La espada de Bolívar es para valientes...

Ningún traidor o traidora podría soportar el peso histórico de la espada que perteneció al libertador. Por eso no es de extrañar que el gobierno del otrora presidente colombiano Iván Duque jamás la mostró, en Venezuela durante el golpe de estado contra el presidente Chávez, no fue la espada, no les dió tiempo el pueblo cívico-militar de definir posición al respecto, pero imaginamos cuál sería su destino si se consolidan en el poder, seguramente no sería otro que el sepulcro, fue en esa oportunidad el retrato de Bolívar que los traidores de la patria no soportaron y lo escondieron en un baño de Miraflores como temerosos de su reclamo por la felonía. En Colombia durante la toma de posesión del presidente Petro, el rey de España se quedó petrificado en una silla, seguramente queriendo esfumarse bajo el embrujo del realismo mágico, pero el gabo nunca estará de su parte para ayudarlo y no le quedó otra que recurrir a su altanería y prepotencia para disimular el frío que seguramente le recorre los huesos cuando ven en las manos de un pueblo valiente la espada de Bolívar desenvainada... ¡Qué vaina para estos oligarcas! El pueblo, cuan cuero seco se levanta por doquier, y el colombiano, hijo de la espada de Bolívar, con ese sencillo acto quiere marcar un antes y un después.

Analistas de distintos signos han coincidido en la carga simbólica del inicio de un nuevo gobierno, por primera vez progresista, desde que nuestro compatriota Rafael Urdaneta dejó de presidir la otrora Gran Colombia. Allí desde entonces se entroniza en el poder el anti-bolivarianismo expresado en el santanderismo, ya alineado con la doctrina Monroe desde esa época y arrastrado a imperios a cambio de las monedas heredadas de judas, las monedas de la traición.

Al surgir la revolución bolivariana con Chávez al frente, los EEUU necesitaban a una Colombia entregada, y lo lograron... Con el pretexto del "combate" a las drogas idearon el plan Colombia, que terminó no combatiendo el narcotráfico sino al propio pueblo colombiano con un paraco al frente de dicho gobierno, Alvaro Uribe Vélez, conocido en los bajos fondos como varito y con el famoso expediente 82 de la DEA, el cártel de drogas más grande del mundo lo manejaron a su antojo. Por supuesto que Uribe fue un buen peón del imperio, tan bueno que en tiempo record le instalaron siete bases militares gringas con inmunidad de todos sus componentes. ¡Vaya entrega de soberanía! Nada más y nada menos que en la patria hija de Bolívar y que nos legó esa espada que tanto le temen los oligarcas.

Creo que el presidente Petro sorprendió a propios y extraños con ese gesto y esa orden, pero más claro no canta un gallo y supo poner el dedo en la llaga en el momento justo, lo cual indica que goza de una espiritualidad meridiana y no le teme a los alaridos que en "silencio", por ahora, desde el imperio han quedado ahogados ante el estupor y la sorpresa de un Bolívar recorriendo de nuevo las calles de su amada Colombia, y sobretodo, listo para la batalla. Bolívar por amor a Colombia se caló las traiciones de un Santander, tragando arena soportó estoicamente en aras de la paz y la unidad todo tipo de insultos e improperios de esa oligarquía grosera. Viendo cómo se derrumbaba su obra, por evitar derramamientos de sangre hermana, así lo vio Bolívar siempre, la sangre colombiana y la venezolana son hermanas en Bolívar, pero más allá en la geografía, en las costumbres, en el temperamento, en la espiritualidad misma. Bolívar permitió que casi echaran a su ejército, en medio de insultos y desprecios, no del pueblo colombiano, sino de esa rancia oligarquía que hasta hace días con Duque ocupó el palacio de Nariño, para desgracia de todas y todos, tanto colombianas y colombianos cómo venezolanas y venezolanos.

Ahora le toca al presidente Petro el enorme reto de la misión histórica asumida, pero no solo a él sino a todo el pueblo colombiano y también al nuestro, el venezolano que sin inmiscuirse en asuntos internos de Colombia siempre debe estar presto a tenderle la mano a la hermana para salir del infierno y marchar juntos a la grandeza y la gloria que el mundo hoy nos reclama y exige. No la tiene fácil el presidente colombiano, pero en las primeras de cambio mostró que tiene la vista bien clarita generando un cambio radical con un gesto que para algunos es desapercibido, para nuestros pueblos es el reencuentro con la gloria de nuestros héroes.

