En homenaje al camarada Alfonso Cano

Así narré el diálogo de Caracas en 1991

Cravo Norte: escogió a Caracas. Un 19 de abril de 1810 Caracas dio el ejemplo cuando hizo temblar el Cabildo al compás de los gritos de una muchedumbre que obedeció al “¡No!” del padre Madariaga para que no continuara gobernando don Vicente Emparan. Y un 5 de julio de 1811 se radicalizó el grito independentista ya institucionalizado por el Congreso de la República. “Seguid el ejemplo que Caracas dio…”.

 Un 2 de junio de 1991, como evocando viejas costumbres de un pasado glorioso y libertario, Caracas le dice “¡!” al diálogo entre la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y el gobierno colombiano, para que mediante una acción política negociada encuentren el camino de la paz y se depongan las armas de la guerra. No es un conflicto contra una fuerza extranjera sino una confrontación interna que desangra las raíces de una de las naciones preferidas del Libertador Bolívar. No se le puede dar la espalda al vecino cuando el anhelo es la paz para que marche la muchedumbre unificada en sueños de libertad.

Colombia… Colombia, la Nueva Granada de otra época, convulsionada interiormente por mil factores de violencia. La sangre se derrama como río sin destino y un mar de aspiraciones tiene por horizonte la esperanza en la Caracas de rascacielos que le hacen perder los pulmones a la naturaleza que le bordea con todo su sufrimiento encima.

Preocupaciones madrugan y ansias de paz sueñan con acostarse seguras de la cristalización del diálogo donde partes encontradas debatirán sus diferentes puntos de vista para tratar de hacer realidad un pensamiento colombiano y latinoamericano: que la violencia no sea necesaria para dirimir las contradicciones cuando los fundamentales intereses del pueblo son el estandarte del cauce comprendido colectivamente por una sociedad.

De Cravo Norte a Caracas

Cravo norte fue el paso indispensable para que el diálogo se trasladara a Caracas. El escenario venezolano espera que las partes cedan en aquellos puntos que no significan principios de otra dimensión, porque la paz tiene la misión de enaltecer y engrandecer la patria que ha visto derramar tanta sangre sin que hasta ahora haya triunfado una causa determinada. Las armas han hablado por más de cuatro décadas pero la injusticia viene armada de desigualdades desde los tiempos de la colonización, y a cada paso de su andar se ha levantado una esperanza violenta, buscando un devenir pacífico para el desarrollo histórico. Las armas se han enfrentado, han ensangrentado a Colombia, han causado miles de pérdidas de vida, han bañado de lágrimas a centenares de hogares colombianos y en varias oportunidades la insurgencia ha sido el camino correcto aunque no haya sido lo victorioso que se haya deseado. Y en Colombia la violencia ha generado que cada colombiano se forme su propia convicción de la muerte.

 Caracas con sus enormes cordones de miseria, sus rascacielos para mirar desde lo alto lo pequeño, sus avenidas abarrotadas de vehículos y cornetas que desesperan la paciencia, su inseguridad actuando casi sin escoger premeditamente la víctima del día, su Avila siempre despierto por temor a que algunos usureros lo destruyan con argumentos de “civilización y modernización”. Esa Caracas de confusa determinación entre lo cuerdo y la locura, es el espacio para que décadas de terrible violencia busquen acuerdos de paz para la hermana república de Colombia donde cerró sus ojos el Libertador Bolívar, inseguro de libertades.

 Así como se le dijo ¡no! a Vicente Emparan, hay que decirle ¡! a la paz siempre y cuando se fundamente en importantes logros de progreso y democracia para Colombia y que se expanda como un ejemplo para toda la región latinoamericana que debe pensar más en el avance histórico-social que en las mezquindades de las oligarquías que derrochan las riquezas de nuestros pueblos. Caracas ha abierto los brazos y cobija en su pecho las esperanzas de una nación latinoamericana, vecino permanente, patria donde se inserta el mismo sueño que en la nuestra y donde ya no pueden seguir muriendo los abeles del porvenir.

 Las críticas a Carlos Andrés Pérez

 La política, en nuestro país, ha alcanzado un elevado nivel de degeneración donde la crítica por negocio se ha convertido en un principio constitucional. No voté por Carlos Andrés Pérez cuando era candidato a la Presidencia, rechacé su paquete de medidas económicas por considerarlo que lesiona los más sagrados intereses de la patria y del pueblo, y no comparto su ideología socialdemócrata. Sin embargo, aplaudí su invitación al comandante en jefe Fidel Castro para que visitara Venezuela y su actuación en el conflicto colombiano está acertada desde todo punto de vista.

