La Grecia antigua y la crisis griega

Son ignominiosos el oprobio, la afrenta y el ultraje a que unos salteadores financieros han sometido a la nación griega en conjunto y a una gran parte de su población. Me refiero a un monipodio banquero que contó y cuenta con la eventual manu militari de un lobby político; un monipodio auspiciado por tres instituciones grandilocuentes que se encargó de poner en manos de bancos griegos un filón monetario bajo la protección de pasados gobiernos irresponsables de ese mismo país para endeudarle con mínimas posibilidades de retorno...

Grecia, una nación pacífica cual ninguna, que jamás traspasó sus fronteras para intentar conquistas ni aventuras coloniales; un país que es la cuna de la civilización occidental, en cuyas fuentes intelectivas descansa todo cuanto de bueno y grandioso conforma el pensamiento profundo de los países donde ahora una oligarquía intenta con escasa fortuna un Estado de estados con principios de mercado que conduzcan a bases políticas comunes, en lugar de haber iniciado la aventura en sentido inverso. Un país, en fin, que de un tiempo a esta parte viene sufriendo con paciencia a pesar de todo las mordeduras de un grupo de tiburones concienzudamente organizados. Todos estos sabían qué sucedería cuando empujaron a endeudarse hasta las cejas a millones de ingenuos de los alegres países mediterráneos; millones que no mucho tiempo después habrían de enfrentarse a deudas considerables tras quedarse sin empleo. Aquí, primero en la malicia de los usureros y luego en la bota de los mamporreros que cubren las espaldas de los anteriores, están las claves de la indignación que sufrimos incluso los que no hemos sentido... todavía, el aguijón de semejante bellaquería.

Es sabido que de una crisis, sea de la salud de una persona sea de la salud de una nación, una de dos, o la persona o la nación acaban destruidas o salen robustecidas. Esperemos, confiemos, empujemos para que de la crisis griega la ciudadanía y la nación entera recuperen pronto no sólo la normalidad de la vida cotidiana sino el esplendor del siglo de Pericles adaptado a las novísimas concepciones de la vida pública...

Parece esto que digo un deseo descabellado o romántico sin ningún fundamento razonable que lo avale. Pero la historia, pese a ser lineal en apariencia y repetirse tanto cuando se ha intentado evitar que se repitan los horrores como cuando no se han tomado precauciones, da a veces giros bruscos e inesperados. Lo mismo que ni está condenado a una vida corta quien la ha llevado desastrosa, ni la longevidad es patrimonio exclusivo de quien ha tenido costumbres impecables.

Hay numerosos casos en la historia que demuestran que la astucia, la inteligencia y la perseverancia han triunfado sobre la fuerza bruta que en estos tiempos y momentos es la de quienes la descargan con inauditas leyes financieras sobre un pueblo.

Tanto los escritores antiguos como los modernos han utilizado la batalla de las Termópilas como un ejemplo del vigor que puede alcanzar un pequeño grupo de combatientes armado de patriotismo para defender su propio suelo y su suerte, y un símbolo de la valentía frente a la adversidad en apariencia insuperable. Allá por el año 480 a.C 7.000 hombres de las ciudades-estado griegas, al frente de Temístocles, evitaron el paso de 250.000 persas acaudillados por Jerjes, su emperador. Luego, en la batalla de Salamina, en la tercera guerra Médica, Leónidas, rey de Esparta, terminó disuadiendo militarmente a Jerjes de apoderarse de Grecia.

Grecia, los mandatarios griegos, tienen ahora en su mano la ocasión de volver a hacer historia. Y hacer historia en estos momentos es astucia, es maniobrar para impedir que bancos, financieros, lobbys, es decir acreedores/opresores reforzados por los gobiernos de una UE lamentable, sigan oprimiendo al pueblo/ciudadanía por la ligereza, por la temeridad o por la malicia de los gobernantes griegos anteriores a los actuales. Seguro que encontrarán el camino. Aunque el camino esté en salir de esta ratonera para construir de nuevo un país soberano e independiente.

Sin embargo, hay un escollo casi insalvable porque no afecta a la correlación de fuerzas materiales sino que contribuye al debilitamiento de la fuerza moral del pueblo griego. Me refiero al papel que ejercen los medios de comunicación oficiales u oficialistas posicionándose a favor de los más fuertes. Y a esto, en un inédito fenómeno basado en las nuevas tecnologías, sólo pueden responder para contrarrestarlo con energía y firmeza las redes sociales en las que mayoritariamente el mundo entero apoya a Grecia, a la causa de los más débiles y al actual gobierno griego...



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Jaime Richart


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