Colombia: Segunda vuelta y paz

No obstante que el neopopulismo autoritario que encarna Oscar Ivan Zuluaga, el candidato de Uribe Velez y de la parapolitica retocada, logró rebrotar con inusitada fuerza electoral en las votaciones del pasado 25 de mayo para escoger el siguiente Jefe de la Casa de Nariño, valiéndose de una interpelación demagógica de los ciudadanos alrededor de temas esenciales de la vida comunitaria como la educación, el empleo, el derecho a la tierra, la salud, la justicia y la seguridad, asuntos en los que el Presidente Santos destaca por sus fallas por causa del modelo neoliberal/neoinstitucional que patrocina, la paz y superación del conflicto es la naturaleza intrínseca del proceso político/electoral en curso para elegir Presidente el 15 de junio próximo en segunda vuelta.

Alcanzar la paz mediante los diálogos con la guerrilla ha sido una constante de la gestión gubernamental del Presidente Juan Manuel Santos en los últimos 45 meses, desde que tomó posesión del cargo, el 7 de agosto del año 2010. Ese ha sido el eje de su desempeño estatal, la prioridad de su gobierno. Digamos que el Presidente ha hecho un curso intensivo y extraordinario de paz, acumulando una enorme experiencia en esta materia que la sociedad no puede menospreciar. Esas cosas no ocurren todos los días y en ese asunto hemos estado ocupados desde 1982, después de la nefasta experiencia de la política totalitaria y violenta del gobierno de Turbay Ayala y su absurdo Estatuto de Seguridad.

Durante 32 dos años se han hecho varios procesos de paz y ninguno ha cuajado para erradicar la guerra civil que nos carcome.

El más avanzado y con mayores logros es el actual, iniciado desde los primeros días de la actual administración santista. La Agenda de La Habana y los consensos parciales en los temas agrario, participación política y erradicación de la coca, son resultados concretos y sustanciales, que ya impactan la configuración social y estatal de la nación, con repercusiones muy importantes en el ámbito global y regional.

El actual proceso de paz es impugnado y saboteado por grupos sociopolíticos muy poderosos y recalcitrantes que prosperan y se recrean en los escenarios de la violencia y la guerra.

Utilizando errores y fallas (1) muy protuberantes de los diálogos de La Habana, que las hay, las tendencias políticas más conservadoras que encarna el Centro Democrático, partido del ex presidente Uribe Velez, y su candidato presidencial Oscar Ivan Zuluaga, han lanzado, en la actual coyuntura, una feroz ofensiva para terminar con la Mesa de conversaciones de Cuba. Su triunfo reciente dice que están muy próximo de lograr el objetivo de sepultar la paz.

El primer anuncio de Oscar Ivan Zuluaga, después de conocidos los resultados que lo favorecieron, indica que la primera medida que tomará al llegar a la Casa de Nariño será la de suspender "provisionalmente" la Mesa de La Habana, colocando condiciones absurdas para su reinicio. El ex presidente Cesar Gaviria, ha dicho que eso equivale a la muerte del actual proceso de negociaciones para terminar el conflicto armado colombiano.

Y no solo la muerte de los diálogos sino el regreso a la guerra total con todos los males que esto implica y que los conocemos de sobra.

Tenemos tres semanas cruciales en este debate entre la paz y la guerra.

Hasta ahora prevalecen los partidarios de la guerra. Pero la paz tiene un enorme potencial. Todo consiste en saber explicarla, difundirla y legitimarla.

El Presidente Juan Manuel Santos tiene un enorme desafío en dicha materia. Quiere que se le reeliga para alcanzar la paz total en Colombia. Y eso está bien. Pero tiene que dar saltos, ser más audaz y contundente.

Cuando digo eso me refiero a que si el objetivo de la paz se ha convertido en el pivote del Estado, lo que procede es la inclusión de la sociedad civil en ese cometido fundamental.

Lograrlo implica acudir, interpelar, vincular a todos los ciudadanos en la tarea de la reconciliación. Influir sobre sus mentes y comportamientos. Hacer esa tarea hoy supone el uso de las infraestructuras con las que funciona la sociedad red del siglo XXI. Me refiero a las redes sociales (twitter, facebook, blogs), a los medios de comunicación y a la inteligencia de los seres humanos que disponen de la suficiente sabiduría, empatia y destreza para movilizar al resto de la sociedad mediante liderazgos muy creativos. Dejar este asunto en manos de burocracias ineptas es fatal, como lo indica el desastre de la primera vuelta.

Hay que darle forma, en el espacio público, a la sociedad civil de la paz. Eso debe ocurrir en las localidades, en los municipios, en las regiones y en la constelación global, que es un factor incidental de mucha envergadura en la erradicación de la guerra.

De paz hay que contagiar al resto de la sociedad con acciones y movilizaciones ciudadanas que desenmascaren a los promotores y aprovechadores de la guerra y el gasto militar.


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Horacio Duque

Politólogo e historiador.

 horacioduquegiraldo@gmail.com      @horacio_DG

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