin trataría de
impedir la desintegración de la Unión Soviética ocurrida en 1991. Así
lo ha dicho el presidente de Rusia en un foro celebrado la semana
pasada en Kaliningrado, en respuesta a una pregunta del público sobre
qué suceso histórico ocurrido en ese país él hubiera querido impedir.
En 2005, Putin había manifestado en su discurso anual sobre la
situación del país que el derrumbe soviético había sido "la mayor
catástrofe geopolítica del siglo".

En el foro de Kaliningrado Putin anunció que científicos rusos habían
desarrollado novísimos sistemas de armamento gracias al logro de
nuevos materiales que ningún otro país posee. "Otros lo han intentado
pero, por lo que sabemos, no lo han conseguido".

El líder ruso explicó que el submarino no pilotado armado con misiles
nucleares logrado por su país alcanza una potencia de combate 200
veces mayor que la de otros submarinos actuales y es más veloz que
muchos navíos de superficie.

También calificó de "ciencia ficción" el sistema portador de misiles
intercontinentales Avangard que, según el mandatario ruso, "vuela como
un meteorito mientras la temperatura en su superficie alcanza los
2.000 grados, se desvía hacia arriba y abajo, a derecha-izquierda y
todo le funciona debidamente".

Putin informó que Rusia posee diversos sistemas capaces de burlar el
escudo antimisiles estadounidense y puede hacer frente a cualquier
ataque procedente del exterior. Sacó a relucir armas que hasta ahora
se guardaban en secreto, como un misil intercontinental pesado y un
misil crucero hipersónico, drones submarinos armados con cohetes
nucleares y armamento láser.

"Antes de que tuviéramos los nuevos sistemas de armamento, nadie nos
escuchaba. ¡Escúchennos ahora!", exclamó Putin durante su encendido
discurso sobre el estado de la nación ante las dos cámaras del
Parlamento ruso.

El jefe del Kremlin aseguró que "por ahora nadie en el mundo tiene
nada igual" y advirtió que, para cuando lo tengan, los rusos "ya
inventarán otra cosa".

La rivalidad entre grandes potencias por desarrollar sus fuerzas
armadas y hacerlas más eficaces como mecanismo de interacción
estratégica para la elevación de la moral combativa propia y el
debilitamiento de la del adversario, comenzó a desarrollarse en la
contemporaneidad desde que Washington, avizorando el fin de la Segunda
Guerra Mundial con la derrota de Alemania y el triunfo de varios
aliados sumamente maltrechos por los efectos de la guerra, diseñó una
política en esa dirección con el objetivo de asumir en exclusiva la
hegemonía mundial absoluta.

Rusia, que había llevado el peso principal de la lucha contra la
Alemania nazi estaba en amplia minoría entre las potencias aliadas, no
solo por la destrucción material y económica en que quedara sumida
tras su enorme esfuerzo militar, sino por la afinidad política e
ideológica que unía a Estados Unidos con el resto de los aliados.
Prácticamente decidida ya la Guerra Mundial y con solo unos pocos
detalles pendientes de acordar para la rendición incondicional de
Japón, Estados Unidos hizo explotar sendas bombas atómicas sobre dos
densamente pobladas ciudades de la nación asiática con el evidente
propósito de dar a conocer con esa monstruosidad su posesión única de
la pavorosa arma nuclear.

A partir de entonces Rusia se esforzó al máximo por alcanzar la
paridad y el mundo se hizo bipolar, marcado por dos grandes centros de
poder en Washington y Moscú. Nació la carrera armamentista conocida
como Guerra Fría.

La bipolaridad se transformó en monopolio estadounidense, con la
disolución de la URSS pero, como gran potencia única, Estados Unidos
no fue capaz de eludir las paradojas inherentes al capitalismo, a
causa de que sus ambiciones esenciales de dominio que le exigen
guerras, desigualdades, explotación y miserias para mantenerse al
frente de la nave imperialista.

Putin ha repetido en muchas ocasiones que Rusia no se verá empujada a
una carrera armamentista que agote sus recursos como ocurriera con la
Unión Soviética cuando el presidente de EEUU Ronald Reagan lanzó la
conocida como "Guerra de las Galaxias". Pero en los últimos años la
agresividad imperialista de Washington ha aconsejado al Kremlin la
inversión de enormes recursos en la modernización de su tríada
nuclear: misiles intercontinentales, submarinos atómicos y aviación
estratégica.

En Siria, al poner freno a la impunidad con que Estados Unidos venía
actuando desde hacía algunos años, el Ejército ruso no solo salvó al
régimen de Bachar al Asad, sino que demostró que "Rusia ha vuelto como
superpotencia militar.

Ojalá sea una carrera armamentista en la que mentes sensatas sean
capaces de contrarrestar la grave amenaza que deriva de que uno de los
contendientes está encabezado por un maniático.



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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