...tanto de unos como de otros para envolverse de fama

El presente vanagloriado por cosas irrisorias que serán de provecho...

En este mundo que ensartado está en una larga cuarentena de espera a causa del coronavirus, todo es posible, no importa el medio, lo que importa es el fin y por él se lucha y si los interesados se hacen acompañar de dios, mejor aún, van bien reforzados para seguir adelante que, lo demás correrá tranquilamente en el río de las ideas, por muy extravagantes e ilusorias que ellas sean, pero preciso es afinar situaciones y para allá vamos a registrar momentos excepcionales como controversiales y hasta patéticos pudieran ser, pero cada quien en lo suyo que los comentarios sobran a favor o en contra cuando no, se dejan pasar.

A raíz visible por la muerte de Maradona: la Argentina se atascó de bríos sudorosos de mucha tristeza este pasado jueves de noviembre, al nublarse su espacio vivencial de un sentir que despertó su despedida, metido como estuvo en su cajón de inexistencia, y fue abrazado en un clamoreo de pesares estimulados por la vista en un maremágnum de ánimos fruncidos, que confundió dentro de las entrañas de su pueblo amado, un amor excitado por dejar de ser como un ser humano que padeció a su manera: un existir de funciones entre goles perdidos que, no afloraron en más autoestima y, quizás no lo ahogaron en su presentir y, en esa despedida con excitaciones de emoción compasiva, la calma los espera en lo adelante como un recuerdo que no los tranquilizará, pero tampoco los devorará en el rumbo del devenir que, tarde o temprano, dejará una quietud de conformidad arropados en la bandera Argentina de la esperanza que, siempre existirá y cada quien imaginará todo lo que su mente atrapó antes, dentro y fuera, de lo que fue su pasado de jugador inolvidable que selló su destino patrio.

He renunciado a ti./ No era posible./ Fueron vapores de la fantasía -nos recuerda, Andrés Eloy Blanco- con franqueza, para después decirnos: He renunciado a ti,/serenamente ..., como el que ve partir grandes navíos/como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes. Y con un decir de Pelé que aseveró que, se verán en el cielo, para patear algunos balones juntos, ¿y quién lo duda? El cielo existe y el pensar también, aunque no satisfaga un buen deseo. Y finaliza Andrés Eloy Blanco, su poema con: Yo voy hacia mi propio nivel./Ya estoy tranquilo./Cuando renuncie a todo,/seré mi propio dueño;/desbaratando encajes regresaré hasta el hilo./La renuncia es el viaje de regreso del sueño. ¿Y Maradona, seguirá soñando?, ¿pudo haber tenido muchos sueños? Pero nunca ensució el balón -afirmó. ¿Y regresará al hilo de su nueva existencia de ese mundo desconocido? ¿Dónde quizás los valones rueden invisibles dentro de un arcoíris infinito sin goles?

Mientras Trump, abandona el campo minado de sus arbitrariedades al no poder golear a los suyos nuevamente y, la paz de su país rueda como un balón lentamente, encharcado y descosido de inconformidades que ruedan por el mundo como un balón intruso que penetra coexistencias y derrumba pedestales y entra en la portería que el imperio impone sin renunciar a su mundo de inestabilidades.

Y el contraste, ese rumorear no se hizo esperar, la inteligencia humana en el Norte entra en acción en la acción del flash, lo que le da vida a la artista, a la modelo y a los sueños que no se renuncia con el calor del cuerpo, por lo que metida en el marco de su porvenir y no en la portería de lo que se espera, Jennifer López (JLo) posa desnuda como dios la trajo al mundo, para su nueva producción a vender que abusando de su posición como una promiscua, nada la detiene a sus 51 años de edad como la "Diva del Bronx" con su destape radiante, lujurioso, de abarcar tempestades sin importarle el nivel de las aguas en las que no se ahogara, aunque no tenga el salvavida puesto, su cuerpo flotara con una fragancia que alegrará a su público al vender su cuerpo desnudo al mundo con su cintura al descubierto, tapándose con sus manos sus atractivos pechos que claman por más vida con su muslo en provocación, mirando solamente a la cámara, sin renunciar a la armonía de entretener a sus fanes que se la comerán con la vista sin degustarla y, ella invariable como una mercancía más que sale al mercado en promoción: vea, vea lo que quiera, pero imposible tocar, solo para manos poderosas que rocen su consentimiento y, ese es su mundo, su agotador mundo y solo queda esperar que esa mercancía sea bien vista y agote su franca existencia en el mercado de la prepotencia en este mundo tan provocador.



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Esteban Rojas


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