(Ley de negación de la negación en Venezuela)

Materialismo Dialéctico: Todo fluye, nada permanece

Todo fluye, nada permanece

Heráclito 

Introducción: Sobre el materialismo dialéctico 

La dialéctica es la base de la lógica revolucionaria en oposición a la lógica formal. La lógica dialéctica es la de las contradicciones y, según Engels tiene tres principios fundamentales: la unión y lucha de contrarios, la transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos y la negación de la negación. Éstos son también llamados (de una forma bastante simplista) leyes de la dialéctica. En general, se puede decir que la dialéctica parte del axioma del cambio y transformación permanente como constante del universo o como sencillamente ha dicho el filósofo griego Heráclito “todo fluye, nada permanece”. El cambio es permanente y todo sistema para ser válido y existir de forma regular debe transformarse y avanzar con la historia, con el tiempo y con las dinámicas sociales, físicas, naturales. Marx ha explicado a la historia como una espiral ascendente, figurando con ello un desarrollo cíclico en el cual alguno de los grandes rasgos históricos son repetidos sucesivamente pero en niveles de desarrollo industrial, técnico y social superiores. Las condiciones contradictorias se repiten en la historia a niveles distintos igual que las revoluciones pero en calidades diferentes. Es popularmente conocido que desde la perspectiva marxista se entiende al socialismo como etapa histórica posterior al capitalismo y a éste como superación del feudalismo y esclavitud sucesivamente, y nada más. En cualquier caso, es evidente que las revoluciones de esclavos contra el régimen esclavista no pueden ser iguales a las revoluciones campesinas de la edad media ni a las revoluciones burguesas. Todo tiene su momento, todo es pertinente a su etapa histórica (“todo fluye, nada permanece”). Una revolución es un catalizador o acelerador del cambio dentro de la sociedad (que en cualquier caso es una constante) y lo será de forma más o menos científica o correcta en la medida que ese cambio eleve al entorno social a un nivel superior de desarrollo histórico, sino es así no es revolución sino reacción.  

El socialismo científico se llama así porque pretende que sus postulados estén basados en hechos comprobables y repetibles. La filosofía que sustenta esos postulados (hasta ahora) es el materialismo dialéctico, que ya se ha mencionado. Las llamadas leyes del materialismo dialéctico están  basadas en una interpretación de las relaciones naturales. La ley de unión y lucha de contrarios puede entenderse, por ejemplo,  a partir de la observación de un imán donde los polos contrarios están unidos y, su existencia es imposible en solitario (no existen en la naturaleza los monopolos magnéticos, todo polo positivo comparte materia con un polo positivo). De hecho, no tiene sentido hablar de un polo positivo sin definir al negativo, igual que no tiene sentido hablar de socialismo sino existiese el capitalismo. El avance de la sociedad, de forma científica, tiene a ambos polos ideológicos conviviendo hasta que se dé la transformación de ese conjunto en otro de calidad superior. La segunda ley, la de transformación de cantidad en calidad, es observable cuando se aumenta la temperatura del agua (cambio cuantitativo en temperatura) en estado líquido hasta que ésta pasa a  otro estado, al estado gaseoso (cambio en calidad). Dentro de esta ley puede entenderse a la revolución como una “transición de fase” social luego de la acumulación cuantitativa de contradicciones que finalmente dan paso a un cambio, a través de la revolución, de una fase a otra. Finalmente es interesante analizar la ley de negación de la negación y la ley física de la acción y la reacción (ley de la mecánica clásica). 

El error de los partidos dogmáticos y la negación de la negación 

La llamada ley de la negación de la negación es particularmente interesante para el estado actual del proceso revolucionario en Venezuela. Se basa en el hecho real y científico en como las cosas se niegan (dejan de existir en su forma actual) para seguir existiendo en una calidad superior. Por ejemplo, las orugas se niegan a si mismas para dar paso a las mariposas (son el mismo ser vivo pero cualitativamente diferente). Dentro de la oruga hay cambios cuantitativos que derivan en un final cambio cualitativo, que niega la existencia anterior y da paso a una nueva. La belleza a nuestros ojos de una mariposa es superior a la de una oruga pero es el mismo ser vivo, la negación de la oruga es necesaria y no significa su muerte sino su evolución. Hay un ejemplo que se menciona en el libro “Razón y revolución” de Allan Woods, que habla de un hombre viejo que al recordar su vida la observa como una sucesión continua de errores que probablemente quisiera devolverse en el tiempo y cambiar. Sin embargo, esos errores le han conducido a ser lo que es. La negación (rectificación en este caso) sucesiva de esos errores le ha llevado a ser la persona que hoy les reconoce como tales y que es cualitativamente superior en sabiduría a la persona que los cometió. 

