Las relaciones entre la izquierda, Chávez y Maduro

La cuestión de la izquierda se ha colocado en la agenda actual (por lo menos en Aporrea), a raíz del claro y burdo deslinde de Maduro respecto de una izquierda "infantil" y "habladora de gamelote", alusión a los partidos y grupos que se han desprendido del llamado "Polo Patriótico", para poder inscribir sus propias planchas a las próximas elecciones parlamentarias. Se han publicado varios interesantes artículos acerca del tema, en los cuales se ha asumido orgullosamente la identidad izquierdista (Elías Jaua, "La izquierda"), se ha reconstruido una y otra vez la historia de los diputados antimonárquicos sentados a la izquierda del salón donde se reunía la Asamblea Nacional de la revolución francesa; se ha mostrado la diversidad del mundo de la izquierda desplegada a lo largo de su historia en el mundo (Wladimir Abreu, "El mito de la unidad de la izquierda"). Con algo de aparente sorpresa y alarma, se ha señalado el giro hacia el autoritarismo del gobierno, evidente en apresamientos, desapariciones y asesinatos, y hacia la derecha, por las medidas de ajuste económico propias del capitalismo (designadas como "neoliberales"), así como la definición de alianzas con sectores de la burguesía criolla (Fernando Saldivia, "Conversaíto, Nicolás ¿tú crees que Chávez también era un hablador de paja?", Alirio Rangel, "No es gamelote…la privatización silenciosa de Agropatria", Hernán Urbina "Presidente ¿con quién se siente mejor?¿con la derecha o con la izquierda?"). Incluso, en un interesante artículo, se habla de un lento proceso de desilusión de la izquierda nacional e internacional acerca del gobierno, que debiera ser el heredero de Chávez, ese sí ubicado claramente en la izquierda (Modesto Emilio Guerrero, "Con quiénes gobierna Maduro"). Los mencionados artículos, no terminan de dar el paso lógico siguiente, ya asumido por otros columnistas, como el amigo Orlando Zabaleta: el gobierno de Maduro (aparte de ser el peor de la historia del país) es de derecha.

Comparto en general las calificaciones y observaciones que se han hecho, aunque me parece que algunas son un tanto reactivas, tímidas y tardías. Participo de un grupo de opinión ("Pensamiento Crítico") que se deslindó del apoyo al gobierno desde 2016 debido a sus errores garrafales en política económica y social, su corrupción y por haber suspendido la Constitución desde la convocatoria ciertamente írrita de una supuesta "Asamblea Constituyente" que sólo sirvió para afirmar un gobierno extraconstitucional con un claro sesgo autoritario. El momento del deslinde, marca a nuestra posición, así como a las otras. Creemos que la Constitución de 1999 fue el punto máximo de consenso y desarrollo político del país, la solución política a una crisis global que se venía arrastrando desde las décadas anteriores, y que logró tener, gracias al pueblo, un desenlace por la vía democrática. Por eso hoy nuestro horizonte político es retomar la institucionalidad por la vía de la lucha de masas, la organización popular y el voto. Muchas de las desviaciones del madurismo (que ya no son simples equivocaciones, sino verdaderas reorientaciones), vienen de antes, de inconsistencias y deformaciones políticas que veníamos arrastrando en el proceso histórico venezolano, cuya denuncia y enfrentamiento no se asumieron en su oportunidad.