 Su participación en reventar el muro de hielo que existía entre la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y el gobierno colombiano se costituyó en un paso fundamental para darle apertura al diálogo por la paz y haber concedido nuestro territorio para las deliberaciones era la mejor opción para la seriedad de las conversaciones. Y ello se traduce en que ninguna crítica hacia esa conducta de solidarizarse con el diálogo por la paz en Colombia sea digna de ningún mérito. Más bien, merece el respaldo de todas las tendencias políticas y manifestaciones del pensamiento social venezolano.

Llegada de los comandantes guerrilleros

 Recogidos en diferentes lugares del territorio montañoso de Colombia, los comandantes escogidos para representar a la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar llegaron a Venezuela bajo estrictas medidas de seguridad.

 La seguridad venezolana midió y calculó todas las probabilidades de la misma para evitar accidentes. La Disip y la Guardia Nacional se mueven a todo lo largo y ancho de Sartenejas para garantizar la estadía del comando guerrillero y de las autoridades gubernamentales de Colombia.

Bellos árboles y una avenida muy limpia conducen desde la entrada hasta el lugar donde los guerrilleros y representantes del gobierno colombiano conversarán con la prensa. Todo el mundo es requisado cuidadosamente para evitar que infiltre cualquier elemento de atentado contra los deliberantes.

 Conversaciones antes de iniciar el diálogo

 Una gran cantidad de periodistas colombianos, otros pocos de Alemania, una representación de la prensa española y de diferentes diarios venezolanos se encontraban a las puertas del instituto IDEAS con más ansias de interrogar a los comandantes guerrilleros que a la propia representación del gobierno colombiano.

 Los oficiales venezolanos informaban que quienes no estuviesen en la lista no pasaban al recinto interno donde se producen las ruedas de prensa. Se informó que tanto la guerrilla como el gobierno colombiano habían señalado la lista de los que dejarían entrar. Es justo reconocer que el vocero de prensa del gobierno colombiano se movía tratando de solucionar todos los casos que no aparecían en lista. Se nos dijo que a eso de las diez de la mañana del día lunes 3 de junio de 1991 se produciría una rueda de prensa del gobierno colombiano, pero que la guerrilla había solicitado una rueda de prensa posterior a la primera.

Los cometarios prediálogo eran pesimistas. Muchos recurrían al pasado y hacían la analogía con el diálogo entre la guerrilla y el gobierno salvadoreño, que se encuentra estancado por razones estratégicas.

El diálogo entre guerrilla y el gobierno colombiano no puede fundamentarse, para ser fructífero, en elementos tácticos sino estratégicos. No es posible concebir un rompimiento táctico para luego conversar sobre elementos de estrategia. Tiene que ser lo contrario: comparar y analizar los objetivos por los cuales se ha luchado durante décadas, determinar las probabilidades de soluciones a la situación actual para que los cambios profundos en lo económico-social se manifiesten en acciones reales, hallar los medios de metamorfosis que le nieguen toda posibilidad al canto de las armas de la guerra para que cese la violencia, mejorar las condiciones de vida del pueblo y además implementar mecanismos de verdadera democratizacón para que las raíces de la guerra pierdan su justificación.

 La experiencia histórica nos enseña que cuando una guerra se negocia en la conciliación de las tácticas y se desarma la parte opositora al sistema, las probabilidades de cambio en la estrategia política pierden la base sólida de la fuerza que presiona la necesidad de un porvenir distinto para una nación. La paz no puede ser la miseria social para las mayorías y el disfrute de las riquezas por parte de una minoría.

 A todas las clases sociales les interesa vivir en paz. Las que explotan y dominan la sociedad quieren una paz para explotar y dominar sin obstáculos de niguna naturaleza; y el pueblo es amante de la paz pero si hambre y con justicia social. Si esto no guía el diálogo entre las fuerzas encontradas, se pierde la paz y se incrementa la guerra. ¡Caracas: “Sí” al diálogo por la paz para Colombia!

 Desde las azoteas guardias y funcionarios de la Disip apostados con binóculos mirando hacia todas partes como detectando una intromisión obstaculizadora del diálogo.

