Cuba: negociaciones sin condiciones previas

El gobierno cubano siempre ha sido partidario de negociaciones sin
condiciones previas como el único proceder adecuado para buscar el
camino a la  normalización de las relaciones entre Washington y la
Isla.

Ha sido el régimen estadounidense, encabezado por presidentes de los
dos partidos que se alternan en su sistema de gobierno, la parte que
siempre que ha exigido condiciones antes de sentarse a conversar.
Esas exigencias, que invariablemente han trascendido no solo en el
plano oficial sino también -y sobre todo- como parte de la larga e
intensa campaña contra Cuba en los medios corporativos
estadounidenses, han cubierto un disímil abanico de pretextos,
evidentemente destinados a impedir el diálogo.

Inicialmente fueron los procesos judiciales contra los asesinos y
torturadores de la tiranía derrocada por la revolución; la
promulgación de leyes para la nacionalización de latifundios y
negocios estadounidenses que controlaban la economía cubana; el apoyo
a las luchas libertarias en varios países latinoamericanos; el apoyo a
las luchas contra el apartheid y por la independencia en África, y la
alianza con la Unión Soviética para  sobrevivir el bloqueo, las
amenazas y las agresiones de Estados Unidos.

Más tarde, comenzaron a acudir a pretextos menos susceptibles de
probar, tales como supuestas violaciones de los derechos humanos y de
las reglas de la democracia. Finalmente recurrieron a la más absurda
de todas las acusaciones: el apoyo al terrorismo, un flagelo del que
Cuba ha sido, durante más de medio siglo, una de las víctimas más
sufridas a escala global.

En un artículo titulado “Mojigatos argumentos sobre derechos humanos
de Obama contra Cuba”, no exento de jocosidad pese a lo serio del
asunto, el periodista estadounidense Matt Peppe, recogió en su blog
algunos argumentos que Cuba podría poner como requisitos para que los
dos países entablaran conversaciones, si fuera su propósito
obstaculizar tales perspectivas.

“Raúl Castro, Presidente de Cuba, pudo haber dicho que quiere
establecer relaciones con los Estados Unidos, pero primero Washington
debe proporcionar seguro médico a los 46 millones de sus ciudadanos
que carecen de ella; suprimir los asesinatos extrajudiciales mediante
drones en países soberanos; hacer la educación superior accesible para
todos; reformar su sistema penitenciario que tiene, por mucho, la más
alta tasa de encarcelamiento en el mundo, con una desproporcionada
cantidad de prisioneros que pertenecen a las minorías; conceder la
soberanía a Puerto Rico como exigen la carta de la ONU, la declaración
de la ONU sobre la descolonización y el referéndum popular en Puerto
Rico de 2012; poner fin al bloqueo económico contra Cuba, que ha sido
consecutivamente condenado por la Asamblea General de Naciones Unidas
en los últimos 22 años; cerrar el centro de detención y torturas de
Guantánamo y devolver a Cuba ese territorio; hacer justicia a los
terroristas cubanos que residen libremente en Miami luego de haber
bombardeado aviones civiles, hoteles y barcos de pesca cubanos; y
poner en libertad a los tres cubanos que permanecen como presos
políticos en Estados Unidos por haber estado investigando a los grupos
terroristas en el sur de la Florida para prevenir nuevos ataques.

Pappe aclara que, en verdad, lo que dijo el presidente cubano fue que:
"no les pedimos a Estados Unidos que cambie su sistema político o
social, pero no aceptamos negociar el nuestro. Si realmente queremos
avanzar en nuestras relaciones bilaterales, tendremos que aprender a
respetar nuestras diferencias. Si no es así, estamos listos para
continuar otros 55 años en la misma situación."
Según Obama: "Cuba aún no respeta los derechos humanos... El pueblo
estadounidense acogerá con gusto el día en que el pueblo cubano pueda
vivir sus vidas con libertad…"

Presumiblemente, dice Pappe, Obama significa que eso ocurrirá cuando
Cuba renuncie al derecho a la autodeterminación que garantiza la carta
de la ONU para unirse al orden neoliberal impuesto por Estados Unidos;
cuando Cuba se comprometa a entregar el control estatal sobre sus
industrias, su banca y sus telecomunicaciones abriéndolas a la
inversión extranjera, para que más dinero pueda ser enviado al
exterior en vez de quedarse en la economía nacional para beneficio del
pueblo cubano; cuando Cuba se comprometa en acuerdos de "libre
comercio", que impidan la protección de la mano de obra y las
salvaguardas ambientales mientras obligan a las empresas locales a
competir en un desigual juego con las empresas multinacionales que
reciben subsidios del gobierno estadounidense que les permiten reducir
sus precios de venta. En fin, cuando Cuba decida privilegiar las
ganancias privadas sobre el bienestar social.

Los argumentos del presidente estadounidense sobre los “derechos
humanos” y la “democracia” no son más –dice Pappe- que una herramienta
de propaganda que eleva al acusador a un estatus moral superior para
poner al acusado a una posición indefendible, al margen de los hechos
reales, la historia y el contexto.

Estados Unidos nunca sugiere que Cuba sea juzgada con arreglo a tantas
Convenciones, Pactos y Declaraciones que la comunidad mundial ha
elaborado y aprobado en este campo, sino que Cuba se atenga a los
criterios que Estados Unidos establece para ellos, que Washington se
considera apto para interpretar y juzgar por sí mismo.



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Manuel Yepe

Abogado, economista y politólogo. Profesor del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de La Habana, Cuba.

 manuelyepe@gmail.com

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