Los muros de la globalización

Se dice que desde Alejandro Magno extendió su imperio hasta arribar a la India o cuando los fenicios recorrían las costas mediterráneas para realizar su comercio, de alguna forma se dio un incipiente proceso globalizador. Otros criterios aseguran que su origen se debe al mismo desarrollo del hombre y su expansión, o que fue producto del desarrollo de los antiguos imperios y hay quienes hablan del encuentro entre dos culturas, otros argumentan que es un proceso complejo que tiene su surgimiento y desarrollo en el siglo XX. No obstante, los economistas de hoy distinguen dos procesos de globalización: uno que abarcaría desde 1870 hasta 1914, que coincide con la revolución Industrial, y otro que iría a partir de 1950 hasta la actualidad. Lo cierto es que el origen histórico de la globalización marca el triunfo del modo capitalista de producción y como dice Istvan Meszaros constituye no un nuevo proceso, sino la semi-culminación del proceso secular de diseminación de las relaciones de producción capitalistas alrededor del mundo y del desplazamiento de todas las relaciones precapitalistas ("modernización"). Marca el triunfo del modo capitalista de producción, o "el fin del ascenso capitalista".

Los sistemas capitalista y socialista siguen los derroteros del modelo neoliberal globalizado y disputan una eterna competencia, donde los países industrializados intentan controlar el poder y los recursos de la tierra, basta ver las ambiciones expansionistas de chinos, rusos, norteamericanos, ingleses, franceses, entre otros, donde se valen incluso de la guerra con tal de obtenerlos. Existe una línea llamada "en nombre de la libertad" dispuesta a arrasar con todo, sin mirar las consecuencias que puedan traer a la humanidad y al planeta, donde la "supervivencia del más apto" (por no decir del que más tiene), valiéndose del poder toman posicionamiento de territorios de manera ilegal, para explotarlos, dejando a su paso grandes desiertos, además del hambre, la pobreza, la miseria y los daños ambientales que dejan a los pueblos. La globalización ha roto las fronteras de la comunicación, pero el mundo está en crisis e ignorarlo es estar ajeno a la realidad. La civilización está profundamente cuestionada en sus modelos socioeconómicos, sea éste capitalismo de Estado o capitalismo privado. El sistema no será derrotado por retos externos a su lógica, sino vendrá desde dentro del propio sistema global. La resistencia a la colonización capitalista desde fuera está cediendo el terreno a la resistencia al capitalismo desde dentro.

La penetración universal del capitalismo a través de la globalización arrastra a todos los pueblos no solamente hacia las redes de las relaciones de mercado, sino también hacia las redes de la resistencia y hoy se ha convertido en una gran amenaza para la humanidad, generando la crisis que vive el planeta hoy con tendencia a agravarse si seguimos por este camino, construyendo muros indignantes, como: el muro de la vergüenza en Lima (Perú), el de Israel con Cisjordania, el de México con los EE.UU., el que divide Ceuta y Melilla, Irlanda del Norte, uno entre las dos Coreas, otro entre Arabia Saudita e Irak; Sahara Occidental, los que dividen India y Pakistán, entre Kuwait e Irak y en Uzbekistán, esto sin contar la migración de millones de personas hacia Europa producto de la guerra o de las invasiones a sus territorios, en nombre de la libertad, por la globalización, todo en el marco de una sociedad panóptica alienada, que no le permite a los pueblos percatarse de los niveles de peligrosidad a la que está siendo sometida en esa política por acumular el capital y evitar la autodeterminación de los pueblos. Los muros de la globalización expresan el desarrollo desigual típico del capitalismo.

La gran preocupación que nos debe abrumar es que todo esto, hasta el momento, parece indetenible, ya que la lógica del capital está en lograr la mayor riqueza posible. Ahora la propia burguesía de cada país es transnacional, por lo tanto las clases populares deben transnacionalizar sus luchas; es decir, la movilización de aquella desde arriba solo puede ser contrarrestada por una movilización transnacional desde abajo, necesitan y deben transponer hacia el espacio sus manifestaciones y su capacidad para exigir las demandas al sistema, desarrollando los mecanismos de alianzas, de redes, de acciones directas, así como una ideología y política socialista que permitan una resistencia transnacional que tengan en la mira al Estado transnacional como terreno a disputar; desde una unión, articulación, alianza de los pueblos y movimientos sociales en toda la Patria Grande. La única puerta que debe existir entre los hombres es un nuevo tipo de civilización reeducada, de una consciencia universal sin límites. Si todo esto es posible por nuestra decisión compartida, quizá seamos capaces de vivir como hermanos.

(*)esmeraldagarcia2309@yahoo.com

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Esmeralda García Ramírez

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