 Hicieron presencia los doctores Humberto de La Calle (Ministro de Gobierno), Jesús Antonio Bejarano (Consejero para la paz), Andrés González (Viceministro de Relaciones Interiores), Carlos Eduardo Jaramillo (de la Consejería de la paz) y la embajadora colombiana en Venezuela, Noemí Sanín. Tomaron sus asientos y el tumulto de preguntas se hizo de manera ordenada.

Se hablaba de tres puntos para llegar a acuerdos de diálogo: cese de hostilidades de manera bilateral, la participación de la Coordinadora Guerrillera en la Asamblea Constituyente y la verdadera desmovilización de la guerrilla. Sin embargo, la guerrilla no había dicho nada al respecto, sino que era especulación periodística o una manifestación dejada colar desde fuentes del gobierno.

 El señor Ministro Humberto de La Calle, muy sereno comenzó su exposición señalando: “El cese de hostilidades lo entendemos como uno de los elementos de todo el proceso. El cese de hostilidades debe estar ligado a los demás elementos que conforman el proceso de paz. Entenderíamos el cese de hostilidades como una manera de llegar a una paz total. No podemos concebir un cese de hostilidades que sea un fin en sí mismo, sino que esté vinculado a todo un proceso que arroje finalmente una solución al conflicto que padecen los colombianos. En ese orden de ideas, para que un cese de hostilidades sea útil y contribuya benéficamente al proceso, es necesario precisar las condiciones en que él se de, a fin de que haya por ejemplo, elementos que permitan verificar ese cese de hostilidades en la práctica, el cual debe incluir no solamente las operaciones de carácter militar, sino aquellos actos que afectan la población civil, tales como el secuestro, como el atentado a obras de infraestructura, que por tanto deben ser suspendidas para crear un clima que permita el avance del diálogo”.

 Para el ministro, el cese de hostilidades es concebido por el gobierno como uno de los elementos de negociación que debe conducir a evitar los errores del pasado, porque ya Colombia vivió un cese al fuego que simplemente significó una especie de parálisis de la acción puramente militar, pero que permitió que de un lado continuaran acciones de la guerrilla y de algún modo, incluso, el propio florecimiento de los frentes de la guerrilla. Esa experiencia no se quiere volver a vivirla y por ello quieren un cese de fuego serio, vinculado a todo el proceso de paz, verificable y permita bajo condiciones que fuera materia de negociación; que ese cese de fuego sea uno de los elementos que conduzcan a la paz total.

Interrogado el ministro sobre la participación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en la Asamblea Constituyente, manifestó que ello sería una probabilidad que viene desde antes, desde cuando se inició el proceso constituyente en el decreto mismo que le dio vida a la Asamblea Constituyente se preveía un  proceso de paz con los distintos grupos guerrilleros, evaluado por el gobierno en término de la manera como viniera progresando y cómo garantizar hacia el futuro elementos serios y francos hacia la consecución de la paz, pero admitiría la presencia de grupos guerrilleros en el seno de la Asamblea Constituyente. Eso, según el ministro, ha ocurrido con varios grupos guerrilleros como es conocido de la opinión pública nacional e internacional. Y fue enfático al sostener que:”… la presencia de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en la Asamblea Constituyente depende de la forma en que se conduzca el diálogo y de los adelantos y progresos serios y tangibles que encontremos en el desenvolvimiento de las conversaciones”.

 Ya se puede observar que un elemento de objetivo político en el programa no será concebido si no se deja de lado la táctica operacional de la guerrilla. Y el conflicto colombiano parte, quiérase o no, en concertar puntos estratégicos para que la táctica pierda su sostén. Un ejemplo: la victoriosa guerra ejecutada por la amplia masa de venezolanos federalistas en el siglo pasado, fue conciliada por los caudillos Falcón y Guzmán Blanco con la oligarquía venezolana en el renglón de las tácticas y tan pronto culminó el conflicto bélico, el pueblo perdió todas sus esperanzas de salvación y la situación empeoró hasta el punto que nuevos y nuevos estallidos violentos sacudieron todo el resto del siglo XIX sin que nunca vislumbrara proposiciones de redención social para los peones de la guerra, mientras que las cúpulas del poder ensanchaban sus privilegios en perjuicio de la nación y de las grandes masas populares. La táctica es para conseguir la estrategia y al negociar políticamente en los predios de la conciliación, la estrategia debe estar en función de buscarle solución benéfica a la táctica.

