Cancún, mentira piadosa

No es lo mismo calentamiento global, que contaminación ambiental. Estamos convencidos que el calentamiento global es la consecuencia de un proceso natural que comenzó hace doce mil años con el final de la última glaciación, tiempo transcurrido en el cual las fuerzas de la naturaleza han ejercido sus superpoderes para crear cambios geológicos, meteorológicos y de todo tipo. La contaminación ambiental, en cambio, es producto de la acción del hombre por el desarrollo de los instrumentos de producción. Ante la erupción de un volcán con sus magmas fundidos y explosiones que elevan cientos de miles de toneladas de cenizas a decenas de kilómetros de altura, y esparcen por la atmosfera sus miasmas de muerte; las emanaciones de gases tóxicos de automóviles, fábricas y variedad de actividades humanas, resultan una pelusa. Recientemente la erupción de un volcán en Islandia, paralizó vuelos aéreos y esparció cenizas por ciudades de Europa. ¿Cuál es el porcentaje que el hombre aporta al cambio climático? Dicho porcentaje, frente al universo natural, es tan minúsculo, como la labor de las hormigas. En caso que incidiera, las propuestas de control que se llevan a las cumbres (Kioto, Copenhague, Cancún) ¡Resultan falsas! por cuanto se pretende atacar los efectos y no las causas.

El hombre inventa mentiras para enmascarar su impotencia ante la naturaleza. En la prehistoria lo hizo por ignorancia, por primitivismo, por el desconocimiento que tenía de los fenómenos naturales. No tenía explicación para la lluvia, el rayo, el trueno, el terremoto, las heladas, las sequías, la marcha del Sol del hemisferio Norte al hemisferio Sur (origen de la navidad, nacimiento del Sol en la constelación de Virgo el 21 de diciembre). Para disfrazar esa ignorancia hizo abstracción de los fenómenos naturales e invento el animatismo, animismo, totemismo, politeísmo, monoteísmo: la evolución de los dioses. Pero los dioses nunca han dado explicaciones de nada.

A pesar de la cantera de conocimientos que le depara la Ciencia, el hombre permanece impotente frente a la naturaleza. En busca de soluciones inventa, por ejemplo, que la energía nuclear es limpia. Inventa que automóviles movidos por baterías son una solución. Supongamos 1000 ciudades, cada una con 500 mil vehículos de baterías, las cuales para cargarlas, día a día deben conectarse a la red eléctrica ¿Esa nueva demanda de kilovatios hay que producirla. ¿De qué manera? ¿Con petróleo, carbón, energía nuclear?

Resulta dramático en estas cumbres ver a Bolivia y a Venezuela presentar propuestas de control de gases tóxicos, siendo que sus proyectos socialistas de desarrollo económico indican todo lo contrario: explotaciones petroleras, petroquímicas, refinerías, litio, etc. ¡Que raro! En esas cumbres no se habla de “límites del crecimiento”, y en primer lugar, “control de la natalidad”. Valgan estas brevísimas consideraciones para mostrar la incoherencia de las cumbres desde Kioto a Cancún. ¡Hay que sincerar las propuestas!

leonmoraria@gmail.com


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León Moraria

Nativo de Bailadores, Mérida, Venezuela (1936). Ha participado en la lucha social en sus diversas formas: Pionero en la transformación agrícola del Valle de Bailadores y en el rechazo a la explotación minera. Participó en la Guerrilla de La Azulita. Fundó y mantuvo durante trece años el periódico gremialista Rescate. Como secretario ejecutivo de FECCAVEN, organizó la movilización nacional de caficultores que culminó en el estallido social conocido como el ?caracazo?. Periodista de opinión en la prensa regional y nacional. Autor entre otros libros: Estatuas de la infamia, El Fantasma del Valle, Camonina, Creencia y Barbarie, EL TRIANGULO NEGRO, La Revolución Villorra, los poemarios Chao Tierra y Golongías. Librepensador y materialista de formación marxista.

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