En ese orden de ideas pareciera que llegó la hora, "todo lo que va a ocurrir bajo el solo tiene su hora", dijo Cristo, y llegó la hora de trazarnos juntos un destino superior que nos catapulte al papel histórico que nos toca desempeñar cómo herederos de una teoría de equilibrio del universo, le llamó Bolívar, basado en la grandeza de actos de humanidad. Para eso hay que prepararse en todos los aspectos de la actualidad mundial que nos permita estar a tono con los tiempos que corren y con nuestras potencialidades aportar a ese equilibrio mundial que tanto lo necesita en momentos que pareciera haberse perdido la brújula por parte de quienes han controlado los acontecimientos de la humanidad en los últimos tiempos.

Para ello es menester avanzar en el conocimiento, en la ciencia, en la tecnología para la vida, y todo esto requiere de paz, solidaridad y hermandad cosa imposible lograr con la oligarquía detentando el poder en Colombia o Venezuela. Un proyecto de largo aliento que esté alineado con la realidad de un mundo multipolar, una unidad a prueba de todo y tendremos unos pueblos fortalecidos en los principios de la vida y la solidaridad entre iguales.

Los enemigos harán hasta lo imposible, sobretodo el imperio de EEUU, las grandes trasnacionales explotadoras de nuestras materias primas y todo aventurero que pretende desconocer lo inexorable: el instinto humano por sobrevivir y superar las dificultades de un mundo que en lo económico, lo político, lo social, lo cultural y lo educativo el capitalismo ha moldeado para la muerte y la destrucción.

Pasa por plantearse de manera urgente el desarrollo de la frontera viva de ambos países, éstas deben convertirse en centros de intercambio de vida, y no de muerte, como ocurre en la actualidad. La explotación de nuestras riquezas en planes conjuntos y con el objetivo de fortalecer ambos pueblos y sacarlos de la pobreza y el olvido. Esto conlleva la aplicación de planes que erradiquen el chovinismo y se inspiren en el bolivarianismo solidario y hermanado... con las diferencias propias de todas y todos, pero con un solo objetivo: ocupar en el espacio mundo el poder suficiente para impactar e influir en las grandes decisiones de la humanidad en el futuro próximo. No será fácil reiteramos, pero es el camino definitivamente, no hay otra opción, la otra opción, la imperial, es la muerte y la violencia hasta perecer.

Todos estos proyectos de trascendencia no solo regional sino mundial, recordemos que Venezuela posee la reserva petrolífera más importante del universo, Colombia garantiza la interconexión con el pacífico donde nos extendemos al mundo que promueve el gigante asiático, clave en la consolidación de un mundo multipolar y multicéntrico.

Pero hay algo mucho más importante; Colombia y Venezuela unidas desparramarán hacia el sur, el caribe y centroamérica la bisagra perfecta para unir el subcontinente, incluyendo a México, que forma parte del norte de América, pero que es la cuña para esa región de lo que Vasconcelos llamó "la raza cósmica". Esto planteado en términos unitarios para salir del atraso haciendo uso de nuestros propios recursos; estudiándolos, procesándolos, manejándolos, comercializandolos y produciéndolos en concordancia con un nuevo orden económico mundial que coloque el ser humano como centro, y no la mercancía y la acumulación de capital, dará al universo un equilibrio tal que nos haremos imprescindibles para la humanidad en los nuevos tiempos. Quizás suene vanidoso decirlo, pero es la tarea impostergable. Suramérica posee en su territorio el pulmón del universo, las materias primas para producir la energía que garantice el tiempo requerido para nuevos inventos y nuevas tecnologías alternativas, acordes con la pacha mama y la supervivencia de la especie. ¡¿Qué esperamos?! Solo esperamos por las grandes decisiones políticas que hagan viable el justo papel que nos toca desempeñar en el mundo y lo que ocurre en Colombia con el levantamiento de las banderas bolivarianas nos da el aliciente necesario para al menos soñar con los pies en la tierra.