 El ministro concibe el proceso de diálogo como un proceso integral que debe conducir a la desmovilización de las fuerzas que aún operan en el territorio nacional para el logro de una paz duradera. Y se vincula entonces el tema de la desmovilización al del cese de hostilidades, en el sentido de que no basta ese cese como un elemento frágil y difícil de verificar, sino que debe estar vinculado íntimamente a un proceso mucho más profundo que implique la desmovilización total de los grupos que coordina la representación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar que está presente en Caracas.

 El ministro habló de la actividad delincuencial de la guerrilla, de las libertades de las personas, de los derechos fundamentales del hombre, por lo que no es comprensible que esas libertades estén confinadas a unas ciertas fronteras, a unas ciertas zonas del territorio, y que por lo tanto el gobierno colombiano espera que se suspendan actos contra la población civil, que se liberen a los detenidos secuestrados y entonces el clima para el desarrollo de las conversaciones futuras se vería subrayado y satisfactorio para buscar acuerdos de paz.

Por su parte, el Doctor Bejarano hizo uso de la palabra para explicar sobre el inicio de las negociaciones de paz en Caracas, que ello obedeció a la propuesta del gobierno colombiano que quería iniciar conversaciones sin condiciones y hablar dentro de Colombia, suponía alguna fórmula preliminar de cesación de hostilidades que pudiera aclimatar las conversaciones allí. Precisamente aspiran desde Caracas es justamente lograr esa fórmula. Habló de los grupos que se han desmovilizado y que gozan de todas las garantías para su desenvolvimiento político en Colombia. Y expuso que la incorporación de los alzados en armas a la vida pública legal, permiten que se atenúen otros factores armados que eventualmente pudieran conspirar contra los resultados de la reincorporación de los alzados a la vida civil.

 Le consulté al ministro sobre las causas de la insurgencia y que me parecía dfifícil negociar sobre la base del cese bilateral de hostilidades y de la desmovilización si no se producían cambios importantes socioeconómicos que ataquen de raíz los elementos que originan la violencia. Su respuesta fue, en primera instancia, en considerar mi breve exposición como insuficiente. Habló de cambios en Colombia y que ya este país es completamente distinto al de la época en que se dio origen a la insurgencia, aunque reconoce la existencia de elementos de miseria y pobreza que crónicamente afectan la vida y el status de Colombia. Me dijo: “Ese análisis así de sencillo no copa toda la génesis y la gestación del fenómeno guerrillero. De algún modo, si usted me permite decírselo, en las zonas de mayor atraso hay menos presencia de los conflictos armados. Hay bolsas de paz verdaderamente significativas con un nivel de delincuencia igual al de países desarrollados, hay zonas completas donde reina absoluta tranquilidad y paz entre los colombianos. El solo diagnóstico que se basa exclusivamente en los elementos de estructura socioeconómicos es insuficiente. Creemos que hay elementos de tipo políticos que están siendo resueltos por los últimos gobiernos y particularmente por el gobierno actual”.

 El ministro expuso que las condiciones objetivas para la violencia habían cesado en Colombia, lo que se traduce en que la lucha armada ha dejado de tener vigencia. “El diagnóstico del que usted parte, nos parece que es insuficiente. Creemos que el progreso del compromiso del Estado con sus deberes sociales, del estado de derecho ha sido evidente en las últimas décadas y que la modernización del sistema político para permitir el ingreso de todas las fuerzas al quehacer democrático son realidades hoy en Colombia, de modo que las llamadas condiciones objetivas por el contrario conducen hacia la paz, se orientan hacia la paz. No vemos obstáculos de aquellos que se llaman objetivos para el logro de una solución a ese conflicto que estamos avisorando en el futuro”.

 Al poco tiempo alguien anunció que venían bajando los comandantes de la guerrilla, y casi todos salieron para tomarles fotografías y tratar de entrevistarlos en el trayecto que conduce a la sala de la rueda de prensa. Venían en columna horizontal, bien trajeados y acompañados de varias personalidades colombianas, entre ellas el Doctor Álvaro Leyva. La seguridad estableció una raya imaginaria para que nadie la cruzara antes de hacerlo los comandantes guerrilleros. Todos ansiábamos obtener respuestas de los hombres y mujeres que desde las montañas colombianas llevan décadas portando el fusil de la guerra e invocando una paz digna y con justicia.

 Todos los que ansiaban hacerle preguntas a los guerrilleros intentaron entrar de primero a la sala donde se daría la rueda de prensa. Me interesó ubicar y entrevistar al comandante Alfonso Cano, segundo hombre de las FARC de Colombia.

