No hay liderazgos científicos y puros.

Revoluciones tradicionales nada científicas, con escasísima planificación para enfrentar las circunstancias económicas y energéticas actuales.

Diseñar un socialismo es parecido a diseñar un experimento, se preparan las contingencias y los efectos son observados. En un experimento, estamos interesados en ver lo que sucede. En un proceso de cambio, el liderazgo debe interesar al pueblo constantemente por el funcionamiento, si sirve o no. Esa la diferencia entre una practica científica y una folklórica.

El socialismo todavía utópico, encontramos una colección de procesos revolucionarios, en ellos los lideres describen versiones sobre una vida feliz y los métodos para conseguirla. Platón en la republica escogió una solución política, Sn, Agustín una religiosa, Tomas Moro recurrió a la ley, Castro, el Che, Sandino, la vía armada, Jesús, Buda, Confucio, se inclinaron por la bondad del hombre practicando las escrituras.

No resulta sorprendente comprobar que, por lo que al mundo real se refiere, la palabra socialismo, por ahora, significa inviable. La historia parece confirmarlo, varios diseños utópicos han sido propuestos a lo largo de dos mil años, los últimos doscientos con la teoría de Marx. Llevados a cabo para darles realidad han terminado en igniominosos fracasos.

Pero la evidencia histórica no esta contra la probabilidad de la novedad, ese el significado que le da las revoluciones pacificas al pueblo en donde resultan factibles los procesos científicos, implícitos en que la gente descubra, invente, nuevas economías sociales para una sociedad perfeccionada y planificada, no impuesta e imperfecta, siempre de arriba abajo.

El siglo XX trato de descubrir bondades económicas y revueltas armadas, y de lo que va del siglo XXI, se esta viviendo lo que podríamos calificar como utopías conductuales por la gama casi completa de contingencias sociales involucradas con la participación del pueblo en las revoluciones.

No es cierto que, el revolucionario que practico la lucha armada, en su sentido ético y moral sea el mismo revolucionario de un proceso pacifico con valores y metas desde el punto de vista político y humanista, en donde la moralidad, la justicia y el convencimiento ideológico van mas allá de la supervivencia, al menos hasta lograr la meta en algunos casos.

El valor especial de la practica pacifica es relevante por la inclusión política de todo un pueblo, lo que no ocurría con la practica armada. Últimos revolucionarios convencidos, podríamos citar a: Manuel Marulanda, Castro, el Che, compartieron épocas y circunstancias de dos hemisferios muy diferentes a la globalización actual.

En esa época, el revolucionario vivía bajo condiciones de vida o muerte, reduciendo al mínimo los desvíos morales. Consecuencias de conducta juegan un papel importante en todo tipo de revolución. Ambiente revolucionario que llamamos ideología, continua siendo un elemento importante para cambiar un sistema político. La ideología ha permitido la supervivencia revolucionaria, a quien debemos la evolución de la misma.

La evolución de la revolución llevo a los pueblos a conseguir un mas alto grado de sensibilidad, mas creatividad en su relación con el proceso, conduciendo a las masas a controlara las revoluciones mediante su participación electoral, ya que la inclusión se la dará el pueblo a si mismo

Los liderazgos actuales, en unas revoluciones que no dejan de ser intereses políticos por la integración que también es un negocio por las fluctuaciones energéticas que manejan la economía mundial, alteran los principios revolucionarios sosteniendo masas asalariadas a destajo en vez de sociedades, pueblo temeroso del incumplimiento prefiere el sistema salarial a una participación del poder. La inseguridad, el negocio del narcotráfico, la crisis económica, de época, afectan los valores y tienen consecuencias de freno para la revolución por lo cambiante de la gestión, a pesar que en los liderazgos hay desde un indio hasta un cura, pasando por militares, economistas y algo mas, sin embargo, no siempre lo que le falta a uno tiene el otro, para integrarse de mejor manera y poder actuar como bloque, única manera de enfrentar al desarrollado capitalismo.

Las consecuencias son diferidas y no hay en la practica una ciencia que clarifique los pasos a dar, y no me refiero al vació de la transición, para poder especificar un mundo mejor en un sentido social, económico, ético y moral. Dominación ejercida de hecho no de derecho sobre la mayor parte del mundo con consecuencias sociales desastrosas, tienen mucho que ver en el estancamiento revolucionario al sostener las viejas estructuras publicas y pretender con ellas crear un nuevo modelo, algo, que reclama la vieja militancia armada.

Este factor inducido en su mayor parte por la oposición y por los hábitos culturales producto de la dependencia y el subdesarrollo, la masa se encuentra psicológicamente frenada para lograr un desarrollo autóctono, agarrándonos de un cambio incompleto propio de la colonización. En esta situación habría que sopesar la utilidad de un largo liderazgo siempre en beneficio del socialismo por supuesto, es que, es indudable que el desgaste hace mella cuando no hay una constante invención, y se recurre a la valiosa experiencia que no siempre alcanza.

Liderazgos utópicos desean simplificar su cometido, aprendiendo unos de otros, administran e intercambian bienes y servicios sin especificar el valor del dinero, ayudan a aquellos que lo necesitan, pero están desaptualizados a la política interna en cada uno de sus países, en cierto modo por falta de capacidad, pues no es ya suficiente ser indio, revolucionario, economista, sindicalista, definitivamente, manifestar que no es poco lo que se ha hecho, tampoco alcanza. Combatir el capitalismo requiere mucho mas de lo arriba expresado; hay que dar el poder al pueblo, no hay otra forma de cambiar el modelo, los maquillajes, sosteniendo la pobreza por interés político para recurrir al tiempo, es una vieja estrategia que ya fracaso.

El aislamiento diplomático no evita ya los contactos problemáticos. Antaño, las utopías generalmente quedaban localizadas en una isla o entre montañas, y la transición a un nuevo sistema político estaba sujeta al triunfo revolucionario por la vía armada, las revoluciones pacificas trajeron a las ciudades, al campo, a las islas, la expectativa de esa utopía, ya no se encuentra rodeada de agua o entre montañas, esta a la vuelta de la esquina, no importa si la distancia es llanera, lo importante es llegar.

Así, un socialismo equivale a un ambiente social total, donde todas sus partes funcionan bien engranadas; la sociedad y la Iglesia no entran en conflicto con el gobierno, es mas no habría una elite gobiernista.

Quizá la característica más importante del esquema socialista, sea, sin embargo, que el poder este en manos del pueblo.


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Raúl Crespo.


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