Jerusalén: ciudad santa o símbolo del apartheid

Es necesario mirar nuestros antepasados para poder ubicarnos en este presente para analizar la historia de la pequeña Jerusalén. Es importante mantener una visión consciente y objetiva, libre de prejuicios religiosos, entendiendo que en la biblia no todo está comentado, no toda la verdad está dicha y que algunos textos fueron alterados para mantener el control y el estatus religioso de una élite económica capitalista hacia quienes hoy rinden culto a distintos dogmas o creencias. Entender la historia de Jerusalén implica irnos más allá desde Noé, el famoso personaje del arca. No obstante, podemos reencontrarnos desde el llamado patriarca Abraham, ya que desde aquí se da origen al conflicto árabe-israelí, se da inicio a las divisiones de las posturas religiosas que más han marcado este planeta, en virtud de que los primeros descendientes de Abraham generaron dos corrientes distintas de pensamientos religiosos y ambos usaron a Jerusalén como la tierra prometida. El primer hijo de Abraham, a sus 85 años, fue Ismael con la esclava Agar, ya que su primera esposa Sara no podía engendrar hijos. Luego, a los 95 años, procreó a Isaac con Sara, a quien llamaron el hijo de la promesa (según dicen lo estipuló el Dios de Abraham). Isaac tuvo dos hijos gemelos: Esaú y Jacob. La preferencia de Isaac por el primero (Esaú), dio lugar al episodio del engaño de Jacob, pues se dice que tras haber comprado de Esaú la primogenitura por un plato de lentejas un día que éste llegó hambriento a su casa, Rebecca (su madre) obligó a Jacob a disfrazarse con una piel de cordero para simular que era su hermano y obtener la bendición paterna de Isaac. Luego Jacob tuvo 12 hijos, que llamaron las 12 tribus de Israel: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan, Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José (a quienes sus hermanos mayores vendieron a los egipcios por el amor especial que le tenía su padre, más adelante sería el intérprete de sueños y el consejero o ministro del faraón) y Benjamín. No le dan importancia a las hijas (hembras) que también tuvo.