 Tiene aún su cara de jovencito, su barba le combina con sus anteojos y le dan rostro de intelectual, porta una sonrisa serena para responder a cada interrogante y eso le da una enorme fe en que su lucha es justa, y es justo que culmine en una paz digna y con justicia social.

 Le comenté al comandante Alfonso Cano la respuesta que me había dado el ministro de gobierno colombiano sobre que ya no había condiciones objetivas para la guerra y que se habían superado muchas desigualdades e injusticias en la sociedad colombiana que alimentaban la insurgencia. Después de una breve sonrisa me expresó: “Muy optimista el ministro. Sí hay muchos problemas en la sociedad colombiana que nos han obligado a levantarnos en armas y mantenernos durante décadas en la lucha armada sin haber traicionado los sagrados intereses de nuestro pueblo. Pero lo que sí hay también en nosotros es mucha voluntad de paz y de dialogar para que se pueda encontrar una solución digna al conflicto interno que vive Colombia. Parte de ese camino. No venimos intransigentes ni irreductibles. Venimos a trabajar con flexibilidad por el país, el país que quiere la paz”.

 Muchos querían entrevistar a Cano porque lo consideran el de mayor jerarquía en la delegación de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en Caracas. Desde la sala lo llamaban para dar comienzo a la rueda de prensa, pero el interés por seguir escuchando sus opiniones hacía que le trancaran el paso y ello lo obligaba a continuar conversando. Cano señaló: “Podemos decirle al pueblo colombiano que tenga esperanzas de que vamos a lograr acuerdos. El hecho de que estemos acá y que haya venido completa la delegación del gobierno con el señor ministro de la cartera política, es un indicio magnífico y que la voluntad que hemos manifestado tanto nosotros como el gobierno, nos permite ser optimistas sin ningún tipo de adjetivos”.

 El comandante Cano expuso que le habían expresado el agradecimiento de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar al Presidente Pérez, y que éste les había señalado seguir participando como intermediario en el proceso. Cano comunicó que tenían muchas demostraciones de agradecimiento y que trabajarían para que las repercusiones del conflicto interno de Colombia no vayan más allá de las fronteras colombianas.

 Cano habla con mucho conocimiento sobre la vida y, muy especialmente, sobre el hombre, porque es un antropólogo o un sociólogo que en el combate y en esas vigilias en zonas montañosas ha fortalecido su conocimiento para amar mucho más a su pueblo y su país.

 La rueda de prensa de los guerrilleros

 Un sintetizado documeto circulaba por la sala donde se comienza diciendo: “Un ideario común une a nuestros pueblos: el anhelo de libertad y de igualdad de Simón Bolívar”. Y en otro párrafo decía: “América es nuestra patria y nuestro deber es reconquistarla”. Y finalizaba diciendo: “La solidaridad entre nuestros pueblos será la garante de un futuro de paz y democracia para América Latina”. Y destacaba como consigna: “¡Gracias pueblo venezolano: cumpliremos!” Firmado por la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar.

 Estaban sentados horizontalmente los guerrilleros: Miguel Suárez, Iván Márquez, Lucía González, Luis Asdrúbal Jiménez, Daniel Aldana, Andrés París, Guillermo Zuloaga, Alfonso Cano, Francisco Galán, Diego Ruiz y Pablo Catatumbo.

 Muchas luces estaban encendidas y los fotógrafos disparaban sus cámaras como si fueran ráfagas de un conflicto donde no se produce la muerte sino que se expresan razones para la vida. El comandante Francisco Galán del ELN fue el vocero del grupo ese día 3 de junio de 1991. Su rasgo de ser un hombre venido de sector popular se refleja con cierta intensidad, dice las cosas como las siente de acuerdo a su manera de pensar, y posee una convicción inquebrantable en que fue justo haberse alzado en armas contra las injusticias y desigualdades que predominan en la sociedad colombiana.

 Comezó diciendo: “Un saludo revolucionario y latinoamericano y de hermanos en esta reuión cumbre de Caracas. Tenemos el corazón abierto y la mente dispuesta a escuchar y responder los planteamientos que nos hagan. Queremos expresarle al mundo entero que estamos dispuestos a abordar un nuevo proceso de paz con una mentalidad segura de que vamos a producir transformaciones reales en nuestro país, Colombia”.

