A los 507 años de la "Biblia" de los politólogos (I)

"Si es verdad, como insiste Aristóteles, que la ética no es una disciplina meramente teórica, sino un estudio que nos ayuda a ser más capaces de alcanzar nuestro bien, entonces El Príncipe de Maquiavelo es una obra ética. Cada consideración, cada precepto, nace y encuentra su lugar propio en el contexto de una nueva concepción del buen príncipe, que busca invalidar y reemplazar a los ideales comunes de esa época y la nuestra. Todo el que ascienda o pretenda ascender al poder de un principado es llamado en esta obra a revisar su idea del bien político a la luz de la crítica maquiavélica"

Rafael Simian

"Se ha dicho que la verdadera vida de Maquiavelo sólo empezó después de su muerte. Y, en verdad, quizá ningún otro pensador o escritor haya tenido nunca un influjo tan directo, inmediato y vasto sobre la posteridad; ninguno fue objeto de polémicas tan extensas y duras, ni tan discutido, no ya en el puro ámbito especulativo, sino en la vida práctica cotidiana"

Federico Chabod

"Maquiavelo estudió las acciones políticas de la misma manera como el químico estudia las reacciones químicas. Es evidente que el químico que prepara un fuerte veneno en su laboratorio no es responsable de sus efectos. En manos de un médico experto, el veneno puede salvar la vida de un hombre; en manos de un asesino puede matarlo. Bastante ha hecho con enseñarnos todos los procesos necesarios para la preparación del veneno, y con darnos su fórmula química. El Príncipe de Maquiavelo contiene muchas cosas peligrosas y venenosas, pero él las contempla con la frialdad y la indiferencia de un científico. El da sus recetas políticas. No es incumbencia suya quién haya de emplearlas, o si serán empleadas para buenos o malos fines"

Ernst Cassirer

INTRODUCCION

En la historia de la filosofía política hay, al menos, un lugar común: Maquiavelo es el primer filósofo político moderno. Pero cuando se trata de explicar este aserto, las interpretaciones se multiplican. Porque Maquiavelo, como Jano, presenta más de un rostro. Para los unos, su innovación fue descubrir la autonomía de la política frente a la moral, revelar una racionalidad específica del campo político, sentando así las bases de una ciencia o, al menos, de una técnica del poder. Para los otros, su mérito es contrario; Maquiavelo habría establecido una nueva ética social, diferente de la medieval, acorde con el individualismo moderno. Ambas lecturas pueden fundarse en sus textos. La primera acude sobre todo a El príncipe, la segunda, a los Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, pero una y otra pueden referirse a la totalidad de sus escritos. Porque su obra está atravesada por la tensión entre dos discursos. Uno sobre el poder real, otro sobre el bien común. Si muchas interpretaciones de Maquiavelo no logran convencemos es porque se atienen sólo a uno de esos discursos, dejando en el desván el otro. La mayoría fluctúa entre dos extremos. Si seguimos el discurso del poder, aparecerá el Maquiavelo tradicional, escándalo de moralistas, consejero de príncipes, guía de tiranos, preocupado sólo por señalar los artilugios del mantenimiento del poder. Unos apreciarán en él al fundador de un arte de la eficacia política, desembarazada de juicios de valor, otros lo denostarán como ejemplo de cinismo, pero cualquiera que sea el juicio que merezca, lo característico de su obra se verá en el abandono de una consideración ética en el pensamiento político.

Si seguimos, en cambio, el discurso del bien común, mostraremos al Maquiavelo patriota, republicano, deseoso de inculcar a sus conciudadanos una nueva moral capaz de restaurar el honor de la nación italiana. En sus límites, aparecerá el paladín de una nueva ética. Siguiendo el uno o el otro discurso podríamos llegar a ver la enseñanza de nuestro filósofo desde dos extremos caricaturescos: como un "gangsterismo político" (L. Strauss) o, al contrario, como la "ética de un hombre nuevo" (F. de Sanctis).

El hecho de que puedan darse ambas lecturas opuestas ¿no nos está indicando ya el carácter más distintivo de la obra de Maquiavelo: surgir de la tensión entre dos discursos en apariencia opuestos? En lugar de olvidar un lenguaje de Maquiavelo para sólo escuchar el otro ¿no valdría mejor comprender cada uno en función de su contrario? Pues el lenguaje esperanzado que anuncia un bien común para la nación italiana tal vez no sería pertinente sin el que intenta revelar los mecanismos efectivos del poder que permitiría realizarlo. A la inversa, el lenguaje sobre el poder efectivo carecería tal vez de objeto sin la propuesta de un valor superior que le otorgara un sentido. Que quizás la "modernidad" de Maquiavelo consista justamente en una intuición: la ciencia de la política provendría de la conjunción y tensión recíproca entre dos discursos diferentes, el del poder real y el del Estado valioso.

II EL PRÍNCIPE

Este 2020 se cumplen 507 años de una de las obras más significativas en la historia del pensamiento político: El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo. El príncipe aborda muchos de los elementos en torno a los que todavía gira la discusión pública: la relación entre política y moral, las obligaciones del gobernante, los mecanismos del poder.