Desde Ismael e Isaac se crea el enfrentamiento de dos mundos, dos posturas distintas, dos dogmas diferentes. El primero es seguido por los musulmanes, adoran a su Dios Alá, a través del profeta Mahoma, en su mayoría son los árabes. A Isaac lo siguen los judíos, adoran al Dios de Abraham, la línea que ellos creen que es el elegido por la primogenia de Abraham; en su mayoría son los israelíes, los europeos o anglosajones, los americanos del norte (incluyendo Canadá). Esperan a un Mesías que en realidad vino, pero que nunca lo reconocieron como tal, y lo asesinaron lavándose las manos con el romano Poncio Pilatos y los sumos sacerdotes hebreos quienes celebraron aquel acontecimiento para luego imponer las reglas de una religión que hoy los occidentales controlan, junto a una cruz que impusieron como sagrada cuando fue un instrumento de sacrificio para aquellos que se rebelasen contra los romanos. El control y poder económico que tienen los líderes de los países que apoyan a Israel es muy poderoso, por eso no solamente quieren destruir a Palestina y a todos los países árabes, sino a otros países de Asia y América Latina, en apoyo al imperio de EE.UU. Se consideran tan indispensables los sionistas que creen que cualquier "lucha contra ellos" es improductiva, toda vez que muchos genios judíos han dado grandes aportes a la humanidad, como: Karl Marx, Sigmund Freud, Karl Landsteiner, Abraham Stern, Ana Frank, Albert Einstein, entre otros. Pero, no dicen los grandes medios de comunicación que junto a EE.UU. han devastado otros pueblos en nombre de la libertad, apoyan bloqueos económicos, intervencionismos y ataques militares. Los judíos después de más de dos mil años siguen andando en tropiezos. Fue muy lamentable el holocausto cometido contra ellos en la II Guerra Mundial, pero no aprendieron la lección a pesar de que estuvieron errantes y excluidos durante casi dos siglos. Hoy se creen los dueños del mundo por eso quieren apropiarse de Jerusalén, como si la historia protagonizada en esta tierra le perteneciera solo a ellos. Lo contradictorio de todo esto es que ellos nunca creyeron en Jesús (lo asesinaron), pero consideran a Jerusalén tierra Santa. Si analizamos el linaje de Abraham, ahí hay mucha tela que cortar: Ismael no fue el primogénito porque nació de una esclava, el otro sí porque era como quien dice "legal"; es cuestionable la acción deshonesta de Jacob contra su hermano; vender a José como un esclavo por celos sus hermanos mayores, es repudiable. Esto indica que las 12 tribus tampoco fueron tan puras. Se usó al Dios de Abraham, un hombre de mucha sabiduría y de una profunda fe, para engañar a toda una nación y luego al mundo entero. Es una postura falsa para apropiarse de estas tierras. Cristianos y árabes también la consideran lugar sagrado, la tierra prometida. Todos creen, equivocadamente, que las demás naciones no lo son. Entonces ¿habrá que aplaudir, apoyar y callar los genocidios cometidos contra los pueblos árabes y otros pueblos porque no son bendecidos, porque creen en una línea distinta y se resisten a ser sometidos por los judíos, los ciudadanos que gobiernan el mundo? ¿Quiere decir entonces que los países del resto del mundo son malditos para ellos? ¿Qué Dios es ese, que ellos dicen de Abraham, que puede decir esta es la única tierra prometida y las demás deben estar subyugadas? La tierra Santa la han convertido en símbolo del apartheid, peor que la vivida en Sudáfrica por parte de los ingleses contra los negros. Nadie pone en duda los aportes científicos, académicos, culturales, que haya dado este sector, pero así como ellos otras personalidades de distintas culturas han dado infinitos aporte a la humanidad.

La humanidad, incluyendo los socialistas y comunistas, no odian a los judíos. Respetamos la fe profunda que tienen todos en el Dios que consideren. Se ha hecho creer que luchamos contra Dios, cuando en realidad luchamos contra quienes utilizan a Dios en contra del hombre, para someterlo, esclavizarlo y engañarlo; cualquier persona que apoye a los palestinos por su justa causa y no a la barbarie de los israelíes es considerada mente enferma, ya que el salvador nació aquí. En realidad estamos en contra de cualquier invasión en nombre de la libertad, de la democracia, o de cualquier Dios, por parte de cualquier país poderoso del mundo. Sin embargo, ni los cristianos, ni judíos, ni musulmanes, han entendido la causa del nacimiento de Jesús en Jerusalén. Lejos estaba Él de crear más divisiones, conflictos religiosos, ritos e imposiciones, pues su mensaje fue a la unidad, a la paz, a amarse unos con otros, a compartir el pan. Jerusalén es un símbolo de ese hecho histórico que debería trascender para las transformaciones necesarias que se suscitan en este plano. Lo que es para los seguidores de Jerusalén, lo es para los Krisnas en la India; para los Budistas en el Asia, por lo tanto todas las naciones deben ser honradas, todas son importantes, porque Dios está en todas partes, no es exclusivo de ninguna nación, ni de ningún credo, o particulares que pretendan hacer creer que son elegidos o representantes de Dios aquí en la tierra. Dios, el Padre eterno, es la chispa que mora en cada ser vivo, en cada ser que habita en el universo; es la luz que nunca se apaga, porque es la vida eterna para cada criatura y cada criatura es un ser de luz. Que el Año Nuevo 2018 sea fuente de inspiración y caminemos unidos en la búsqueda de la paz, que seamos capaces de erradicar la miseria y la pobreza en este plano, que alcancemos la solidaridad plena y busquemos juntos los cambios necesarios para consolidar el amor y el bienestar de la humanidad.

 

 



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Esmeralda García Ramírez

Licenciada en Administración Articulista

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