 Para el comandante Francisco Galán la reunión de Caracas es el inicio de un proceso de negociación largo y complejo, porque la Coordinadora Guerrillera quiere dialogar con el gobierno colombiano para lograr algunos acuerdos en relación a buscar una salida más digna para el pueblo colombiano. Me recordé en ese instante que en el Arauca una anciana le preguntó a Eramo Pérez Rivas: “¿Qué está sucediendo allí?”. Emaro le respondió que estaban asfaltando una calle, y la anciana expresó: “Yo creía que era la revolución”.  Se refería por el tumulto de personas concentradas en una esquina. Y eso refleja el anhelo serio de que el pueblo colombiano está de acuerdo con trasformaciones sociales.

 Galán manifestó: “Estamos buscando ser parte en la solución al conflicto político y social que vive el país. Hemos venido acá, precisamente a buscar algunos acuerdos que logren superar algunas dificultades como por ejemplo: detener el paramilitarismo en Colombia”.

 Galán habló de que las hostilidades en Colombia son muchas porque hay una confrontación, se vive en un estado de guerra, y agregó: “Es más: para estar acá, tuvimos que salir del campo de batalla, tuvimos que superar la línea de fuego. Las hostilidades están producidas en unas condiciones de desigualdad y de miseria que se está viviendo en el país. En la medida que vayamos tratando eso, buscando soluciones económicas, políticas y sociales, es donde podemos ir hablando de una salida verdadera para la paz”.

 Galán conversó sobre líneas fronterizas, secuestro, narcotráfico, paramilitarismo y asociaciones de grupos. A cada cosa le tiene una explicación objetiva sobre sus orígenes y repercusiones en el conflicto interno colombiano. Hubo un momento en que Galán refiriéndose al micrófono, expresó: “Este teléfono si está incómodo”. Hubo muchas risas en la sala.

 Sobre el cese de hostilidades muy exigido por el gobierno colombiano, Galán fue enfático al sostener: “Nosotros nunca más y quede claro, haremos cese unilaterales de fuego. Eso no es rentable. No es rentable que nosotros nos crucemos de brazos para que los otros nos ataquen.  Hay que comprender que existe una confrontación real y por lo tanto si en el proceso de diálogo y discusión vemos la posibilidad real, la voluntad real por parte del gobierno de hacer cambios substanciales en la estructura de violencia que está viviendo el país, estaríamos dispuestos a pactar un cese bilateral de fuego”.

 Hubo una especie de tensión cuando una periodista que asistió con intenciones de acorralar a los guerrilleros concentrando toda su intervención sobre el cobro de un millón de dólares por un secuestro y que eso no se correspondía con las declaraciones de paz que hacía la Coordinadora Guerrillera. Galán reconoció que ellos (el ELN) habían retenido a esa persona por razones económicas. Expuso que la guerra era necesario sostenerla con recursos económicos y por ello se hacían algunas retenciones. Pero sostuvo que no existe ningún venezolano secuestrado por la guerrilla colombiana.

 Galán hizo ua explicación del paramilitarismo en Colombia, señalando que no es un fenómeno aislado de la actuación de los militares. Estos son, a juicio de Galán, los que arman a los paramilitares para que realicen matanzas y genocidios en Colombia. Dijo: “Nosotros creemos que las fuerzas militares, si es necesario, llegan a las mesas de conversaciones en el proceso de diálogo por la paz, listo, discutiremos y analizaremos frente a frente la problemática de la violencia, porque el problema de la violencia no es sólo un problema de armas, es de estructura que está viviendo Colombia. Por ello necesitamos el concurso de todas las fuerzas en este tipo de diálogo y de negociación, para que hagamos acuerdos reales y duraderos”.

 Es necesario entender que los cambios estructurales por acuerdo entre las partes antagónicas son más difíciles que esas metamorfosis que hace la naturaleza inorgánica en siglos para convertir las piedras en polvo, de manera que la arena se nutra bajo la marcha de esas aguas cristalinas que llevan los riachuelos a la sima de su geografía por el cauce de su destino. Pero no hay dudas que existe una gran voluntad hacia la paz que canalizada por el sendero de importantes cambios socioeconómicos, conducirán fructíferamente hacia la conquista del pensamiento que levanta sus banderas por la redención de Colombia.

Y el comandante Fracisco Galán en un gesto de buena voluntad y de firmeza en el convencimiento de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, dijo: “No más impuestos de guerra. Hagamos u impuesto de paz para el desarrollo”.

 Y salieron las partes a sentarse frente a frente para darle comienzo al diálogo que Caracas dijo ¡! por la paz de Colombia.

