Luchemos contra la vieja cultura del poder

Cuantas veces nos calamos los antojos del policía aquel, que por nada te pegaba de la pared o te metía en la patrulla. Cuantas veces hemos soportado la búsqueda minuciosa de una secretaria, no con el fin de verificar los recaudos sino con la intención de buscar la excusa mas ridícula para rechazarnos la solicitud que estábamos haciendo. Y un ejemplo mas actual, cuantas veces no vemos una o un simple compatriota que labora en el MERCAL que en su casa y la de sus allegados abunda un producto que puede estar escaso.

Me pregunto ¿ que diferencia existe entre esos sencillos personajes a un gerente, un comisario, un concejal, alcalde, diputado, etc? ; se puede asegurar que en muchos casos la diferencias son de formas, perdón quise decir de niveles, porque en el fondo el comportamiento es el mismo. Es simplemente utilizar esas cuotas de poder para oprimir, para privilegiar a unos a costa de la exclusión de otros y con esto no estoy descubriendo el agua tibia, es simplemente mostrar una realidad. En una sociedad de oprimidos y opresores quien no posea una concepción clara de clase a favor de los oprimidos sucumbe ante el resentimiento y sus sueños y aspiraciones es tener ascenso social y económico para el goce de su ego. Convertimos la mala conseja que de buena fe nos dieron nuestros padres en principios de “superación”; “estudia para que no seas un pendejo” “estudia pa’ que seas alguien en la vida” o “cada día sale un pendejo a la calle y el que lo agarre es de él”.

Así se expresa la vieja cultura del poder, ahora bien si queremos hacer revolución, tenemos que cambiar esa cultura, porque una revolución es un cambio eminentemente cultural. El poder en revolución y enmarcado en una ética socialista no es un eslabón social y económico es fundamentalmente una trinchera de combate, es una responsabilidad histórica de allí deriva la grandeza de los grandes revolucionarios. El poder en revolución no es para oprimir es para liberar, no es para segregar es para incluir, no es para creerme que soy poseedor de la verdad sino para convencerme que simplemente soy un vocero de mi gente.

Se que el trabajo es duro porque es una mala cultura que la tenemos hasta en los huesos y a diario la vivo; soy trabajador de PDVSA y he visto a compañeros y compañeras que en los primeros años después del sabotaje petrolero y no estando fijo eran aguerridos luchadores, ahora que tienen su “ficha PDVSA” pareciera sufrieron una metamorfosis, o que el aire acondicionado de esas cómodas oficinas les disparó el escuálido que llevan dentro, a muchos les molesta atender a las comunidades, les repugna el sudor de la gente humilde y cuando tienen que hacer trabajo comunitario lo hacen pensando en los puntos para la evaluación, para el ascenso, y casi parecen unos robocop con gorras, antejos, chaquetas, chaquetines, coalas y toda clase de vainas que pueda diferenciarlos del pueblo. Por eso en estos días le dije a un compañero de trabajo que me preguntó que si quería trabajar directo para la gerencia, le respondí; “ yo no quiero que me bajen de rango yo quiero seguir trabajando con las comunidades”.

Camaradas una de las formas que debemos emplear para luchar contra esta nefasta cultura es combatir el chapeo, que nadie se crea que porque es primo, o hermano, o tiene el apellido tal, o tiene tal cargo, venga ha querer imponerse por sobre algún colectivo. Esa vaina si que no, una revolución tiene lideres no jefes. Los jefes crean vicios con su actitud opresora, los lideres educan con su modelo de conducta revolucionaria y sino, leamos a uno de los hombres mas completos que ha parido el movimiento revolucionario ERNESTO “CHE” GUEVARA.

josehog13@gmail.com


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José Humberto Ovalles Gil


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