Preve: más allá del trastorno bipolar

La figura de Costanzo Preve (1943-2013) irá agigantándose con el tiempo. Miembro destacado de la izquierda italiana, acabará apartándose y siendo apartado de la visión esclerótica y conservadora del PCI. Después, hará militancia en otras formaciones marxistas minoritarias. Finalmente le crucificarán los fariseos rojos por sus actitudes geopolíticas, contrarias al bombardeo criminal de la OTAN a Serbia (1999) o por sus colaboraciones con de Benoist o Dugin.

Hombre erudito, filósofo y helenista, que nunca rechaza el debate, Preve publicará muchísimas obras en las que hará gala de un conocimiento vasto del corpus Hegel-Marx. Precisamente su vasta erudición le permite conectar estrechamente la filosofía helénica con un vástago intelectual suyo cual es el Idealismo Alemán, al que Marx pertenece de pleno derecho.

Preve entiende a Marx como un aristotélico. Es mucho más habitual, sobre todo en el liberalismo sistémico que hoy pretende erigirse en "pensamiento único", tomar a Marx como un filósofo totalitario, al igual que su maestro Hegel: la derecha perezosa siempre ve a Hegel y Marx como herederos de la utopía dictatorial de Platón. Va a costar siglos borrar de las conciencias estas tonterías popperianas sobre la "sociedad abierta" y la "cerrada", necedades tendentes, en su mayor parte, a mandar a la hoguera a la mayoría de los filósofos clásicos por aquello de no ser "suficientemente demócratas ni liberales".

Ciertamente, Marx en platónico en parte por ser dialéctico: la dialéctica hegelo-marxista hunde sus raíces en Platón, e implica lucha. El gran filósofo ateniense consideró que el entramado de las ideas es exactamente el entramado de la realidad. Las ideas y la realidad comparten una misma sintaxis, formalmente son una y la misma malla en la cual "no todo tiene que ver con todo", y en donde además de armonía y complementariedad se da también agonía (en el sentido de lucha y sufrimiento consiguiente a la lucha) y oposición. Platón fue ya un gran dialéctico al hablarnos de esa sintaxis o symploké. La modificación de un estado de cosas (corrupto, enfermo, erróneo) sólo puede ser revolucionaria, por cuanto la propia malla de las cosas se nos presenta de antemano como enredada y enmascarada, y el político-sabio debe "cortar" por lo que aparenta sano, cual es una juntura natural.

Extirpar y cortar por lo sano para rehacer una estructura político-social-ontológica, es labor revolucionaria tanto como filosófica.

Pero Marx, el Marx del gran Preve, es también un aristotélico. El hombre es un "ser social", o cívico, y en este sentido posee una esencia la cual ha de ser conquistada en cada generación. Hay naturaleza humana, y Marx lo dice en contra de todo relativismo. Marx está muy lejos del relativismo "woke" de nuestros supuestos izquierdistas de hoy. Las relaciones sociales en cuya madeja y retejido nos vemos envueltos desde el nacimiento (si no antes) se establecen siempre de forma orgánica o comunitaria. Lo más parecido a la "naturaleza humana" es, en Marx, la misma Historia de la Humanidad entendida como una historia de las relaciones sociales (que incluyen la guerra de clases) en la cual se dan trágicamente fuertes impulsos suprapersonales tendentes a la eliminación del individuo y de su correlativa eliminación de la comunidad. El capitalismo es la gran tendencia mortífera, que pone en peligro la existencia conjunta (como "conceptos conjugados", que diría Gustavo Bueno) del individuo/persona y de la comunidad.

El error de Marx fue creer que el capitalismo contaría para siempre con una personificación sociológica, la clase burguesa, y que los oprimidos también, la clase proletaria (fabril o industrial). El Capital sabe arreglárselas él solo incluso en ausencia de burguesía y de proletariado. Es un Capital anónimo, opaco, ciego, cada vez más desligado del entramado clasista de las sociedades. Por su parte, el proletariado no fue la clase llamada a derrocar este sistema de producción tan alienante. Quizás sea el Pueblo, con mayúscula, el Volk, como bloque histórico interclasista, el que está llamado al derrocamiento del régimen de producción capitalista.

Un Marx "populista", comunitario más que comunista, muy alejado del no-pensamiento perezoso de la izquierda. Un Marx que le debe mucho a Aristóteles o a Fichte, no sólo a Hegel. Cualquier lector sin prejuicios, cualquier pensador harto de los clichés atascados en un trastorno bipolar, "izquierda" y "derecha", debe leer a Preve, y a su gran discípulo, Diego Fusaro.
Prólogo del libro: Costanzo Preve: La refundación del marxismo de Diego Fusaro (Letras Inquietas, Cenicero 2024). Edición de Carlos X. Blanco


https://www.letrasinquietas.com/costanzo-preve-la-refundacion-del-marxismo-de-diego-fusaro/



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Carlos Javier Blanco

Doctor en Filosofía. Universidad de Oviedo. Profesor de Filosofía. España.

 carlosxblanco@yahoo.es

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