 El diálogo comenzó. Vinieron dificultades pero las voluntades de superación salvan escollos. Colombia debe ser lo primero. Es necesario deponer aquellas actitudes mezquinas de la política que dificultan las probabilidades de acuerdos. El pueblo es la patria, y en el corazón del pueblo está la esperanza del porvenir.

 Personalidades observadoras

 El diálogo para ir dando sus frutos no debe encerrarse entre las paredes exclusivas de los principales protagonistas de la violencia. Colombia es una sociedad dividida en clases y sectores sociales, en instituciones y organizaciones de variadas facetas. Todos tienen derecho a presenciar lo que pueda decidir el destino de una nación. Sólo un diálogo de cara al país como si la diplomacia fuera pública, puede resultar favorable para ir desechando todas las posturas incompatibles con la posibilidad de una paz verdadera y duradera.

 El doctor Hernán Mota es Presidente de la Unión Patriótica de Colombia. Muy temprano llegó a las puertas del instituto IDEAS para entrar como observador junto a otras destacadas personalidades de la vida política colombiana en el proceso de dialogo por la paz de Colombia. Conversé con él sobre la importancia del diálogo en Caracas y le consulté su opinión sobre el mismo tópico. Me respodió: “Lo vemos con mucho optimismo y con la esperanza que se haga posible la paz negociada en nuestra patria”.

  Si alguna organización anhela la paz es la Unión Patriótica por cuanto ha sido una de las víctimas fundamentales en la guerra sucia desatada en Colombia por una serie de factores que han hecho de la violencia un negocio para su subsistencia y donde todo sentimiento por la vida se pierde en una miserable remuneración que ensucia la conciencia del victimario.

 Me expresó el doctor Hernán Mota: “Hemos sido víctimas de un inmeso genocidio en el que hemos perdido a más de 1500 de nuestros militantes, destacados dirigentes, los dos candidatos presidenciales, un elevado número de parlamentarios y de candidatos a las corporaciones públicas en Colombia. De manera pues, que con esa autoridad moral nos presentamos y el país nos conoce como luchadores por la paz. Y pensamos que este proceso de negociación debe conducir, finalmente, a la solución negociada que asegure una paz irreversible para Colombia”.

 En cuanto a la veeduría internacional el doctor Mota expresó que es fundamental y que eso ha sido una petición reclamada por la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, por cuanto asegura que las partes cumplan los acuerdos tendientes a convenir en el desarrollo del diálogo hacia la solución negociada del conflicto armado.

 Muy cerca estaba el Doctor Álvaro Leyva pendiente de todo cuanto acontece, porque merece el mérito de ser el intermediario permanente en busca de diálogo entre guerrilleros y gobierno colombiano. Lo había entrevistado en Cravo Norte y ahora lo encontré de nuevo en Caracas y como su voz es muy autorizada, siempre vale la pena sus opiniones sobre el diálogo por la paz en Colombia. Me expresó: “Creo que es una etapa más de la carrera hacia la paz. Toda etapa es distinta a la anterior, hay una que es etapa plana, otra que es de montaña, otra que es de carretera destapada, otra es de autopista. En este momento estamos en una etapa que está cuajando en un ambiente positivo y constructivo, y aspiro que la siguiente etapa de sentarse a hablar con el gobierno facilite la entrada hacia una meta que todos podamos aplaudir”.

 Para el Doctor Álvaro Leyva, Cravo Norte fue la embajada en Bogotá y que algunos denominaron la toma de la embajada que gestó a Cravo Norte y éste a Caracas. El Doctor Leyva es optimista y cruza los dedos y aspira a que todos los colombianos hagan política en su país sin tener que recurrir a las armas.

 Consulté al Doctor Leyva si aceptaba una candidatura presidencial en Colombia y me respondió: “Depende, depende de las circunstancias. A mí no me gusta hacer anticipo de nada, porque es como terminar especulando sobre unas hipótesis que es darle muy fácil en el caso colombiano. En el caso colombiano detrás de cada pecho hay un corazón presidencial y aquí hay que buscar, primero, los resultados que amerita hacer una presencia de esa naturaleza”.

 La paz para Colombia

 Existe, en verdad, un sentimiento hacia la paz en la mayoría de la sociedad colombiana, porque basta de pedir trabajo y le respondan con balas, basta de pedir agua y que le respondan con balas al pueblo colombiano, basta de pedir libertades públicas y que le respondan con balas, basta de pedir respeto a los derechos humanos y que le respondan con balas. ¡La muerte no puede ser más importante que la vida!