Si se entiende al proceso político venezolano como una revolución científica en lo social y económico debe reconocerse la necesidad de una armonía con estos principios filosóficos fundamentales puesto que es sabido que el hombre no tiene capacidad (aún) de moldear a las leyes naturales sino de adaptarlas a sus necesidades, pero éstas siguen siendo siempre las mismas, no cambian (me refiero a las leyes más generales de la naturaleza y la sociedad que se han mencionado). La revolución venezolana puede y debe entender al socialismo de una manera particular y adaptada a la realidad nacional pero no puede cambiar los principios fundamentales o seguir un rumbo contrario y pretender tener éxito. El éxito no es posible en contra de las leyes naturales, como no es posible construir un carro con un sistema de combustión basado en agua y pretender llamarlo carro. Podría resultar muy llamativo y original pero no funcionará, su combustible simplemente no es combustible (al menos no en este planeta!). Se ha criticado al reformismo socialdemócrata en el cual cayeron los partidos socialistas escindidos de La Segunda Internacional, pero reformar para permanecer es una ley de la naturaleza, eso no es lo criticable lo que se debe criticar en ese caso es que esa transformación para permanecer tiene un alcance muy corto, su alcance es el propio partido político y no la sociedad. Los partidos reformistas cambian su política para permanecer ellos dentro del mismo sistema y condenan a la sociedad a una futura desaparición producto de este. Pero, ¿Qué ha pasado con los clásicos partidos comunistas, de corte estalinista? Todos los sabemos, no se han transformado ni a si mismos ni a la sociedad… por lo tanto no permanecen sino que se extinguen y la sociedad igualmente, ¿Cuál es el error?, ¿Acaso la culpa es de las masas ignorantes o mas bien el error es creer que la doctrina es estática y pensar que cualquier cambio significa una reforma al estilo socialdemócrata?. Me parece que el error es el último y eso es común a todas las revoluciones socialistas del siglo XX y quizás pueda volver a serlo en las del siglo XXI. 
 
 
 

La revolución y la reacción: La transformación de uno en otro y viceversa 

Las revoluciones como todos los procesos naturales tienen un tiempo de vida en el cual deben cumplir su tarea y dar paso a una etapa superior, la revolución no es un fin sino un medio, un catalizador y decir que la revolución debe ser permanente no significa que deben congelarse las ideas de esa revolución, ni sus líderes, ni sus partidos, pues eso es una contradicción en si misma, es todo lo contrario, significa que las ideas deben renovarse, que el sistema debe ser dinámico, flexible, intercambiable y práctico. Pero mejor veamos en la historia, ¿si realmente el socialismo es una etapa superior al capitalismo (como yo creo que lo es) como se pudo regresar al capitalismo en la URSS y en China?. Si reconocemos que las leyes naturales no se pueden violar, entonces tendremos que admitir que no hubo un regreso al capitalismo, no regresaron de ningún lado porque sencillamente nunca se construyó un socialismo (entendido como una etapa superior de desarrollo humano). Aunque indudablemente en la URSS hubo avances hacia el socialismo, el resultado neto tuvo que ser negativo o no se hubiese “regresado al capitalismo”.  La burocracia roja no construyó un socialismo sino un capitalismo de Estado, que no es un paso intermedio entre el capitalismo liberal y el socialismo, el capitalismo de Estado es peor que un capitalismo, con control democrático del poder político, las leyes y las instituciones, esta afirmación tiene su comprobación científica en el hecho antes mencionado sobre la URSS y China.  

¿Por qué las burocracias han destruido los procesos revolucionarios hacia el socialismo? La explicación a esto viene de la misma filosofía dialéctica que los burócratas rojos de Rusia y China decían promover. Las leyes dialécticas generales tienen su base en la ciencia natural dentro de la cual las leyes de mecánica clásica son de las más conocidas y dentro de ellas la ley de acción y reacción. Toda acción genera una reacción opuesta o se violaría la segunda ley de la termodinámica (es decir, toda acción genera una reacción porque de no ser así podrían generarse singularidades matemáticas con sistemas de energía infinita), igual que toda revolución genera una reacción, precisamente porque sino fuese así no existiría la revolución ni fuera necesaria (unión y lucha de contrarios). Además en el proceso de acción y reacción hay una inercia y una fricción (en todos los sistemas hay inercia y sólo en los sistemas ideales no hay fricción). Entonces existe revolución (acción transformadora) y reacción (movimiento contrarevolucionario) porque o existen ambos o no existe ninguno y además existe la inercia y la fricción. ¿Cómo podemos ver a la inercia en este caso? La inercia en los sistemas sociales es la resistencia natural al cambio en todos los seres humanos. Para que exista movimiento la acción debe ser mayor que la inercia y la fricción, y como el impulso inicial para acción lo dan las contradicciones del modelo anterior a la revolución, no habrá movimiento revolucionario si esas contradicciones no son lo suficientemente profundas para impulsar una acción de magnitud superior a la inercia social y a la fricción (que es natural) y siempre habrá una reacción.  La inercia no es un privilegio único de las masas sino que está dentro de todos los seres humanos y es permanente. Está dentro de los individuos que están “liderando la revolución” también y por ley natural. 

