Basura en el socialismo

En el curso de la historia se comprueba que cuanto más la clase pobre es en principio desinteresada, noble y elevada en sus metas, más costoso resulta el proceso de cambio.

La señorial oligarquía, la aristocracia militar, los magistrados, los parlamentarios, la jerarquía eclesiástica, la nueva elite del gobierno, los ministros, el personal diplomático, han costado muy caro a los procesos y a este en particular, sus elevadas funciones están más allá del socialismo y mas acá del dinero. Actualmente, cuando los representantes de esa nueva clase social hablan con desinterés y petulancia de esa masa a la que ayudan, sería ingenuo concluir que no desean seguir en los cargos.

Existe otro tanto de ingenuidad para creer que los proveedores financieros serán tocados por los elevados móviles de la ideología socialista que tiene el pueblo a quienes deben proveer. Y hace falta una dosis muy alta de inconsciencia de parte de los “desinteresados” bien provistos de recursos económicos y materiales para preconizar una sociedad integral, en la cual los móviles de todos tendría el sublime carácter que ellos creen notar en sus propios móviles, pero donde sin embargo no todos gozarían del confort que da el andar por los pasillos del gobierno.

Sociedades de esencia político –militar o religiosa-cultural, en las cuales dominan las situaciones económicas y en las cuales las actividades productivas está reducida al mínimo por el oro negro y asegurada por un 47% de población en doctrinada o tradicionalmente creyente de sociedades sobre todo militares- religiosas, las dos en apariencia irreconciliables son la fuerza del capitalismo que conquisto el mundo, y que ahora busca consolidarse en las naciones que buscan el socialismo del siglo XXI.

Los estudiantes y los profesores, la familia y la sociedad, siguen un régimen de castas en armonía con el régimen dominante de actividad y rendimiento, una cierta estabilidad esta así asegurada, salvo cuando se trata de una sociedad militar destinada a la catástrofe prevista venida desde afuera.

Esta supuesta discordancia entre el gobierno y la Iglesia católica produce una adaptación rápida por sí misma, por la voluntad de prosperidad de la masa restableciendo el móvil económico en la psicología individual, y este parece ser el caso de los procesos de Venezuela y Ecuador, en los cuales la voluntad de destruir la sociedad económica burguesa y los móviles económicos más poderosos, se convierta en miedo por destruir el proceso y la prosperidad, reduciéndonos a un régimen social de noble pobreza general con un delgado parasitismo para la burocracia aristocrática sobreviviente de la clase media.

Pese a la fobia de la que hacemos alarde de la economía capitalista, parece poco verosímil resignarnos al sub consumo y a la caída del nivel de vida que produciría la elección deliberada de la noble pobreza o, lo que inmediatamente vendría a ser lo mismo, el abandono deliberado de todo móvil económico en un país que suda petróleo. Sin embargo todo puede suceder. La historia nos relata numerosas experiencias de sociedades que se empobrecen ellas mismas casi deliberadamente; un caso reciente, Ecuador, por cuestiones ideológicas y económicas se aparto de los organismos crediticios del capitalismo y todos celebramos esa decisión, inmediatamente sobrevino la crisis, pocos amigos quedaron: Venezuela, China, Rusia, Irán Corea del Sur, de ellos solo China está en capacidad de acuerdos económicos por petróleo, pero los chinos saben que Ecuador no es Venezuela y que todo puede ocurrir dentro de la inseguridad política, jurídica por la escasísima inversión que sufren los ecuatorianos. Podría ser también que, los chinos al ser socio económico de EEUU, de común acuerdo desestabilicen al régimen del compañero Correa negándoles el préstamo de 1700 millones de dólares para obras públicas, lo que se constituiría en un serio problema social por el clima de malestar político existente en la sociedad ecuatoriana, ideal para nuevamente ser el patio trasero del plan Colombia.

Lo mismo que la España del siglo XVII fue así victima de su economofobia y de la ausencia de capitalismo, la miseria y el atraso actual de América del Sur son atribuibles mucho más que a las acciones del capitalismo y del imperialismo yanqui, a sus preferencias por el honor militar y religioso, algo así como la miseria de la India por sus preferencias metafísica-religiosa. El imperialismo yanqui es universalmente conocido por ser culpable en la mayor parte de la pobreza y descalabro ambiental del mundo, pero está lejos de ser el único motivo.

La responsabilidad es de la clase dirigente político-militar, cuyos estados son los únicos responsables de los privilegios entregados, en donde las luchas por el poder, en donde la exclusiva búsqueda de técnicas por el poder, en lugar del esfuerzo hacia la empresa económica social para ayudar a la mentalidad empresarial del pueblo. Las fortunas edificadas por medios políticos no fueron convertidas en capitales económicas sino puestas en seguridad en el extranjero. La carrera militar es una carrera política en uniforme, hoy la carrera universitaria aparece muchas veces como una carrera política vagamente disfrazada.

En todos los países esta actividad económica-política ha conducido a que culturalmente, solo una minoría sea la que guste de los negocios por ellos mismos o el trabajo artesanal por sí mismo, sociedad hostil a trabajar en equipos colectivos, de tal manera que esa minoría se estrecha más aun, esta una de las basuras culturales en el socialismo. El más pequeño anzuelo lanzado por la Iglesia o la oposición para que la cultura pretendida por el socialismo se convierta cuesta arriba y difícil. “Ya hay muchas mercaderías, no hay créditos, cuidado vayas a fracasar, ya mismo lo botan, mejor ten el dinero en el colchón” son los consejos culturales que escuchas desde que naces.

Tal es la tesis. Es aparente en cuanto al móvil del provecho, pero engañosa si se pretende utilizarla para demostrar que se puede hacer caso omiso de la motivación económica, este problema del dinero no ha sido resuelto por ningún proceso para el llamado a la política de calma o para el régimen de crucero ni para el periodo volcánico. Las costumbres sociales y los estatutos, las satisfacciones de la importancia personal, el éxito en sus obras o en sus ideas del prestigio que de ello resulta, todo eso puede ser suficiente para la cultura político-religiosa, pero no basta para la actividad económica pobre e incompleta de un proceso que todavía no es social, por ahora es vano imaginarse que el funcionamiento de la sociedad pueda tener como motor motivos extraeconómicos.

Los funcionarios del gobierno, en la universidad, en el ejército, los obreros, pueden ser individualmente desinteresados, en el sentido que considera su sueldo estatutario como permitiéndoles trabajar sin preocupaciones en una obra que les interesa. Este desinterés no incluye las reivindicaciones solicitadas por los sindicatos o por otros procedimientos.

EL gobierno socialista no se preocupa en mostrar fuera de los funcionarios públicos, muchos empleos, los existentes son en realidad empleos de funcionarios, todos tienen un sueldo mensual, no se les paga por rendimiento. Los gobiernos socialistas no los socialistas están convencidos sobre este punto, de manera que la eliminación, a menudo puesta de manifiesto contra el socialismo, de las ganancias y de las perdidas en tanto que motivos de acción económica, no constituya un punto crucial, para seguir disponiendo de un personal de funcionarios de un sistema de promoción como colchón electoral, utilizando las satisfacciones que procuran las situaciones de autoridad halagando la vanidad y el deseo de afirmarse.


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Raúl Crespo


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