Socialismo: una palabrita "escandalosa"

Al plantear Hugo Chávez la necesidad de librar una batalla ideológica y construir un nuevo mundo para la vida, enfatizó que bajo el capitalismo no habría posibilidades para el futuro de los pueblos siempre explotados por las potencias industrializadas y que, en consecuencia, el socialismo se erigía como la alternativa a los graves y profundos desequilibrios generados por este sistema económico. “Yo no tengo dudas, es el socialismo”, manifestó. Pero, contrariamente a lo que pudo pensarse respecto al socialismo históricamente conocido, sugirió que inventar el socialismo del siglo XXI. “En Venezuela no hemos definido este proyecto como socialista. Lo digo a título personal para abrir el debate”, terminó expresando. Sin embargo, transcurrido el tiempo, Chávez optó por definir abiertamente al proceso revolucionario bolivariano, lo cual ha generado una infinidad de reacciones entre propios y extraños, desde la adhesión más entusiasta y sincera hasta el antagonismo más furibundo.
Incluso para algunos de sus seguidores, el socialismo enarbolado por Chávez constituye un elemento difícil de digerir, habida cuenta de la herencia cultural antiizquierdista que arrastran consigo que les hace ver como una aberración inaceptable cualquier mención de socialismo o comunismo. Para sus otros seguidores, aquellos formados en la línea ideológica de Marx, Engels y Lenin, sería necesario aún implementar una serie de medidas, sobre todo, en el campo económico, para probar que, efectivamente, la revolución bolivariana iría derivando hacia los derroteros clásicos de la revolución socialista. No obstante, según se deduce de lo afirmado por Chávez este socialismo del siglo XXI no entra en esta categoría. En este tiempo transcurrido, la mezcolanza de ideas y frases pronunciadas por Chávez parecieran indicar que el proyecto bolivariano se inserta en uno u otro rumbo de los socialismos ya conocidos, como se desprende de sus referencias a la Revolución Cubana , al Che Guevara, a Mao Tse-Tung, al Libro Verde de Moammar Kadhaffy, entre otros iconos de la revolución mundial, sin que ello represente la definición más aproximada de lo que ocurre en Venezuela. Aún así, la palabra sigue siendo escandalosa a los oídos de algunas personas.

Por ello, el debate que Chávez propone entre sus partidarios se visualiza difícil y resulta interesante, especialmente cuando muchos de ellos se preguntan cuál es la caracterización más acertada del proceso revolucionario venezolano, cómo se hará para construir el socialismo y si éste deberá limitarse al Estado o a la sociedad venezolana. Más aún, al considerarse como sus antecedentes históricos e ideológicos las luchas libradas por los próceres independentistas, encabezados por Simón Bolívar, y por los diferentes grupos de izquierda que hubo en Venezuela, incluyendo a los de la lucha guerrillera. Atendiendo a estos antecedentes, muy particulares, por cierto, podría señalarse que este proyecto revolucionario tiene mucho de socialismo, un socialismo depurado que no coincide con lo experimentado en la extinta URSS y demás países “socialistas”, aunque pudieran descubrirse algunas coincidencias.

Quizás en esto radique el escándalo poco disimulado de algunos “chavistas”, lo que se agrava por el hecho de que nunca las fuerzas revolucionarias y progresistas congregadas en torno de Chávez se vieron obligadas a discutir este socialismo de nuevo cuño. De hecho, su renuencia a aceptar de buen modo la exigencia del Presidente por constituir un partido político único de la revolución, aduciendo las mismas razones esgrimidas por los grupos opositores, evidenciaron un distanciamiento con la propuesta socialista de Chávez, cosa contraria a la de sus bases militantes que se muestran de acuerdo con ello. No obstante, la necesidad urgente de este debate, obviado en función de los intereses electoralistas que se apoderaron del accionar y de la teoría de la mayoría de los partidos políticos afectos al proceso bolivariano; pudiera despejar los recelos existentes. Es innegable que la ausencia de este debate contribuye a que mucha gente simpatizante de la revolución repita, sin rubor y hasta sin culpa, la misma conducta anticomunista, o antisocialista, que se gestara bajo el anterior régimen puntofijista. Para dicha gente, la iniciativa del Presidente luce desenfocada y extemporánea, del mismo modo que es atacada por los antichavistas. Otros estiman que es innecesaria a la luz del contenido de la Constitución , sin embargo, ésta será modificada para darle un cariz más socialista. Esto obliga a preguntar: si todo el texto constitucional se cumpliera al pie de la letra, ¿cuál sería, entonces, el siguiente paso de la revolución bolivariana, enfrentada como está al imperialismo yanqui y a la globalización neoliberal? ¿Acaso no sería el socialismo o, por lo menos, un socialismo venezolano?

Al analizar las distintas acciones emprendidas por el Presidente Chávez vale vaticinar que, si éste no es uno de los socialismos ya probados en otras latitudes, por lo menos es uno que germina de la mano del pueblo y se adapta perfectamente a su idiosincrasia. En esto consistiría el mérito del pueblo venezolano al producir un socialismo propio, novedoso en todo sentido, pero enraizado en la tradición emancipadora de nuestra América.

mandingacaribe@yahoo.es


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Homar Garcés


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