El impulso inicial lo dan las masas empujadas por las contradicciones del sistema capitalista, ese impulso inicial puede renovarse si las masas están siempre involucradas dentro del proceso, sino es así el impulso inicial generará una acción que durará un tiempo y finalmente será anulada por la fricción (reacción) y la inercia… la inercia de los individuos que “lideran la revolución” y la fricción debida a la reacción contrrevolucionaria juegan ambas en contra la acción transformadora POR LEY NATURAL. Y el impulso se pierde y la transición de fase no es completada. La única forma de mantener la acción es que los impulsores de la misma sean los protagonistas de todo, que aquellos que padecen las contradicciones que les sirven de inspiración para la acción estén siempre al frente, sino todo fracasará como en la URSS y como en China. Las burocracias que usurpan la acción revolucionaria cederán a su propia inercia hasta estancarse sino hay impulso de las masas, no se puede ceder la acción revolucionaria a un sector que tarde o temprano cederá a su propia inercia y a la fricción producto de la reacción. En este sentido la “burocracia revolucionaria” inevitablemente jugará el mismo papel que la reacción, siempre y en todas las formas posibles de revolución en este planeta, eso es una ley natural. La revolución en manos de la burocracia se convierte en reacción jugando al lado de la fricción natural en contra del cambio de fase histórica. 

Conclusión: Democracia contra Burocracia 

Lo único que garantiza el cambio de fase es la renovación de la vanguardia de acción y con ello la renovación de su inercia natural. Por otro lado, si el impulso inicial de las masas no es valorado como única magnitud capaz de mantener a la acción por encima de la fricción entonces sólo es cosa de tiempo para la parada final y el equilibrio estático contranatural. La burocracia es contraria siempre a la democracia, que es lo único que garantiza el impulso para la acción transformadora. Cuando se cree que una vanguardia puede mantener el movimiento (sin la participación directa de las masas) se comete un error conceptual extremadamente grave. En la URSS y en China se creyó que la vanguardia del partido podía mantener la acción revolucionaria sin el impulso de las masas y evidentemente hemos visto que la inercia interna termina por poner a esa vanguardia roja en la misma línea que la reacción hasta destruir el movimiento revolucionario y dejar sin completar la transición de fase. De esta forma la acción se transforma en reacción y el proceso se frena.  

En Venezuela no podemos cometer el mismo error, los burócratas no tienen capacidad natural para empujar la acción revolucionaria por el lapso de tiempo necesario para alcanzar la transición de fase a un nivel superior. Es necesario el empuje de las masas, sin las masas la fuerza accionante es menor que la fricción contrarrevolucionaria y la inercia propia. Por otro lado, así como la fuerza es siempre proporcional a las masas, la “vanguardia revolucionaria” tiene siempre una masa y volumen menor que la reacción y conjuntamente con la fricción que la reacción produce y su propia inercia harán frenar a la revolución inevitablemente. Si las masas se decepcionan y dejan de participar activamente en el impulso (aunque voten por el PSUV) la fuerza accionante del cambio no podrá mantener el movimiento y todo se frenará. Hace falta una renovación permanente de la vanguardia y una acción de impulso motivado siempre porque sino todo fracasará. La inercia y la fricción son naturales, pero sin impulso de las masas no hay movimiento y no hay revolución, la vanguardia roja en solitario siempre cederá a su propia inercia, por ley natural.  Al final, la revolución es para elevar el nivel de vida de los individuos y el conjunto armónicamente, pero si los individuos de vanguardia elevan su nivel de vida lejos de las masas, su propio impulso revolucionario será menor que su inercia natural y cederán felizmente a la reacción contrarrevolucionaria. Una revolución permanente entiende que antes de que eso suceda todos deben ser removidos en una renovación democrática permanente, sino todo se pierde y se “regresa al capitalismo”.


Ingeniero Electricista

(aleslogo@gmail.com)



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Alejandro López González

Ingeniero Electricista en la Universidad del Zulia. Trabajó como investigador y como Analista de Mercados. Fue miembro de la mesa técnica de construcción del Plan Nacional de Formación (PNF) en Electricidad del Ministerio del PP Para la Educación Universitaria y representante de la Universidad Bolivariana de Trabajadores "Jesús Rivero". Actualmente se dedica a la investigación de temas socioeconómicos y geopolíticos del petróleo y las energías alternativas.

 ae.lopez.gonzalez@gmail.com      @aleslogo

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