El imperio intrigará como siempre, buscará dividir, "que si Petro es mejor que Maduro, o viceversa, que si Pedro Castillo, rehén de la oligarquía peruana, que si Boric, etc. Ya comenzaron con lo del avión venezolano a intentar echar a perder las relaciones con Argentina, lamentablemente las indecisiones de Fernández lo hacen rehén de grupos sionistas que no buscan otra cosa que dañar las relaciones. Un poder judicial, un sector al menos, obediente de estos grupos fascistas enredan de tal forma las cosas y desencadenan una guerra legal para agredir a Venezuela. La ponderación del presidente Maduro y la paciencia de éste es lo que ha evitado que se concrete un rompimiento con un sector argentino que lucha y ha luchado por la unidad, pero que lleva sobre sus hombros una realidad interna que lo paraliza, pero ese es tema para otro análisis. Volvamos a Colombia y Venezuela y el rol que nos toca, y digo nos toca porque esto no solo es un asunto de Maduro y Petro, es de todo el pueblo, el colombiano y el venezolano. Son las manos del pueblo que convertirán a estos países en potencia, tenemos todo para hacerlo bajo un concepto de complementariedad perfecta. Pero necesitamos aliados poderosos en el mundo. Todo parece indicar que en Brasil las cosas prontamente cambien, retorna Lula y eso es una garantía. Como dije antes, a Castillo en Perú hay que liberarlo de esa oligarquía, solo no podrá, tampoco Boric en Chile, ni los Fernández en Argentina. Bolivia está liberada, pero hay que cuidarla, no puede volver a ocurrir lo que pasó con Evo. En el Caribe está Cuba y otros países, en Centroamérica Nicaragua y al norte México, que le toca definir el tema de la sucesión ante lo que ha manifestado AMLO, de no querer repetir en la presidencia, pero esa coalición progresista debe seguir en el poder. Honduras, no olvidemos que por allí comenzó el contraataque imperial en la primera ola libertaria, esta vez nos toca ser más cautelosos. No olvidemos las bases militares gringas en Colombia, el terrible problema del narcotráfico que el imperio usará como punta de lanza en su política contra lo que estamos planteando, y no escatimará esfuerzos ni recursos, lo que hace el asunto más complejo. Sin embargo, Venezuela ha demostrado que el pueblo en la calle es capaz de derrotar imperios, que la unidad cívico militar intrínsecas del bolivarianismo está a la orden del día. Un proyecto de envergadura cómo el que estamos refiriendo necesita de defensa, y no con poemas y palabras bonitas, necesita defensa armada propia y nadie mejor que que la historia del ejército libertador de bolívar para concretar el sueño. Ese ejército es disuasivo ciertamente, pero siempre presto por si se vuelven locos los imperialistas, cosa que no sería de extrañar ante lo que vemos contra Rusia y China y las últimas decisiones de la OTAN, manejado por EU, porque Europa le toca el triste papel de foca amaestrada, aunque se pelearán por demostrar cual se arrodilla mejor ante las decisiones imperiales.

La alianza entre Venezuela y Colombia es estratégica o no es nada, eso es lo real, lo demás es retórica barata que el imperio alimenta porque le interesa entretenernos en pendejadas mientras él se recompone. Es necesaria la creatividad, la contundencia, la acertividad en el manejo político en esta nueva oleada para consolidar el cambio de época. Petro, a pesar de las enormes contradicciones internas que tiene Colombia que pareciera la existencia de tres o más países en uno solo, puede con la espada de Bolívar, con su espíritu vivo, dar el golpe de gracia a la dominación imperialista en la región. Los símbolos en sus primeros pasos cómo gobernante indican claridad en el horizonte. Maduro, ya con la experiencia de sobrevivir a uno de los peores ataques imperiales, en todos los ámbitos, con la madurez y paciencia necesaria, serán los que marquen la pauta en esta nueva época, ellos desencadenarán, parta bien o para mal, un verdadero cambio de época. Ambos han mostrado valentía a la hora de enarbolar principios elementales para la liberación, el bolivarianismo. Los dos se han ganado el grado de comandantes, uno ya probado, Maduro, experto en la guerra de resistencia al imperio, el otro da sus primeros pasos pero se notan seguros, de ambos esperamos mucho los oprimidos de esta parte del mundo.

El presidente Maduro, otro valiente probado, al fin se encuentra con un respiro por ese lado estratégico, sumen las capacidades y experiencias de la Cuba, Nicaragua, el cambio latente en Chile con un pueblo despierto, el Perú buscando caminos y alternativas, en fin, toda la américa se le volvió un polvorín al imperio, tienen razones de temerle a la espada libertaria de Bolívar que ya está en manos de pueblos valientes y seguirá replicándose en otras partes de este sur rebelde.

 

 



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Luis Alberto Toro Ojeda

Publicista. Militante de izquierda. Integrante del Frente Bicentenario de Campesinos del estado Trujillo. Integrante del PSUV.

 latojeda@gmail.com      @latojeda

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