Imposible superar el culto a la personalidad

Al buró, a la clase dirigente, cuanto le cuesta superar el culto a la personalidad, es una virtud revolucionaria, no la pueden abandonar, ¿qué le espera a nuestra asamblea? ¿Qué tiempo requerirán los elegidos para volverse engreídos si ya no lo son? ¿Cómo pedir conciencia al pueblo rodeado de aduladores? ¿Cuál será su esfuerzo para ideologizar la cultura?

L a dictadura del proletariado no puede ser la dictadura del político actuando en su nombre para destrozar al pueblo o a la revolución. Un partido único que no es dueño de las bases no debe actuar en nombre del pueblo y menos apropiarse de sus esperanzas, porque ese método hasta hoy no es integral para el cambio. Ya se posesiono la cultura del reciclaje, el presidente confía en muy pocos para ministros, alcaldes, gobernadores, algunos hasta con dos y tres responsabilidades administrativas colocándose fuera de los equilibrios éticos, Y ese aparato es, el que se impuso en las primarias.

Así, fácilmente se sientan a abusar del poder y de su engreimiento. “Nunca en la historia de la humanidad, una clase todopoderosa se ha rehusado a sacar provecho de su posición” dijo alguien por ahí. Este tipo de práctica no es revolucionaria, es una mala copia de otras revoluciones, lo que posibilita el engaño, produciendo una comedia de errores y originan la falsa lucha de clases, trabajadores contra los jefes o conflictos superficiales que buscan ocultar la verdadera lucha contra la especulación intermediaria o contra loa rapiñadores políticos o contra los que prosperan en los cálidos invernaderos del partido. Esa es una falsa de lucha de clases entre cómplices.

No son sucesores de Lenin, ni del Che, ni de nadie, son más moderados estos funcionarios y diputados, mas técnicos, mas economistas, mas abogados, menos revolucionarios, más dispuestos a dejar benévolamente alguna influencia de equilibrio en el mercado ideológico del temor al asesinato, incluso en funcionarios de segunda para rodearse de guardaespaldas y ayudantes de los asesores, cada uno de los cuales es mas engreído que el otro.

Esa mezcla de arrogancia e indiferencia revolucionaria no sirve de consistente ideológico y no tiene otra meta que, primero: el poder y la gloria, luego la supervivencia exclusiva de los responsables del régimen. Cada mes de supervivencia cuesta a la credibilidad socialista, de no que lo digan los diputados salientes en sus diferentes estados.

Marx desconfiaba de los Estados por todas estas intromisiones, esperaba la desaparición del Estado político, desconfiaba además, porque creía que los gobiernos sirven de fachada a la economía burguesa, y a los enormes errores judiciales permitiendo la corrupción, enorme error político sosteniendo el burocratismo y frenando la participación de las bases. Desarrollan sus efectos en la inconsciencia social cuyo resultado es el freno al poder popular en su más mínimo anhelo, la participación revolucionaria de la mano de la falsa cultura impuesta.







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Raúl Crespo


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