La evaluación universal es un gigantesco fraude y negocio que pagan los estudiantes y profesores

1. Si le hubieran aplicado un examen de “evaluación universal” a los escritores Carlos Fuentes, Octavio Paz o Carlos Monsiváis, estoy seguro, lo hubiesen reprobado. Pero otros más concretos, cuadrados y técnicos, responderían eficientemente y tomarían sus lugares como los más adecuados para tal o cual cargo. Conozco a muchos profesores que no saben cuando o dónde nacieron o murieron el tal Hidalgo, Morelos o Juárez, pero pueden impartir una conferencia sobre el pensamiento, los aciertos y los errores de esos personajes históricos. Sin embargo para “los evaluadores” leer y calificar a un millón de profesores por sus exposiciones acerca de las preguntas que se les hacen, es casi imposible, sería muy “subjetivo”. Lo mejor es ponerles preguntas objetivas, de puntitos, bolitas o crucecitas, muy concretas, sin posibilidad de equivocarse, matemáticamente planeadas, para decir quién pasó la prueba y quién no. ¿Sabías que esos personajes no murieron porque aún andan “jodiendo” con sus ideales de independencia y no intervención?

2. La realidad es que el asunto de fondo es que los exámenes no sirven para nada. Hay que preguntarse si un examen puede servir para evaluar adecuadamente a un alumno o un maestro, si ha sido un simple instrumento que desde la antigüedad ha estado al servicio de la clase dominante. ¿Cómo un simple examen de 100 preguntas de “opción múltiple” o lo que sea, puede evaluar un curso de seis meses o un año escolar? ¿Cómo un examen de admisión puede definir quien ingresa a una preparatoria o a estudios profesionales? Tan negativos y funestos han sido que resulta menos lesivo para los estudiantes rifar el ingreso (como alguna vez se planteó el la Universidad de la Ciudad de México) cuando las solicitudes sobrepasan el cupo. ¿Por qué no ser honestos -¿honestos en el gobierno?- y decir que el presupuesto público no alcanza para cubrir la demanda de estudio de estudiantes y de trabajo de profesores? Pero con los exámenes se echa la culpa a los sustentantes.

3. Cuando oigo que todos hablan de “evaluación universal” a los maestros, tanto al presidente Calderón, los secretarios de Educación o los candidatos presidenciales, me parece que no saben otra cosa que repetir. Pienso que esto quiere decir que el poderoso Centro Nacional de Evaluación (CENEVAL), que se impuso a fines de los ochenta,  ha terminado por imponerse en el país en todos los niveles de la educación mexicana.  Exámenes para todo, hasta para saber de la potencialidad sexual. Obedeciendo a las necesidades de privatizar el sistema educativo, los diferentes gobiernos priístas y panistas adoptaron al Ceneval hace más de 30 años, como un maravilloso instrumento del sector privado. No sólo esquilman a los estudiantes al obligarlos a pagar su derecho de examen, sino que también sirve el Ceneval para imponer exámenes “juiciosamente elaborados” para admitir a “los mejores”, eliminar a los que “no sirven” y seleccionar a los estudiantes según clase social.

4. Hay mil y una quejas contra los exámenes practicados por el Ceneval; más aún hay instituciones –como la UNAM, supongo que también en la UAM- donde se le ha repudiado y se ha desconocido su tipo de evaluación por estar al servicio del modelo empresarial. Pero sabiendo los altos jefes de esa institución mover muy bien los hilos de los funcionarios dentro de la burocracia gubernamental –sobre todo de la SEP- ha logrado los apoyos necesarios para extender ese servicio en casi todas las instituciones que dependen de esa secretaría de Educación.  Hoy Ceneval es sinónimo de evaluación gracias a que sus exámenes se aplican sin discusión; pero también a que las autoridades hacen buenos negocios privados donde, junto a los estudiantes, no tienen la menor idea del significado de sus evaluaciones fraudulentas y tramposas. ¿Sabían que el Ceneval ha servido para bajar las matrículas de ingreso, para rechazar y para seleccionar a escuelas y estudiantes?

5. A nivel nacional, el periódico La Jornada publicó que desde 1994 hasta  el 5 de julio de 2005 el Ceneval ha obtenido como ganancia unos 30 mil millones de pesos por haber aplicado más de 27 millones de exámenes. En 2004 el ingeniero Adolfo Anaya creó el portal: www.denunciaceneval.net donde denunció públicamente las irregularidades del Ceneval y cuestionó la existencia de este organismo en manos privadas, cuando existen instituciones que gastan impuestos que pueden hacer esta labor. Señaló que “Ceneval es un negocio inconstitucional que el Estado otorgó en canonjía, entiéndase como poco trabajo y mucho dinero, y que cobra por examinar lo que le corresponde a la SEP, que para eso le pagamos”, se escuchaba al quejoso en un video en la página de Internet mencionada. Agregó que nadie sabe el destino de los recursos que cobra el Ceneval porque opera como iniciativa privada y nadie los obliga a hacer pública su información financiera.

6. No dudo que las pruebas que se pretenden imponer a los maestros hayan sido elaboradas por el Ceneval que es un negocio privado más con el que los diferentes gobiernos han defraudado y engañado a la población; pero si los maestros de la CNTE, con sus luchas logran expulsar de la educación al Ceneval, no tardaría ni una semana para que apareciera otro instrumento privado de evaluación al servicio del gobierno, pero a pesar de ello hay que seguir oponiéndose hasta que los funcionarios aclaren lo que pretenden. ¿No sirven entonces los títulos y las escuelas? El papel seleccionador y eliminador de estudiantes que cumple el Ceneval es ordenado por los funcionarios de educación. Igual está pasando con los profesores que han presentado exámenes y que “no han aprobado”. Es el gobierno y sus funcionarios quienes determinan el rumbo educativo, los que dicen cuántos estudiantes o profesores deben admitirse o rechazarse en función del presupuesto.

7. Hagan lo que hagan el presidente Calderón, la candidata Vázquez, la cacique del SNTE Gordillo o su candidato Quadri, incluso Peña Nieto, los profesores no deberían dar ni un paso atrás en cuanto a su negativa a ser evaluados sinrazón alguna. No por no tener capacidad para realizar una evaluación sino porque tienen que saber los profesores cuál es el objetivo, quien elabora los exámenes, si los funcionarios también son evaluados y el tipo de evaluación que se pretende poner en práctica. Por eso la CNTE, o sea, la Coordinadora, ha sido la primera organización que se ha opuesto de manera abierta a este tipo de evaluación por representar a trabajadores en actividad. ¿Pretenden acaso las autoridades no invertir presupuesto en la elevación del nivel cultural y educativo de los profesores en servicio o en cursos para mayor capacitación? La llamada evolución universal se presenta como un castigo para los profesores y no para el mejoramiento de la educación.

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Pedro Echeverria V


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