El socialismo que queremos

Ya antes del 1848 cuando Marx Y Engels sacaron aquel manifiesto, anunciando que había un fantasma que recorría al mundo, se habían escritos toneladas de letras sobre el socialismo. Mucho antes de que a Bakunin y Proudhon se les metiera el anarquismo en la cabeza, en contraposición de lo que denominaron el nuevo Capitalismo de Estado “propuesto” por los Marxistas, había debate acerca de como enmacipar a las masas y con ellas construir la nueva sociedad. De manera que este debate nada tiene de novedoso; pero si de interesante. Porque si en algo todos debemos estar de acuerdo, es que transitamos momentos de grandes revueltas sociales, y aquí tenemos uno de los epicentros más agudos del continente y quizás del mundo. Ya el mismísimo Alan Woods con la sapiensa que lo caracteriza ha señalado, que “…hay que ser particularmente ciego u obtuso para no ver que ésta es precisamente la situación que se está produciendo en Venezuela. En los años recientes, pero especialmente desde el intento de golpe de estado de abril de 2002, millones de trabajadores y campesinos han empezado a moverse, a luchar para cambiar la sociedad. Si esto no es una revolución, entonces nunca más lo veremos. Sólo el sectario más acérrimo no sabrá comprender esto”.

Estas cavilaciones me obligan entonces, a evitar tantas disquisiciones ideológicas y también a hacer lo mismo que muchos doctos y eruditos sobre la materia. De allí que prefiero pasearme por el socialismo que queremos, y que irá naciendo al calor de nuestra propia cotidianidad.

Todo seria sencillo si de verdad, en vez de dirigentes forrados de contratistas y contratos tuviésemos activistas revolucionarios empujando a las masas a dar el salto definitivo. Este socialismo que ahora el camarada Hugo lo llama petrolero, seria más real si de verdad verdad PDVSA se pusiera roja rojita, y a los taladros se le escuchara más el ruido que producen para sacar el oro negro y no el de la corrupción.

El socialismo lo pudiéramos ver más de cerca; si cuando intentamos hablar con cualquier funcionario masca chicle, de los que se hacen colocar un afichote del Che detrás de su escritorio; pero que nunca se han leído ni un párrafo de lo que este camarada señaló en contra del burocratismo, nos pudiera atender con diligencia y eficacia a la hora de plantear un problema.

El socialismo que aspiramos comenzaría a materializarse, si los barrios de nuestras grandes ciudades no tuviesen fines de semanas bien rojitos, producto de tantos venezolanos, victimas del delito que guapea en cualquier esquina. En fin, el socialismo que queremos es tan sencillo, como el secreto de hacer las cosas rápidas y bien hechas, que es lo que caracteriza de verdad a un gobierno revolucionario y de paso socialista.

En fin, el socialismo que le gustaría al pueblo y a sus dirigentes de a pie, es aquel que ponga por delante los valores de la honestidad, la humildad, la solidaridad, y el que le permita el poder real de decidir y actuar libremente sobre su propio destino. Lo demás, seria empeñarnos en los esquemas del pasado, en cuanto a las formas de gobernar y a la vieja manía de los izquierdistas, de andarle buscando las once letras al socialismo cuando de verdad solo tiene diez.

Douglas.zabala@hotmail.com


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Douglas zabala


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