El Papa Francisco no tiene pepitas en la lengua

¿Será el Papa Francisco el revolucionario que buscaba la iglesia? Pero fue enfático al decir “NO SOY DE DERECHA”. Todo el mundo de la iglesia católica y no católica se sorprendió no cuando salió el humo blanco de la chimenea donde estaba reunidos los cardenales que elegirían al sucesor del Papa renunciante, Benedicto XVI, Ratzinger, sino cuando se supo que el nombre del elegido era de un latinoamericano: Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco. Se convertía el cardenal argentino en el primer Papa no europeo. Pero una vez que tomó contacto con los feligreses y comenzó a hablar, siempre con una sonrisa en su boca, se comenzó a pensar que ese era el hombre que necesitaba la iglesia que se debate, aun, en medio de una crisis de credibilidad, en una crisis plegada de asuntos muy delicados. ¿Sería el Papa Francisco el revolucionario que requería la iglesia para salir de sus problemas?

Su mensaje lanzado al mundo en recientes días, pareciera vislumbrar un Papa destinado a remover la ortodoxia de la iglesia católica impartida desde el Vaticano, y es tal el impacto que han tenido sus palabras que ya se habla del hombre indicado para revolucionar la iglesia católica. Pudiera ser. Aún no hemos visto un pronunciamiento del movimiento teológico de la liberación. Sería importante la opinión de estos sacerdotes, ya que ellos son representantes genuinos de la doctrina que debería asumir la iglesia para hacer el verdadero trabajo en la tierra, como es el de acercarse de verdad, verdad a los pobres y trabajar por hacer que de este mundo un lugar mejor, distinto al dominado por el poder del dinero y la voracidad de los ricos y, por ende, la inexistente solidaridad humana, y que su política y prédica puedan reivindicar a los pobres que son la mayor población del mundo. Es la esperanza.

A tan sólo seis meses de haber sido elegido Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco, está dando mucho de que hablar en positivo. Y sobre todo después de su mensaje lanzado al mundo y que está siendo analizado por doctos y por la gente común y corriente. Ya se está pensando que estamos ante el hombre que inició una revolución en su iglesia. Esta revolución, como es lógico pensar, es pacífica, que está lejos de la violencia y de los disparos de los fusiles o las armas que fabrican los Estados Unidos de última generación.

Cabe la pregunta: ¿Qué es significa una revolución? La más sencilla de las definiciones, significa cambiar lo viejo por lo nuevo. El autor Edward De Bono escribió un libro cuyo título es: “La revolución positiva”. Y afirma: “Las armas de la revolución positiva no son balas ni bombas, sino simple percepciones humanas. Las balas y las bombas pueden otorgar un poder físico, pero al final únicamente funcionan si cambian las percepciones y los valores. Entonces, ¿Por qué no tomar el camino directo y trabajar con las percepciones y los valores?” Y añade el autor: “En la revolución positivas no existen los enemigos”. Por allí vendrán los “tiros” del Papa Francisco. En un mundo tan convulsionado, donde existe un imperio que quiere imponer a fuerza de balas y bombas su política de rapiña, tal vez Dios nos ha mandado a este Papa para que trate de hacer, en un escenario distinto, un poco de lo que hizo Jesús, cuando insurgió contra la opresión que ejercía sobre su pueblo el imperio romano.

La teología de la liberación marca una sustancial diferencia en cómo se manejan los asuntos eclesiásticos desde el Vaticano. Y buscan que las prédicas se conviertan en ejemplos, verdaderos, desde la base de los creyentes. Que la iglesia vaya al encuentro de los pobres en las favelas de Brasil, en los cerros de Caracas o en los suburbios de Nueva York y Brooklyn, de los Estados Unidos, o en cualquier lugar donde habitan los más necesitados de la tierra. Sólo así se puede cambiar la percepción que se tiene de la iglesia católica los millones y millones de seres humanos que viven en la miseria, mientras un grupo, minoritario, se enriquece más y más a costa de los desamparados de la tierra.

¿Será capaz el Papa Francisco de hacer lo que tiene que hacer para diferenciarse de los demás Papas? ¿Tendrá el coraje de iniciar un verdadero cambio en su iglesia? ¿Tendrá un mensaje revolucionario, capaz de llegar a la mayoría de esos 8 mil millones de hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas que pueblan la tierra? Veremos. Las esperanzas son las últimas que se pierden. Pero una cosa es verdad: si Hugo Chávez estuviera vivo aplaudiría las iniciativas que se vislumbran en Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco.


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Teófilo Santaella

Periodista, egresado de la UCV. Militar en situación de retiro. Ex prisionero de la Isla del Burro, en la década de los 60.

 teofilo_santaella@yahoo.com

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