La naturaleza se venga con el virus por la madriza que le pone el capitalismo y el hombre moderno

1. Señala el filósofo Enrique Dussel: Hoy, la madre naturaleza (ahora como metáfora adecuada y cierta) se ha rebelado; ha jaqueado a su hija, la humanidad, por medio de un insignificante componente de la naturaleza (naturaleza de la cual es parte también el ser humano, y comparte la realidad con el virus). Pone en cuestión a la modernidad, y lo hace a través de un organismo (el virus) inmensamente más pequeño que una bacteria o una célula, e infinitamente más simple que el ser humano que tiene miles de millones de células con complejísimas y diferenciadas funciones. Es la naturaleza la que hoy nos interpela: ¡O me respetas o te aniquilo! Se manifiesta como un signo del final de la modernidad y como anuncio de una nueva Edad del mundo, posterior a esta civilización soberbia moderna que se ha tornado suicida. Como clamaba Walter Bénjamin, había que aplicar el freno y no el acelerador necrofílico en dirección al abismo.

2. ¿A qué freno se refiere el filósofo Bénjamin que no debe confundirse con el acelerador necrofílico? Primero poner freno a esa clase social minoritaria de multimillonarios y guerreristas que destruye el medio ambiente con una enorme contaminación, que saquea la riqueza del 90 por ciento de los países y que mantiene a casi toda la población en la explotación y opresión. ¿Cómo seguir dilapidando, asesinando a la naturaleza durante siglos, sin que ella se desquite de la gigantesca depredación que sufre todos los días para mantener a una población enajenada al gran consumo de riquezas, así como sometida al individualismo burgués competitivo que sólo vive con la lengua afuera peleando por más consumo? Puta mare, parece no existir ya seres humanos que vivan con dignidad, sino sólo dueños de coches, de grandes residencias, de viajeros al extranjero y demás dilapidadores de enormes fortunas. Esto es el acelerador al abismo.

3. ¿No somos acaso los mismos seres humanos enajenados por el salvaje capitalismo quienes estamos creando nuestra propia destrucción –que no estaría ni bien ni mal- pero que podríamos ahorrarnos tantos lloriqueos ridículos? Después de pensar en la mejor manera de emplear nuestro tiempo, propongo escuchar y leer con mucha atención al analista –quizá uno de los mejores del mundo en nuestro tiempo- Enrique Dussel; es el intelectual vivo que conoce más historia mundial, más la teoría política de Marx y quien ha sabido superar el pensamiento dogmático religioso y político de carácter europeísta y capitalista. En internet, a los 85 años de edad, se pueden escuchar y ver de él por lo menos una decena de conferencias, algunos debates y referencias de sus libros. Con Dussel he comprendido que el inmediatismo de las propuestas vale poco si no están precedidas de reflexiones y que todo el activismo sin planes lleva necesariamente al fracaso, hoy o mañana.



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Pedro Echeverría


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