La doctrina Obama y la violencia en Venezuela

                El Presidente de los EEUU, Barak Obama, asumió el poder en el año 2008, con un discurso que presumía acabar con la Doctrina Bush del poder duro, eso es el uso del poder económico o de la fuerza militar para influir en el comportamiento de otros actores. Ese poder (hard power en inglés), sus formas de ejercerlo no eran más que la continuación de la Doctrina Monroe anunciada en el siglo XIX y uno de sus complementos (quizás el más conocido) el Corolario Roosevelt. La Doctrina Bush, del poder duro, significó la elevación de la articulación perversa entre el poder económico, el poder militar y la investigación científico-tecnológica, base de las lógicas de dominio y control de los EEUU.

                En la práctica, la Doctrina Bush justificó, después del 11 de septiembre de 2001, las incursiones en Afganistán e Irak y la eliminación formal de los presupuestos de las relaciones internacionales y el Derecho Internacional, vigentes desde el siglo XVIII y que se basaban en el respeto de la soberanía de los países. George W. Bush permitió –y auspició- que los sectores neoconservadores participarán activamente en el diseño de la política exterior norteamericana, implicando un costo humano, económico y simbólico enorme para los EEUU. En términos humanos, la participación de más de 1,5 millones de soldados estadounidenses en las Guerras en Irak y Afganistán, con más de 500.000 muertos, sin contar los más de 3 millones de víctimas civiles por la incursión militar. En términos económicos, más de 2 trillones de US$ en las Operaciones Libertad Duradera, Libertad iraquí y Operación Nuevo Amanecer; 23,6 billones de US$ en atención médica para los soldados que han participado, sin incluir los casi 600 billones en equipos y tecnología militar. En cuanto lo simbólico, el rechazó a las acciones de la política exterior de los EEUU y el incremento del sentimiento anti-norteamericano. Todo ello, hizo anhelar en la sociedad norteamericana – y mundial- la esperanza de un cambio. Ese cambio fue encarnado por Obama, pero sólo como una promesa electoral, pues en la práctica ha mantenido las formas del poder duro, base de la Doctrina Bush.

                Obama ha construido su propia Doctrina de Política Exterior, conocida como poder inteligente (Smart power) y que consiste en una fórmula que transita entre el poder duro y el poder suave (asumido como la capacidad de atraer la opinión pública a favor de los EEUU mediante el uso de la información y las tecnologías). El poder inteligente de Obama, no opta – tal como lo hizo su predecesor- por el uso exclusivo de la intervención militar como elemento direccionador de la política exterior, pero eso no significa que renuncié a ello, tal como queda demostrado con las recientes decisiones en torno al Estado Islámico de Irak y El levante (EIIL). Obama utiliza – y aplica- una fórmula intermedia, que busca crear alianzas con otros Estados y asumir intervenciones a través de ellos, para no tener con cubrir todos los costos militares; así como la opción del financiamiento (y entrenamiento) de ejércitos mercenarios, tal como se hizo en Libia y como se hace en Siria. Asimismo, emplea las estructuras institucionales del departamento de Estado, las agencias de inteligencias (CIA, entre otras) y organismo que sirven de mampara para la actuación y financiamiento de sectores políticos en terceros países, que sirvan para la ejecución de sus intereses, tal es el caso de la NED y la USAID.

                La Doctrina Obama, ha sido particularmente utilizada en Venezuela y representa una seria amenaza a la integridad soberana del país y sus reservas estratégicas de petróleo. Es público el financiamiento de la NED ha otorgado en Venezuela, en programas con títulos sugestivos (capacitación y desarrollo de Gobiernos locales 41,500 US$, promoción del diálogo público 55.000 US$, promoción liderazgo estudiantil 20.000 US$, desarrollo de una economía de mercado 149.413 US$, entre otros que alcanzan más de 40 millones para el año 2013). Asimismo mantiene la presión a través del soft power, empleando para ello los más de 850 medios (impresos, audiovisuales, radiales) que en el país elaboran y reproducen matrices informativas negativas. Pero al mismo tiempo, ejecuta (de manera encubierta) acciones que propician que el país sea visto como un Estado Forajido o Fallido, apoyando el paramilitarismo y los grupos irregulares de derecha que actúan desde Colombia y que se ubican clandestinamente en las zonas fronterizas de Zulia, Táchira, Apure y Barinas.

                El poder inteligente de la Doctrina Obama, se mueve simultáneamente, creando condiciones de violencia y protestas, mediante el financiamiento de ONGs y grupos o liderazgos opositores, subrepticiamente dotando de infraestructura y financiamiento a grupos irregulares asociados al paramilitarismo colombiano, al mismo tiempo que mantiene una presión en los escenarios internacionales -  a través de voceros como John Kerry, o Senadores como Marcos Rubio- en busca de sanciones en el marco de la idea de un estado que violenta las normas y los derechos humanos. En este sentido, la reciente muerte del diputado del PSUV Robert Serra, debe verse enmarcada en estas acciones de la Doctrina Obama y como tal deben ser advertidas por los organismos de inteligencia del Estado. Observamos con preocupación, como hasta ha sido asumido sólo como un acto violento y no se han apreciado los alcances y consecuencias para el Proyecto Bolivariano.

Dr.

Historiador/politólogo

Juane1208@gmail.com

@historiadorjuan 



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Juan E. Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

 juane1208@gmail.com

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