La izquierda del 12 de marzo

Adicional al aplastante triunfo de la aplanadora narcoparamilitar y de la amplia abstención del electorado, el pasado 12 de marzo en Colombia presenciamos una extraordinaria votación para las fuerzas de izquierda y sus candidatos tanto al Senado como a la Cámara de Representantes. Como nunca antes, mas de un millón de ciudadanos participaron activamente en la consulta interna del Polo Democrático Alternativo, para escoger su candidato a la presidencia de la República, quien se encargará de disputarle dicho cargo al actual jefe de Estado, quien aspira a ser reelegido, en condiciones bastante adversas para los grupos opositores, por las marcadas ventajas del señor Uribe Vélez, dada la manipulación de los medios, los abundantes privilegios estatales y la presión de los grupos mafiosos y paramilitares.

El Polo Democrático Independiente ha elegido una importante bancada parlamentaria y ha escogido como su candidato a Carlos Gaviria, un prestigioso jurista que cautiva, de manera creciente, nuevas franjas ciudadanas, merced a la sencillez de sus planteamientos y a la claridad de sus propuestas sociales, políticas y económicas con sentido popular, democrático y progresista.

Sería una necedad y una arbitrariedad intelectual y política desconocer este importante hecho. Después de muchos años de adversidad, persecución, asesinatos, masacres, torturas, desplazamientos, exilios, secuestros y desapariciones (que siguen ocurriendo de manera cotidiana), la izquierda alcanza un importante avance con enormes potencialidades revolucionarias. Solo hay que recordar la trágica experiencia de la Unión Patriótica para saber lo que ha sido el calvario y martirio de los partidos de izquierda en las últimas décadas de la historia colombiana. La clase dominante, profundamente contrarrevolucionaria y anticomunista, ha realizado una sistemática campaña de exterminio de lideres y militantes de los partidos revolucionarios para mantener un sistema político oligárquico y pro imperialista.

Varios son los meritos de este acontecimiento.

En primer lugar y por primera vez convergen en una razón política unitaria diversas agrupaciones que por muchos años marcharon separadamente, me refiero al Partido Comunista, al Frente Social y Político, al MOIR, al M-19, a Unidad Democrática, al PTC, al Partido Comunitario, a Presentes por el Socialismo y otras agrupaciones políticas regionales de Nariño, el Valle del Cauca y Atlántico.

En segundo lugar, tal unidad se dio a partir de acuerdos programáticos, ideológicos y políticos que plantean importantes objetivos de lucha en la presente etapa de la sociedad colombiana, para lograr cambios que favorezcan la paz, la justicia social, los derechos humanos, la soberanía nacional, el empleo, la reforma agraria, la eliminación de la pobreza, la democracia y el combate a la corrupción.

En tercer lugar, el triunfo y los avances del PDI incluyen una sólida oposición al gobierno de Uribe Vélez a su política de guerra y una demanda por el Intercambio Humanitario, el reconocimiento del conflicto armado y su solución política y negociada.

En cuarto lugar, los votos de la izquierda aglutinada en el PDI no implican el desconocimiento del conflicto armado ni de las agrupaciones guerrilleras involucradas en el mismo, tal como lo ha pretendido el gobierno de la Seguridad Democrática.

En quinto lugar, el avance del PDI tampoco ha implicado una desmovilización de las agrupaciones guerrilleras que expresan la resistencia y la batalla heroica de campesinos y trabajadores contra el poder de los terratenientes, banqueros, multinacionales, paramilitares, narcotraficantes, comerciantes y empresarios.

Ese es el balance de lo que ocurrió, en este aspecto, el 12 de marzo.

Lo que sigue hacia el 28 de marzo, cuando se dará la votación para escoger el próximo presidente de Colombia esta lleno de incertidumbre. Hasta el momento, el señor Uribe Vélez goza de todos los privilegios para perpetuarse en el poder. Su reelección está cantada. El PDI no tiene garantías y la presión desde las alturas gubernamentales crecerá para impedir sorpresas. Presión que se materializara en violencia, intidimación, manipulación de los medios, terrorismo y cantos de sirena para erosionar los apoyos populares y democráticos.

Como en el caso del derrotado referendo fondo monetarista de octubre del 2003, esta sobre la mesa la hipótesis de la abstención activa y el voto en blanco como una táctica política que lleve a deslegitimar el régimen fascista imperante y su continuidad por otros cuatro años más.

Participar o marginarse de un proceso electoral no es cuestión de principios. Se trata de una táctica que depende de los contextos políticos. Esa fue la experiencia de 1950, cuando los liberales se marginaron de las elecciones por falta de garantías y para deslegitimar y debilitar el gobierno conservador de Laureano Gómez, un radical que lideraba a los grandes terratenientes de su época. Fue, igualmente, la experiencia del referendo de Uribe Vélez, que fue derrotado mediante la abstención activa, que algunos consideraban equivocadamente negativa e inútil.

Todo esto es lo que nos trae la izquierda del 12 de marzo. Nada para menospreciar y descalificar con infantilismo extremoizquierdistas.





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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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