Fidel castro: "Esta vez no me morí, ¿verdad?"

En un artículo anterior titulado “Fidel Castro: planes para morirme, no tengo ninguno desde luego”, tuve el propósito de poner de manifiesto la convicción y la corazonada de que la recuperación de Fidel sería cierta, y con ello contribuir a la confianza que necesitaba la gente de todas partes del mundo en un momento en que se vertían muchos vaticinios y especulaciones por la ralea enemiga. Además, brindar los fundamentos históricos, reiterados por Fidel en distintas ocasiones, sobre la sucesión de mando tanto en condiciones temporal como definitiva, a fin de que se comprendiera, como lo hizo todo el pueblo de Cuba y mucha gente en el resto del mundo, lo natural que resultaba la delegación temporal de las funciones máximas del Partido, del Estado y de las Fuerzas Armadas a Raúl Castro.

En esta oportunidad abundaremos sobre este mismo tema, aunque trataremos del matiz que nos permite analizar por qué en la actual coyuntura de convalecencia de Fidel después de la intervención quirúrgica, se ha cumplido exactamente lo que él había vaticinado hace veinte años, en que justamente hablaba sobre estos temas, imaginando, según decía entonces, una situación que pudiera ocurrir en un plazo de unos 20 años.

Ante una pregunta de Mervin Dymally, congresista norteamericano entonces, Fidel respondió:

“Es muy excepcional el caso en que me entra alguna obsesión o alguna angustia. Pero, como norma realmente, si no tuviera buen humor, una cierta capacidad de bromear con los demás e incluso conmigo mismo, si no tuviera capacidad de desconectarme, no habría podido resistir este trabajo. Porque yo también me pregunto eso: bueno, cómo andará mi presión arterial, cómo andará mi corazón, cómo he resistido tantos años. Creo que un elemento que me ha ayudado en este problema es la capacidad de abstraerme, la capacidad del buen humor, y poder apreciar el lado simpático, el lado cómico y hasta el lado ridículo de las cosas que nos ocurren. Eso me ha ayudado a resistir; puedo también agarrar un libro y no acordarme de ustedes hasta el otro día; entonces puedo hacerlo, moverme, cambiar de actividad. Puedo sustraerme perfectamente, es lo único que pueda explicar que se resista un tipo de trabajo intenso tantos años. Creo que me ayuda también la práctica de hacer ejercicios, me ayuda la práctica de ser moderado en la comida, y, en fin, me ayudó la naturaleza y también la suerte”.

“Yo creo que hace 20 años, 15 años, me preocupaba más la idea de que pasaran los años y se acercara la vejez. Indiscutiblemente que la naturaleza tiene mecanismos fabulosos de equilibrio y de compensación en las personas. Mientras más años pasan, menos me preocupo por la muerte y menos me preocupa la vejez: fíjese qué cosa más curiosa.

Digamos, ¿qué factores pueden contribuir a eso? Yo diría que hace 20 años, uno pensaba que necesitaba tiempo por delante para cumplir una misión, realizar una tarea. A medida que pasa el tiempo, uno va teniendo la sensación de que ya una gran parte de esa tarea que le correspondió en la vida está cumplida y que va quedando una obra detrás, entonces usted se angustia menos por la salud, por la vejez y por la muerte, porque va dejando aquello que se ha cumplido, la obra que tenía que realizar la ha realizado, la vocación y las aptitudes que alguien pudo traer consigo cuando viene al mundo en un momento en que pudiera tener alguna utilidad, han sido ejercidos, está uno más tranquilo, tiene mucha más tranquilidad. Entonces te digo: ni la salud, ni la muerte, ni la vejez me traen preocupación alguna.

La única presión que puedo sentir por eso, es la idea de que el tiempo hay que aprovecharlo mejor y hacer lo más que se pueda; si va quedando menos tiempo, hay que aprovecharlo mejor, porque sobre todo coincide con el período en la vida en que usted tiene más experiencia y puede ser más útil.”

En la misma entrevista, el académico Jeffrey Elliot abordó el tema esencial que nos ocupa.

ELLIOT: La última pregunta de esta sesión. Si usted tuviera que abandonar el poder mañana mismo ¿qué cree usted que pensaría el pueblo cubano, y qué le gustaría a usted que el pueblo cubano pensara de lo que usted ha hecho durante todos estos años por el pueblo.

FIDEL: Esta vez no me morí, ¿verdad?

ELLIOT: No, no

FIDEL: Le voy a decir una cosa, si yo mañana renunciara a las funciones que estoy desempeñando, primero, habría que contar con una razón realmente convincente para que la población lo entendiera, que encontrara lógico, natural y justificado eso que se hace (…) porque se le inculca a la gente hacer el máximo, sufrir al máximo si fuera necesario, sacrificar todo tipo de interés personal; hacer algo que fuera lo opuesto a eso, no se entendería bien, sería un poco decepcionante para el pueblo. Bien, qué pasará, vamos a suponer que fuera justificada la ausencia. Si se puede explicar, entonces lo entendería todo el mundo perfectamente bien, y creo que tendrían la seguridad de que el que ocupara ese cargo seguiría cumpliendo con plena capacidad, no habría trastornos para la Revolución en ningún sentido; podría haber tal vez un poco de tristeza, pero se adaptarán perfectamente.

Yo no tengo la menor duda de que, aunque todavía puedo hacer algunos aportes a la Revolución –todavía puede haber algunas cosas que necesitan un poquito de tiempo para que maduren-, el concepto de la gente y el reconocimiento del pueblo serán realmente altos del papel y del esfuerzo que he realizado en la Revolución, sin que esto pretenda de ninguna manera significar que ha sido una cosa perfecta, exenta de errores, ni mucho menos; pero estoy seguro del alto concepto que quedará de mis servicios, absolutamente seguro, no tengo la más remota duda sobre eso”.

En otra parte de la entrevista, Fidel aborda el sentimiento del pueblo cubano sobre él:

“Yo creo que el sentimiento del pueblo es un sentimiento de familiaridad, de confianza y de respeto, es decir, de una relación muy cercana, muy estrecha.

Yo creo que a eso contribuyen distintos factores. La población nuestra no ve a los dirigentes como personas que están a la distancia, intocables.

La impresión que yo tengo es la de una relación familiar. Nos ven como un vecino, como uno más; no se sienten aplastados por los cargos, por las personalidades. A mí nadie me llama siquiera Castro. Hay confianza, familiaridad y respeto. Creo que el elemento de confianza se basa entre otras cosas en que nunca se le haya dicho una mentira al pueblo.”

En conclusión, en esas palabras e ideas de Fidel, expresadas en 1985, quedan resumidas las situaciones vividas y sentidas por el pueblo cubano ante la proclama en que le anunció la entrega provisional del mando a Raúl ante un estado de salud transitorio.

¿Clarividencia? ¿Seguridad y conocimiento del líder sobre sí mismo, su obra y su pueblo? En verdad, en esto hay de todo.


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Wilkie Delgado Correa


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