Confucio y la política

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La doctrina del sabio chino Confucio (551-479 a. de C) está vertida en Las Analectas , y abarca la filosofía, la moral, la educación, la fraternidad, la amistad, la compasión y la política, entre otros muchos temas.

En el estudio introductorio de Las Analectas , A Hanfang dice: "Confucio dedicó mucha atención a la educación, pero nunca consideró que la enseñanza fuera su primera y verdadera vocación. Su verdadera vocación fue la política, y durante toda su vida conservó una fe mística en su misión política". Es decir, Confucio fue ante todo fue un político que estableció las reglas éticas para practicar el quehacer que trata del gobierno , la organización de las sociedades humanas y los estados.

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Confucio aborda la justicia social, la tolerancia ante la disensión política y la obligación moral de los intelectuales de criticar a los gobernantes que abusan del poder.

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El gobierno es sinónimo de rectitud. Si el gobernante es recto, ¿cómo podría atreverse nadie a ser deshonesto?

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El gobierno es de los hombres, no de las leyes. Confucio desconfiaba de ciertas leyes. Las leyes diseñadas con mala intención invitan a su violación. Es preferible un gobierno de buenas costumbres que uno de leyes. Muchas leyes son un problema.

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La fuerza de un gobierno está en su moral. Si un gobernante no tiene moral pierde la lealtad de sus ministros y la confianza del pueblo. Un país con un gobernante inmoral, es un país que camina hacia su destrucción.

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El lenguaje de los políticos y gobernantes debe ser correcto para evitar confusiones.

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La virtud se fortalece con la educación. La autoridad política debe pertenecer exclusivamente a aquellos que pueden demostrar estar cualificados moral e intelectualmente.

8

Lo que no desees para ti, no lo impongas a los demás. No dejes que el resentimiento entre en los asuntos públicos.

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Enviar a alguien a la guerra que no ha sido apropiadamente instruido es mandarlo a la tumba.

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Una promesa hecha a la ligera es difícil de cumplir.

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Sin duda es un error no enmendar un error.

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Los políticos deben practicar cinco reglas :La cortesía, la tolerancia, la buena fe, la diligencia y la generosidad. La cortesía evita los insultos; la tolerancia gana todos los corazones; la buena fe inspira la confianza en los demás; la diligencia asegura el éxito; la generosidad confiere autoridad sobre los demás.

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El tiempo libre de la política debe dedicarse al conocimiento. El tiempo no dedicado a aprender debe dedicarse a la política.

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La generosidad gana a las masas. La buena fe inspira confianza al pueblo. La actividad asegura el éxito. La justicia aporta alegría.

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Está calificado para gobernar aquel que cultiva la generosidad, hace que la gente trabaje contenta; tiene ambición, pero no rapacidad; posee autoridad, pero no arrogancia; es severo, pero no fiero.

16

Las características de un mal gobierno son las siguientes: la práctica del terror que reposa en la ignorancia y en el crimen. La tiranía que exige resultados sin órdenes adecuadas. La extorsión, que se lleva a cabo a través de órdenes contradictorias. Los funcionarios que dan de mala gana a la gente lo que les es debido.

 

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Edgardo Malaspina

Médico. PhD en Medicina. Docente universitario y poeta.

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