Decía que esta discusión de ahora sobre la izquierda, me parece un tanto tardía, tímida y reactiva, aunque justa en términos generales. Ya desde fecha tan temprana como 2008 y 2009, eran evidentes los rasgos de caudillismo en el proceso chavista (o "hiperliderazgo" como lo llamaron en una reunión de intelectuales quienes fueron insultados por el entonces canciller Maduro como "habladores de paja"; ni siquiera se renuevan los insultos), visibles, no sólo en la propuesta de reforma constitucional del 2007 (identificados entonces por Edgardo Lander; ver igual mi artículo "Dificultades constituyentes y constitucionales"), sino también en la actitud de los cuadros del naciente PSUV de aceptar "lo que Chávez diga" (réplica del actual "lo que Maduro diga", denunciado hace poco por Néstor Francia, otro disidente). Una reconstrucción del proceso de descomposición del bloque dominante (ver mi artículo "¿Se descompone la coalición gobernante") nos muestra varias cosas: a) el "chavismo" como fuerza creativa, innovadora, transformadora, murió con Chávez, b) desde esa "situación sobrevenida", se han sucedido varias olas de "micropurgas", deslindes, desprendimientos (altos funcionarios y cuadros del PSUV), que culminan ahora con el surgimiento de la llamada "Alternativa Popular Revolucionaria", encabezada por el PCV y el PPT.

Las críticas que se han producido, muestran también a) que el "plan de la Patria" ha quedado enterrado, pero b) incluso en ese "Plan de la Patria" había elementos que mantenían la visión rentista y meramente asistencialista, reñida con una visión de izquierda actualizada con la ecología política (ver los trabajos de Emiliano Terán al respecto). En tercer lugar, las nefastas consecuencias de las políticas económicas (desde antes de la muerte de Chávez, según Manuel Sutherland, o inmediatamente después de acuerdo a Víctor Álvarez, Jorge Giordani, Oly Millán, Gustavo Márquez, entre otros). En cuarto lugar, la evidencia de la corrupción ha ganado espacio, con las revelaciones acerca de Alejandro Andrade, el empresario Alex Saab, etc. Así mismo, es evidente que los sucesivos anuncios de Maduro, desde el inicio de su período, además de demagógicos, han resultado ser improvisados y desviados de su supuesto carácter de izquierda.

Pero si hay ya toda una historia de los desaciertos y desviaciones de Chávez y Maduro en términos de su propio discurso de planes y promesas, también habría que revisar los de la llamada "izquierda". Se nos haría muy largo remontarnos a los catastróficos errores de los 60, los desaciertos y desorientaciones propias de una fuerza derrotada y fragmentada durante los 70, la dispersión y virtual disolución de las décadas siguientes, cuando la izquierda quedó reducida a su mínima expresión: pequeños núcleos aventureros de "guerrilla urbana", "trabajos de masa" con ribetes antipartidistas en el movimiento estudiantil y barrial, y emulaciones de Acción Democrática en la llamada izquierda reformista. Gustavo Bueno se remonta a la historia de la izquierda europea, amigo Abreu, sobre todo para demostrar que ella siempre ha sido plural, diversa y…dispersa. Pero ello se debe a las diferentes orientaciones políticas e ideológicas, y no a una vocación perenne divisionista, como la acusa un reciente trabajo publicado en la plataforma "Misión Verdad". Allí se muestra un Chávez unitario, generoso, ofreciendo un gran proyecto histórico, a una izquierda problemática, medio loca, que siempre buscó la división. El PCV y el PPT, específicamente, nunca entendieron al "pobre" Chávez. Esa incomprensión, fue lo que motivó que en las elecciones regionales de 1998, mientras Chávez mandó a abstenerse, esas organizaciones (y la "Causa R" y el MAS) participaran con sus propuestas. Fue sólo cuando Chávez subía en las encuestas, en 1999, que esos factores manifestaron sus apoyos, incluso sin habérselos pedido el Comandante ("Misión Verdad" asegura que ese fue el caso del PCV). Luego, en el 2000, las pugnas "por los cargos" obstaculizaron la conformación de planchas únicas, y el PPT incluso se atrevió a llevar candidatos propios a nivel de alcaldías y gobernaciones. Posteriormente, en las elecciones de 2006, Chávez serviría de portaviones a todas esas organizaciones de izquierda (entre las que se sumaron Podemos y el MEP). Incluso, aumentaron su caudal electoral. Entonces, vino la propuesta de la desaparición de esa diversidad de la izquierda, en aras de hacer un solo Partido: el PSUV.