Maquiavelo nació en Florencia el 3 de mayo de 1469 y murió el 21 de junio de 1527. Fue diplomático, funcionario público, filósofo político y escritor. Maquiavelo fue un personaje destacado del renacimiento florentino y por aquel entonces, la república de Florencia era una ciudad-estado de las más importantes de su tiempo. Maquiavelo la habitó en su momento de máximo esplendor. Con este contexto, no es sorprendente que el proyecto político de Maquiavelo fuera también ambicioso.

Escrito en 1513, El príncipe se publica a título póstumo en 1532 y es prohibido por la Iglesia Católica, como todos los libros del florentino, desde 1559 hasta el final del siglo XIX.

Nicolás Maquiavelo (1469-1527) propone una teoría de la acción con consideraciones antropológicas y consecuencias en el plano tanto de la ética como de la filosofía política. El príncipe de Maquiavelo, la obrita que andando el tiempo habría de verse considerada como la Biblia de los politólogos modernos, tuvo una génesis bastante azarosa y a su autor difícilmente se le habría ocurrido que su opúsculo acerca de los principados pudiese alcanzar semejante repercusión. No había nada que apuntara en esa dirección, mientras que sobraban los augurios en sentido contrario. Por de pronto, Maquiavelo jamás acarició seriamente la idea de publicarlo. Su pequeño ensayo fue redactado a lo largo del segundo semestre de 1513 con una misión muy concreta y absolutamente coyuntural. A nivel personal, pretendía congraciarse con la clase dirigente para obtener alguna embajada o cometido que le sacara del ostracismo en el cual se hallaba inmerso por las circunstancias políticas del momento. No había nada que apuntara en esa dirección, mientras que sobraban los augurios en sentido contrario. Maquiavelo jamás acarició seriamente la idea de publicarlo. Su pequeño ensayo fue redactado a lo largo del segundo semestre de 1513 con una misión muy concreta y absolutamente coyuntural. A nivel personal, pretendía congraciarse con la clase dirigente para obtener alguna embajada o cometido que le sacara del ostracismo en el cual se hallaba inmerso por las circunstancias políticas del momento. El Príncipe es un texto que amerita muchas lecturas diferentes y que desde luego es cualquier cosa menos una obra sencilla.

 

CODA

 

La mayoría de los lectores de El príncipe esperan que sea un manual útil para los seres despiadados. Pero el libro es mucho más sutil. Aunque Nicolás Maquiavelo abogue a veces por el disimulo y la crueldad, reserva sus encomios para quienes saben cómo y cuándo usar la fuerza y el engaño. Explica como un gobernante fuerte y eficaz puede servir mejor los intereses del estado. Sus consejos no van dirigidos a todo el mundo, sino a los príncipes: los gobernantes cuyas acciones determinan la suerte de sus súbditos. Estas personas, viene a decir, no deben ser escrupulosas. Necesitan actuar con rapidez y eficacia para hacer lo más conveniente. Y lo más conveniente para el estado puede que sea prescindir de la moralidad convencional.

Maquiavelo hizo una gran carrera de hombre de estado en su Florencia natal. Pero en 1513 fue acusado de conspirar contra la poderosa familia Médicis. Fue detenido, torturado y enviado al destierro, y relegado en las inmediaciones de la ciudad después. Parece ser que escribió El Príncipe con el fin de mostrar su aptitud para ser consejero de los nuevos príncipes. Era una especie de tarjeta de presentación que pretendía ayudarle a reincorporarse a la refriega de la vida política. En este sentido, la obra fracasó. Maquiavelo no accedió a la posición a que aspiraba. Publicado por primera vez en 1532, poco después de la muerte de Maquiavelo, El Príncipe ha sido un libro controvertido. Hoy se cita a menudo al tratar de la supuesta inevitabilidad de "ensuciarse las manos" en el mundo de la política, y el adjetivo "maquiavélico" se utiliza, erróneamente, para denotar la taimada prosecución de fines egoístas.

El Príncipe está redactado según el género de los "espejos de príncipes", breves opúsculos destinados a aconsejar e inspirar a los gobernantes. Era característico que propugnaran virtudes como el valor y la compasión. Por el contrario, Maquiavelo aconseja al príncipe venturoso que no necesita saber cómo ser benévolo, sino como actuar con rapidez y a veces, si es necesario, con crueldad. El príncipe venturoso sólo hará honor a su palabra cuando le convenga hacerlo, puesto que, por regla general, le será provechoso parecer honrado. Ha de conducirse como el zorro para detectar y esquivar las trampas que le tienden, pero también ha de parecerse al león para ahuyentar a los lobos que le rodean. El mensaje es que el príncipe necesita saber actuar como los animales: un desafío a la tradición humanística, en la que prevalecía que los príncipes sirvieran de ejemplo moral.

 

PARA SEGUIR APRENDIENDO

 

  • Cassirer, E.: El mito del Estado .

  • Del Águila R. y Chaparro S.: El ciudadano republicano de Maquiavelo. Claves de razón práctica,, Nº 165, 2006, págs. 10-19.

  • Pocock, J. G. A , The Machiavellian Moment .

  • Sebastián De Grazia, Maquiavelo En El Infierno.

  • Maurice Joy, Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu .

  • Antonio Gramsci, Notas sobre Maquiavelo, sobre política v sobre el estado moderno.

  • Luis Villoro, El poder y el valor: Fundamentos de una ética política.




 



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Luis Antonio Azócar Bates

Matemático y filósofo

 medida713@gmail.com

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