Obama, EEUU, Irán, Irak y la amenaza nuclear

El mundo sigue sumido en un contexto que se asemeja a un estado de éxtasis general. No se asume con seriedad la gravedad del momento histórico que vive el sistema-mundo en la actualidad. Los EEUU, tiene encima la presión de la crisis económica generada por la disminución de su capacidad para producir mercancías respondiendo a las necesidades de consumo que ellos mismo se han encargado de impulsar. Aunado a eso, la sociedad norteamericana que contando con menos del 3% de la población mundial consume más del 30% de la energía, no consigue como subsanar el déficit de energía que requiere la dinámica consumista que ha impulsado en las últimas cuatro (4) décadas, ello a pesar de sus iniciativas destinadas a controlar las reservas energéticas ubicadas en Asia oriental (invasión a Afganistán e intento de control de la zona del Cáucaso a partir de 2002) y Medio oriente (invasión Irak en 2005).

Ante el fracaso de los lineamientos propuestos en el Proyect for New American Century (PNAC), a saber: control militar de los escenarios de guerra en los cinco (5) continentes, preponderancia sobre aliados (Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, Japón) y enemigos (Rusia y China), impulso de los modelos de integración comercial neoliberal (ALCA y otros mecanismos) y disminución de la dependencia energética; los EEUU han apostado a la más radical de sus salidas: una guerra total que amenaza – en su ambición- a toda la humanidad. ¿Cómo entender que un presidente como Barak Obama, cuya plataforma fue la salida de Irak y la búsqueda de la paz, se haya “dejado” arrastrar a esta encrucijada? La respuesta está asociada a las propias características del aparato militar norteamericano y las relaciones de poder que caracterizan el status quo de los EEUU. La economía norteamericana cada vez que ha estado en crisis, se ha inventado un conflicto bélico de gran magnitud, buscando con ello reactivar el aparato productivo – que como bien señalamos se encuentra paralizado por la crisis- mediante la movilidad de la industria militar. Pero reactivar el aparato militar requiere de una “amenaza” real o aparente. La opinión pública norteamericana no puede usar de nuevo el “estereotipo” de los talibanes o el peligro de Sadam Hussein. Debe inventarse uno nuevo. Y para ello, el Irán shíita es perfecto. Ya lo había anunciado a finales del siglo XX el pensador conservador norteamericano Samuel Huntintong en Choque de Civilizaciones: la amenaza a los intereses y valores de EEUU vendría de la sociedad musulmana. Y es precisamente lo que viene afirmando el aparato comunicacional de Barak Obama.

El problema, es que el Irán del presidente Mahmud Ahmadineyad, no está dispuesto a ceder a la manipulación y la presión militar. El compromiso cultural e histórico de los iraníes es un muro contra el cual chocan los intereses del aparato militar de los EEUU e Israel, que emplean todos los mecanismos que el sistema-mundo les permite para presionar a Irán en su intento de someter a toda la región de medio oriente y Asia oriental. La realidad, es que los aparatos militares de EEUU y sus aliados no ha sopesado adecuadamente el riesgo que significa para la humanidad, la aventura de lanzar un ataque nuclear contra la República Islámica. El “invierno nuclear” que se puede desatar en la zona, dadas las características climáticas del viento y las corrientes presentes en la zona, pueden sumir al mundo en los efectos de una nube radiactiva que nuble el día, tal como lo conocemos y genere un descenso de la temperatura ambiental y con ello unos efectos ambientales desastrosos para el mantenimiento de la vida. Lo que afirmamos, es que la estrategia militar de los EEUU, asume que sus históricos rivales se mantendrán “neutrales” ante su accionar. Este supuesto no es tal. China y Rusia están muy conscientes que la estrategia militar de los EEUU, sí bien tiene como epicentro – en estos momentos- a Irán, no deja de tener presencia a través del diseño de un “escudo antiáereo” que incluye a Georgia, Polonia, Rumania, Israel, Corea del Sur, con lo cual se aproximan a zonas pertenecientes al espacio vital de ambas repúblicas, afectando su geopolítica e intereses en sus “zonas de seguridad”.

Rusia y China, adelantan procesos de articulación geoestratégica con Brasil, India que preocupa a los EEUU. Estas potencias tienen en común un elemento. El aumento del consumo energético en los próximos años. De todos ellos, sólo Brasil y Rusia, cuentan con cierta autonomía energética. Sin embargo, tienen otro punto en común: su potencialidad productiva. Todos en conjunto vienen adelantando un aparato productivo que amenaza la pretendida hegemonía de los EEUU en la economía-mundo. De lo que hablamos, es que Obama y los EEUU se encuentran jugando arriesgadamente en un escenario múltiple: militar y económico. Militar, al pretender a través de la OTAN mantener una hegemonía militar que luce imposible dado los cambios en los equilibrios mundiales y económicos, que choca con sus verdaderas capacidades productivas. En este escenario de debilidad múltiple, ahí sectores muy conservadores jugando al riesgo de la guerra, colocando todas sus cartas sobre la mesa y amenazando con arrastrar a toda la especie humana en su estrategia. Detenerlos solo es posible sí se articula una gran presión mundial, que sobre la denuncia de estos planes ambiciosos, movilice a todas las organizaciones sociales y grupos humanos en defensa de un futuro posible sobre la base de la renuncia del uso de la tecnología nuclear con fines bélicos. La posibilidad es mínima pero la guerra siempre es un fantasma que deambula y amenaza al mundo¡¡.


Historiador

Juane1208@gmail.com


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Juan Eduardo Romero

Dr. Mgs. DEA. Historiador e Investigador. Universidad del Zulia

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