¿Acaso nadie se acuerda del lenguaje utilizado por Chávez para referirse a las organizaciones de izquierda, para forzarlas a disolverse y someterse a su naciente partido? Me acuerdo del tono general de burla y soberbia, del manido chiste del Volkswagen, de las presiones de María León sobre el PCV. En fin: sólo algunos dirigentes y fracciones de esas ya pequeñas organizaciones, que estallaron, es cierto, en tendencias pro y anti Chávez (ver caso del MAS y de Podemos), acompañaron al PSUV, al Partido que nació expulsando militantes sin tener siquiera un tribunal disciplinario, gritando aquella consigna propia de la más horrible adulancia caudillesca "¡lo que diga Chávez!", aniquilando así, desde el origen, cualquier semilla de democracia interna. La misma ola personalista, autoritaria, que después impuso en los consejos comunales los candidatos del "aparato" o del Frente Francisco de Miranda; es igual.

La narración de "Misión Verdad" señala un incurable divisionismo de la "izquierda". Pero sobre todo su marcado olor a oportunismo, perceptible a leguas de distancia. Si ampliamos la investigación, tendríamos que referir los comentarios de Douglas Bravo, Gabriel Puerta, el propio Aristóbulo Istúriz, acerca de la renuencia de Chávez a cualquier rol de los grupos de izquierda en la conspiración del 4 de febrero de 2002. Las relaciones entre el agua y el aceite nunca han sido fáciles.

Si no lo fueron en vida del gran líder carismático, en medio de aquel flujo de masas que defendían la nueva Constitución, desenlace querido de la crisis orgánica que venía desde los ochenta, frente a unos golpistas que insistieron tercamente en el error y la derrota, esas relaciones entre el agua y el aceite tenían que hacerse aún más difíciles con aquel que siempre ha respondido a las críticas con soberbia y el repetido insulto de "habladores de paja". Lo de hacerlo "conversaíto", es más falso que un billete de 30 dólares.

Reconozcámoslo: la "izquierda" arrastra una crisis de décadas. El propio surgimiento de Chávez como caudillo carismático, es un síntoma de esa incapacidad histórica de reinventarse, de ese fraccionamiento, de esa tendencia a convertir una teoría con pretensiones de ciencia, en un dogma que sólo cabe repetir en cualquier circunstancia, posando para las cámaras como unos Che reencauchados. Nosotros, la izquierda, en la infinita variedad de nuestros discursos y rostros, somos responsables de este fracaso, de esta crisis de perspectivas, de esta criminal desorientación histórica. No asimilamos el derrumbe de los intentos socialistas del siglo XX (hasta quedan por ahí muchos stalinistas). No hemos incorporado la democracia en nuestra voluntad política; saltamos angustiados únicamente cuando son los nuestros los perseguidos y asesinados, lo cual demuestra que no hemos entendido nada de los derechos humanos. No articulamos coherentemente las alarmas de los ecologistas, ni las reivindicaciones feministas. No hemos comprendido el redimensionamiento de la crisis en el contexto del sistema mundo capitalista. Todavía la izquierda es mesiánica, cree en la sucesión fatal de los modos de producción como estaciones de cumplimiento de una profecía de redención, de la llegada del Reino de Dios del Comunismo. Algunos, hasta creen todavía que la "auténtica" izquierda es únicamente la marxista leninista, cuando el mismo "marxismo leninismo" (invento chimbo de Stalin, pero también de Mao y Fidel) se fragmentó en el siglo XX en decenas de corrientes, todas marxistas leninistas por igual, todas fracasadas por igual.

Ahora sólo queda insistir en un camino democrático, para reactivar las instituciones de la tan violada Constitución de 1999, el único punto de consenso al menos discursivo de los venezolanos. Ese es el camino incluso para poder reinventar la izquierda, para superar esa inmensa dificultad de imaginar el futuro al que se refería Boaventura de Souza Santos. Para poder pensar hacia dónde vamos después de este fracaso que, como el stalinismo soviético, enturbia todo el futuro de la izquierda variopinta, diversa, compleja.



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Jesús Puerta


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