¿Por qué Cuba ilumina el camino de la revolución socialista?

Porque Cuba, con el triunfo militar y moral de los rebeldes, aceleró la revolución y el control político, y no permitió que hubiera elecciones burguesas que restaurara el pasado. Borró la posibilidad de que una democracia burguesa frenara el impulso de los cambios. Con el control político se pudieron acelerar los cambios económicos y sociales. Se hizo una reforma agraria y se expropiaron las tierras, todas las empresas privadas de servicios públicos fundamentales, la electricidad, por ejemplo, las que tenían los monopolios, de la caña de azúcar, las refinerías de petróleo, bancos (la banca), puertos, hoteles, etc., acabó con las mafias de raíz.

Si la revolución no hubiera tomado el control político del país y al contrario, hubiera permitido unas elecciones burguesas habría perdido todo ese sacrificio humano en manos de reformadores y restauradores del capitalismo colonial. Lo que hizo Fidel y sus hermanos de lucha no lo pudieron hacer en la Unión Soviética, casi que desde su comienzo. Muerto Lenin se impuso un régimen de persecución política de los verdaderos herederos revolucionarios, y un capitalismo de Estado lleno de privilegios que degeneraría en eso que es hoy la Rusia capitalista o Ucrania (un país de la OTAN), la fragmentación de la Unión en muchos paisitos luchando por sus propios intereses dentro del capitalismo.

Ejemplos de lo mismo hay desde la disolución de la Gran Colombia hasta el Chile de Allende, Nicaragua. Y ahora está pasando en la Venezuela que nos heredó Chávez.

El caso de la revolución cubana, más allá (pero mucho más) de las diferencias con Venezuela, con Bolivia, con Ecuador, con Nicaragua, nos enseñó que el problema no era que si la revolución era pacífica o no, nos mostró que el asunto era no permitir el juego democrático burgués, que había que cambiar el sistema político, tal y como lo intentó Chávez con la constituyente, refundando la República. Pero sobre todo cambiando todas las instituciones burguesas, minimizando los espacios capitalistas hasta atarlos de manos, al tiempo en que se "pagaba la deuda social". Y eso no se hizo. Y eso no se ha hecho todavía.

Hoy manda el capitalismo y un sistema electoral ajustado a una democracia representativa burguesa, que sigue mandando en la mente de nuestros políticos, poco convencidos de las teorías revolucionarias. Había que cambiar todo lo que debía ser cambiado, tal y como dijo Fidel, muchos años después de tomar el poder, pero luego de la experiencia dramática del golpe a Allende en Chile y la derrota de los sandinistas, que temieron a los cambios "radicales".

La revolución cubana aprendió del fracaso de la Unión Soviética. La revolución cubana criticó, en la persona del Che Guevara, a la Unión Soviética. Pero ya antes había corregido el camino extraviado en el pasado por ellos, acabó con la tentación de algunos de entregar el poder a los reformadores y nacionalistas burgueses. Se equivocaron los sandinistas al frenar los cambios, y nos equivocamos nosotros al hacer lo mismo. Se equivocó Allende al respetar la legalidad burguesas y a sus instituciones. Y de todo eso fue testigo Fidel y aprendió Fidel y la revolución. Tanto, que ni siquiera la caída de la Unión Soviética y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano pudieron con ella, y con él.

Creo que esos que todavía piensan que "las condiciones políticas y económicas no están dadas para una revolución" apoyan sus palabras en una seudo doctrina, quizá como excusa para justificar la carencia de convicciones y conocimientos teóricos y políticos, el miedo a pensar, el miedo a crear soluciones socialistas; es un pretexto para el retroceso político, para la restauración de la socialdemocracia.

Cuba rompió con ese dogma reformista porque detener una revolución por un dogma con ese era una imbecilidad política. Incluso Rusia y Lenin rompieron con ese dogma menchevique, socialdemócrata. Es así que quienes todavía creen en que hay que desarrollar las "fuerzas productivas de la burguesía" y así "maduren las condiciones" que permitan que el capitalismo se derrumbe por el peso de sus propias contradicciones y bla bla bla, no muestran ignorancia sino picardía, no convencen a nadie pero sí engañan a los más perplejos, o pendejos.

El gobierno quiere corregir dentro del capitalismo las contradicciones capitalistas, y eso es demagogia. Eso es lo que pasa. Eso es lo que está pasando ahora. Todas las acciones correctivas para la crisis económica, para el alza de los precios, para la distribución de alimentos; todos los planes de construcción de viviendas, todas las misiones, inclusive, se pierden "como una lágrima debajo de la lluvia", cuando no se rompe definitivamente con el sistema capitalista de producción económica, con la sociedad de consumo, cuando se estimula el egoísmo y las "soluciones" individuales, fraccionando la sociedad, cuando se atenta contra nuestras reservas naturales.

No es posible estar con Dios y con el Diablo. Nadie se explica cómo Hitler y el nazismo, ofreciéndoles a los Ricos capitalistas grandes beneficios y apoyo a sus negocios, al mismo tiempo que prometía expropiar a los capitalistas y socializar sus empresas a favor de los obreros, de la clase media, de los pequeños propietarios campesinos, fue capaz de ganar unas elecciones y tomar el poder, engañando a todo un pueblo con una arenga impensable, irracional, contradictoria, una gritería de consignas que no dejaban pensar de tanto ruido y "emociones". Pero así fue como llegó Hitler al poder, el nacismo al poder, mintiendo, para luego venderse a los intereses de los millonarios acereros. No del obrero y de los más humildes, ellos cargaron con la guerra, hicieron los sacrificios y pusieron los muertos gracias a sus locuras y mentiras, y nada más.

Hoy el gobierno promete incentivos impositivos, arancelarios, participaciones accionarias en los negocios petroleros y de minerías, de los más grandes del mundo, a las corporaciones capitalistas y a los capitalistas; a las inversiones en dólares, a los "exportadores", a las "trasnacionales", y al mismo tiempo promete una revolución socialista. No es difícil imaginar el final de la película, no es un ejercicio matemático complejo imaginar quiénes serán los perjudicados y quienes los verdaderos beneficiados, con estos discursos demagógicos y contradictorios.

El "coraje" con el cual el gobierno sacó de circulación al billete de cien bolívares ¡de sopetón!, para salir de una parte de la crisis, se desdibuja en lo improvisado de la medida, y sobretodo, cuando no confronta a los capitalistas, ni siquiera a los banqueros, responsables casi directos de estas conspiraciones. Lo que pueda tener de "tenaz" esa medida se pierde en la demagogia que carga su contradicción. No nacionaliza la banca, no castiga a los agentes capitalistas. Al contrario, se reúne con ella y con ellos para que colaboren contra "las mafias" (Se reúne con la mafia para atacar a los mafiosos). Llama a colaborar con la "revolución" al conspirador capitalista.

Mucho menos podemos esperar que corrija y recupere el terreno perdido a favor del capitalismo y de las maneras capitalistas, la "cultura" capitalista. Desde la muerte de Chávez se ha comenzado a secar la tierra fertil.

Otra vez, La "emoción" nos obnubila de la entrega del país a los burgueses de siempre, a las oligarquías y al imperio. Otra vez nos sorprenden dormidos.



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Héctor Baiz

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