 Si el gobierno y la guerrilla interpretan correctamente los sentimientos de las mayorías populares, sería fácil la coincidencia para llegar a acuerdos que permitan ir construyendo un nuevo edificio social donde los elementos transformadores vayan garantizando la paz.

 La paz tiene que ver con la producción, con el trabajo, con la educación, con la salud, con la distribución de la riqueza, con las libertades públicas e individuales, con la satisfacción de las fundamentales necesidades materiales y espirituales de la población, y con el esmerado cuido del futuro de cada sociedad. Si la paz se levanta sonreída sobre esas banderas, los caminos se vuelven anchurosos para que todos caminen sin tropiezos ni obstáculos sociales que puedan engendrar violencia. “¡La paz, requiere de un concurso de mentalidades dispuestas a poner el interés colectivo por encima del interés individual, porque lo contrario la paz se vuelve una ilusión sin valores prácticos y conduciría al adormecimiento de la vigilancia de los pueblos!”.

 Qué no olvidar en este momento histórico para Colombia

 En el mes de abril en la ciudad de Bogotá se reunió el Tribunal Permanente de los Pueblos, donde se condenó al propio Estado colombiano, junto a otros once países y a Estados Unidos, por violación descarada de los derechos humanos. Y si entendemos que los derechos humanos corresponden a la satisfacción plena de condiciones favorables para el desarrollo de la vida humana, comprenderemos que la paz pasa, necesariamente, por darle y garantizarle al pueblo esa satisfacción plena de derechos que no deben ser violados por gobiernos y Estados clasistas.

 Concretamente en el caso colombiano el alto tribunal determinó: “Un gobierno formalmente democrático sobre el cual se cimienta una inusitada y permanente ejecución de crímenes de Lesa Humanidad. La violencia institucional (Fuerzas Armadas y organismos de seguridad del Estado), parainstitucional (organismos paramilitares) y extrainstitucionales (sicarios y asesinos a sueldo) enmarcados en la Doctrina de la Seguridad Nacional y en el conflicto de Baja Intensidad, persigue acabar con toda persona u orgaización social, gremial o política vigentes. El asesinato de líderes populares y políticos de oposición, la desaparición forzada, las masacres de campesinos, los bombardeos a zonas rurales, la detención ilegal, son varios de los instrumentos utilizados en la genérica y reiterada violación de los más elementales derechos”. He allí una violencia sucia que desgarra la vida en mil pedazos y le corta las alas a la paz para que la guerra siga el surco en contra de los sentimientos de la mayoría del pueblo colombiano.

 La solidaridad internacional

 De cada rincón del mundo, de cada ciudad del mundo, de cada campo del mundo, de cada bosque del mundo, de cada cerro del mundo, de cada puerto del mundo, hay que lanzar gritos de solidaridad para Colombia y en cada grito envolver ua esperanza real de paz para que la marcha del proceso histórico sea compartida por quienes tienen el deber sagrado de dirigir un destino diferente para un pueblo que hasta hoy, se ha desenvuelto entre los mares de sangre que ruedan por las alcantarillas de ciudades y campos. ¡Colombia no necesita más muertes por una guerra sucia, sino compartir el espíritu de la fuerza y la razón, que unidas buscan el cauce natural del destino que nos brindó la naturaleza inorgánica para que lo orgánico no padezca calamidades sociales!

 Y Colombia se enaltecerá, como todo pueblo, cuando ya no haya más necesidad de hablar de paz, sino que la practiquen y la vivan en la completa libertad de los hechos y las voluntades. Y entonces, detrás de cada pecho colombiano en vez de una aspiración presidencial, haya un corazón satisfecho de su Colombia pacificada y engrandecida de cambios que soterrarán por siempre todo intento de violencia.

 Nota: veinte años después, Alfonso Cano ya está muerto, Francisco Galán abandonó la insurgencia y nada de lo dialogado en Caracas se hizo realidad. El diálogo en Tlaxala (México) como continuación del diálogo de Caracas, se rompió bruscamente tomando como fundamento un gravísimo error cometido por el Ejército Popular de Liberación (EPL) al retener y dejar morir en sus manos, negándolo, al Doctor Angelino Durán. Una muerte injusta hizo que el Estado colombiano pusiera punto final a la posibilidad de paz para toda la sociedad. ¿Quiénes ganaron?: los hacedores y comerciantes de la guerra.



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Freddy Yépez


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