Los científicos de las armas de guerra y el rico sabor de la mayonesa

Qué difícil y contradictorio resulta el mundo, la vida. Unos luchando contra la imposibilidad de no morirse nunca y otros buscando un pretexto para aniquilar, matar. Tal vez esta inquietud que hoy quiero compartir con ustedes, mis amigos lectores, sea una apreciación loca, disparatada, conmovido por un mensaje de texto que me envió una amiga invitándome a rezar por la salud desde el niño más humilde y pequeño de la tierra que estornudó ante un cambio de temperatura, hasta los miles y miles de seres humanos que todos los días son acribillados y masacrados en las guerras que los imperios llevan a cabo en el planeta.

Son muchas las ideas que pasan por mí mente cuando veo a esa cantidad de hombres, mujeres y niños convertidos en despojos ante el efecto devastador de las bombas y armamentos inventados por científicos, que más bien deberían sumarse a los que ingenian medicamentos, instrumentos, materiales, métodos, fórmulas, en fin, lo más inimaginable que se pueda descubrir y hacer en la vida, para que perduremos felices en el tiempo.

Son incontables los muertos que se han producido en esas conflagraciones como supongo sea la cantidad y variedad de armas, balas, químicos, sin embargo, perturba la manera como siguen creando alternativas para continuar exterminando a la gente inocente.

En el afán de triunfar, de haber asesinado y masacrado más personas, de demostrar mayor capacidad de destrucción y devastación, las guerras han evolucionado y se plantean en cuatro generaciones, según las referencias de varios expertos e investigadores del tema; aquí comparto con ustedes una brevísima reseña de lo que al respecto dice Wikipedia:

Primera Generación: Se inicia con las armas de fuego y la formación de ejércitos profesionales, al servicio de los estados en reemplazo de milicias mercenarias al mando de diversos poderes en un mismo país.

Segunda Generación: Se inicia con la industrialización y la mecanización, su elemento fundamental es la capacidad de movilización de grandes ejércitos y el uso de maquinaria bélica. El desarrollo de un mayor poder de fuego provocó que se usaran trincheras como medio de protección de los soldados.

Tercera Generación: Surgió producto de la mecanización de los ejércitos, para romper las trincheras. Se sustenta en la velocidad y sorpresa de un ataque, en la base de una superioridad tecnológica sobre el enemigo, en la interrupción de comunicaciones del adversario y en el aislamiento logístico de sus defensas, causando un intencional impacto psicológico aterrador.

Cuarta Generación: En esta parte, las batallas desaparecen casi por completo, sólo suceden cuando la fuerza irregular se atrinchera en un centro urbano y la fuerza regular impide su escape.

El periodista e investigador Manuel Freiytas dice:

“Los soldados de la cuarta generación ya no son militares, sino expertos comunicacionales en insurgencia y contrainsurgencia, que sustituyen a las operaciones castrenses por psicológicas.

“Las balas militares son sustituidas por consignas mediáticas que no destruyen su cuerpo sino que anulan su capacidad cerebral, de decidir por usted mismo.

“Los bombardeos mediáticos con consignas están destinados a destruir el pensamiento reflexivo (información, procesamiento y síntesis) y a sustituirlo por una sucesión de imágenes sin resolución de tiempo y espacio (alienación controlada).

“Los bombardeos mediáticos no manipulan su conciencia sino sus deseos y temores inconscientes. Todos los días, hay un ejército invisible que apunta a su cabeza: no utiliza armas de fuego, sino información direccionada y manipulada”.

No sé si habrán llegado al límite, pero de lo que si estoy seguro es que si todo ese poder creativo que desbordan los más doctos y estudioso inventando armas y estrategias para matar, lo hubiesen utilizado para el bien, haciendo desde lo más elemental y si se quiere simple en ese vasto y complejo mundo de la ciencia como por ejemplo, una mayonesa medicinal, con el reto de elaborarla con el mismo sabor de la comercial que nos contraindica el médico, sería muy distinta la situación en el mundo.

¿Ustedes imaginan la gente que quiere ingerir esa salsa y no puede? ¿Qué feliz fuera yo y seguramente miles con un frasco familiar entero sabiendo que consumirla en vez de aumentarme el colesterol malo, me lo baja; pero los artífices de la muerte no piensan en eso, su objetivo es invadir, vender armas, obtener los recursos naturales de los países más débiles; no importa la soberanía y el derecho que tienen el resto de los pueblos de vivir en paz y resolver sus problemas internos sin la intervención de otras naciones.

Imaginan también cuántos hombres felices si los guerreristas se dedican a perfeccionar esas pastillitas azul al punto que la pudieran adquirir con la misma efectividad, el menor riesgo y precio, y con la misma facilidad que se compra una aspirina para niño a cualquier buhonero o tarantín, kiosko, abasto, farmacia, mall o sambil. Y que fuera de obligatorio consumo para los viejitos que quieran prolongar sus años de vida.

Estos son dos ejemplos domésticos que, aunque lucen incongruentes y descabellados, redactando se me vinieron a la mente y los consideré válidos, bajo la convicción de que los científicos pueden lograr mayor felicidad que desdichada en la gente con inventos más sencillos, fáciles y productivos, que ideando armas las cuales entre más modernas y sofisticadas, más demoledoras para la especie humana.

Pero lamentablemente la realidad es otra. Y en la Guerra de Cuarta Generación tienen a los sabios e investigadores rompiéndose la cabeza, para pulverizar al adversario evitando los escándalos de la sangre, el temor de los tanques, los submarinos, los aviones, los tiros y las bombas, con el fin de que la población inocente no perciba el grado de perversidad y destrucción de las potencias belicistas e invasoras.

Quieren, para superior desfachatez, que el mundo los vea como los buenos, los chéveres y los salvadores de la humanidad y no como lo criminales que son; capaces de regodearse en la muerte de hombres, mujeres y niños, con tal de mantener sus derroches y sus intereses en nombre de una democracia que sólo cabe en la cabeza de los gobernantes guerreristas.

albemor60@hotmail.com


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Alberto Morán


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