Los 2600 amos del mundo

Se acaban de reunir los dos mil (2600)  personajes más ricos y poderosos del mundo. De una población del planeta que anda prácticamente en los 7 mil millones de personas, sólo el 0,00003% de los mismos disfruta de un porcentaje de la riqueza económica mundial que ninguna estadística está en capacidad de demostrar cuánto es el monto exacto de la misma. Si eso no representa pobreza extrema para la inmensa mayoría de la humanidad, las matemáticas serían ciencias muy imperfectas y desconfiables desde todo punto de vista como las encuestas del doctor Sibilino o la palabra empeñada del cobero Perenino.

Pero amén de ser los más ricos y poderosos del planeta, al mismo tiempo, son seres inteligentes, se alimentan exquisitamente,  disfrutan de la vida divinamente, jamás se quedan varados en un peaje por falta de dinero, nunca hacen una vaca para completar pagar una caja de cervezas y, además,  con un respetable nivel de conocimientos aunque no lo pongan  –como tampoco sus riquezas- al servicio de la redención de la humanidad. El  desarrollo de las fuerzas productivas, la organización social del trabajo y un proletariado decidido a romper con las barreras fronterizas, en algún momento de la historia, se encargarán de expropiar a los expropiadores  (sea o no jurídicamente un robo) y hacer que la humanidad  se emancipe de todas las trabas y todas los tramas que son propias del capitalismo.

No siempre los explotadores y opresores mienten como no siempre los explotados y oprimidos dicen verdades. En determinados momentos históricos, los primeros,  necesitan tanto de la verdad como de sus capitales para tratar de corregir algunos desperfectos mecánicos o eléctricos para que su status no se vea profundamente alterado por el motor de la historia, es decir, por una revolución proletaria. Sin embargo, cuando reconocen verdades no necesitan ir a los más exhaustivos análisis ni de la política ni de la economía sino, simplemente, la percepción los obliga a ello.

Los 2600 personajes  más  ricos y poderosos del mundo, luego de doscientos veinte y dos (222)  años de dominio del capitalismo, han reconocido que actualmente empresarios y gobiernos capitalistas han perdido mucha credibilidad en el planeta. Surgen interrogantes que esos ricos económicos buscan respuestas de los políticos de las grandes potencias imperialistas, tales como: ¿El capitalismo tiene futuro?, ¿es apto para el siglo XXI?,  ¿y cuáles serían los cambios necesarios para sostenerlo?    

Esas interrogantes, teniendo ya las respuestas los ricos económicos pero sin decírselas a los políticos poderosos e influyentes de este mundo,  los condujo a una  recomendación que hacen al famoso Grupo de los Ocho (que sigue haciéndose el pendejo, el sordo, el mudo y el ciego) y es la siguiente: “Hay que aplicar el capitalismo responsable, donde se produzcan beneficios para todos los pobladores del planeta”.

Tanto que se jodió el camarada Marx para descubrir que todo lo producido que se destine a la venta se llama mercancía, célula fundamental del capitalismo y todo trabajo (plustrabajo) no remunerado al obrero le produce plusvalía al capitalista. Y, ahora, descubren 2600 personajes ricos que el capitalismo debe ser responsable cuando, en verdad, desde que se hizo modo de producción dominante lo ha sido en la exacta medida de los intereses económicos de la burguesía y no del proletariado.

Quieran o no reconocerlo los 2600 personajes más ricos del mundo,  los políticos que gobiernan naciones imperialistas y países subdesarrollados, el capitalismo no tiene futuro aunque siga siendo apto para el siglo XXI, porque todo cambio burgués que se produzca en su contexto jamás va a romper con sus propias fronteras y nunca será de verdadera transformación económicosocial. ¡Simplemente: dejémonos de pendejadas!

El capitalismo jamás ha dejado de ser responsable en la distribución desigual de la riqueza, en el pago de salario miserable  por  mano de obra contratada y en todas las cosas que conforman el beneficio menor para los obreros y el beneficio mayor para la burguesía. Si no hubiese sido responsable en eso, no sería capitalismo. Si una empresa, por ejemplo, distribuyera sus ganancias  por partes iguales entre patronos y obreros, no se produciría plusvalía,  lo cual conduciría a que ni los unos ni los otros llegarían a ser ricos pero tampoco pobres. Ni siquiera el comunismo ofrece esa utopía a los trabajadores,  porque la humanidad  sólo se emancipa cuando toda su población,  gozando de elevado nivel cultural y artístico,  trabaje de acuerdo a sus capacidades y reciba de acuerdo a sus necesidades.

Las palabras tienen la flexibilidad que se las pueden llevar el viento o se puede renunciar a ellas tan pronto sean  pronunciadas por bocas convencidas de la imposibilidad de hacerlas reales en la práctica social. Esta, sigue y seguirá siendo quien conforme la conciencia social independiente de lo que digan a o lo que hagan los 2600 personajes más ricos económicamente del mundo. Pretender que el capitalismo viva o se sostenga sin plusvalía para los amos del capital para ser responsable del bien colectivo de la sociedad es como pensar que los peces puedan nadar sobre la tierra o las ardillas correr debajo de las profundidades de las aguas.

No se trata del simple hecho que los pueblos vayan dejando de creer en las palabras de los voceros del capitalismo (como gobiernos) o en las de los empresarios (como amos de la economía). No, de lo que se trata es que la pobreza se vive y se siente en carne propia, es decir, en el cuerpo de los vivientes y eso les  llega a la cabeza. ¡He allí ese momento en que un estómago vacío y retorciéndose de hambre hace que en el cerebro se produzca una metamorfosis de dolor o de arrechera contra los amos del capital y contra quienes han mal gobernado este mundo capitalista! En ese instante, posiblemente lo estén pensando los 2600 personajes más ricos económicamente del planeta, no pocas cabezas de los de abajo, de los explotados, de los oprimidos, se estén ilustrando para estallar como revolución social. Y eso es lo que quieren evitar.

Los políticos, de varias tendencias del pensamiento social, fundamentalmente ingleses son especialistas en arrebatarle ideas a otros y  hacer uso y abuso de ellas  como si fueran propias luego de haberlas pasado por un túnel de corrupción idiomático. El señor Cameron  salió corriendo de primero para hablar  y proponer hacer verdadero ese tal capitalismo responsable como si el imperialismo inglés no fuese responsable de tantas y tantas tropelías criminales contra la humanidad. Si el capitalismo fuese responsable, en el sentido de crear beneficios para toda la población, lo primero que debería hacer es meter su cabeza en una guillotina y decir estas últimas palabras: “Proletarios del mundo uníos: cortadme la lengua por mentiroso”. ¿Será que el señor Cameron podrá convencer a la monarquía inglesa que firme un decreto renunciando a la riqueza y privilegio provenientes de la explotación a la clase obrera?

Suponemos que los compañeros  indignados y las compañeras indignadas no se tragarán ese purgante, regalado por los 2600 personajes más ricos económicamente del mundo, identificado como “Capitalismo responsable para beneficio de toda la humanidad”, porque la diarrea sería una epidemia demasiado costosa en vidas humanas. ¡Contra la mentira digamos la verdad! ¡Contra el capitalismo luchemos por el socialismo!



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Freddy Yépez


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