Lo anormal se hace normal y extraordinario, sin pataleo en “revolución”

Conversaba en estos días con un paisano y compañero de estudio en la UCV. En la conversa, él me decía sobre las cosas anormales que fueron haciéndose normales y extraordinarias en revolución, sin ningún pataleo de ahogado. Sin dolientes pues. Así me decía a través de un chateo que mantenemos más o menos es frecuente.

Esta conversa la tomé para desarrollar este artículo, que en definitiva me lo prestó este camarada. Hay muchos grupos revolucionarios en las redes sociales, que surgieron aparentemente para debatir temas y problemas y lo menos que hacen es eso. Son como grupos buzón o esponja que se limitan a enviarse mensajes (enlatados) de grupos o cuentas que calificó como hegemónicas. El debate de ideas, que ha debido ser muy normal en otros grupos, se ha transformado en muchos casos en un lleva y trae de mensajes de otras personas que no están en el grupo. Copiando a ese eminente sociólogo Pierre Bourdieu, estos grupos reproducen un sistema, que es también de dominación.

En estos grupos ya se ha vuelto costumbre y normal, solicitar un medicamento o un apoyo para salir de un trance de salud. Lo que se suponía debía ser una anormalidad, vino, llegó y es normal. Se sabe que la cuestión está ruda, pero la administración de la salud y de sus centros, que ha debido ser un asunto estratégico para la revolución y ha venido en picada. Ya no es normal hablar mucho de Barrio Adentro, CDI y otras alternativas que se creían podían ser un sistema alterno frente al sistema de salud heredado.

Hubo expropiación de los supermercados éxito. Luego de un tiempo, muy corto por cierto, se olía desde muy lejos la corrupción que imperaba ahí. Los supermercados fueron lenta pero paulatinamente languideciendo sin pataleos de ahogados. Acabaron dentro de la mayor normalidad con la red de supermercados y nadie lloró, ni peleo, ni lamentó esa situación. El grito de alegría por la expropiación se volvió una frustración. Lo anormal se hizo normal y extraordinario con la aprobación de los dolientes, que resultaron peor que los corruptos.

Nació anormal y anormalmente se fue haciendo otra cosa. Se leía y veía normal pero no era como estaba en la partida de nacimiento. Efectivamente, ofrecieron democracia participativa y protagónica. No un aborto democrático. Todo lo contrario, nos ofrecieron una carajita democrática muy buena, participativa, protagónica y propia de una revolución del siglo XXI y se nos volvió peor porque terminaron robándonos el derecho a elegir sin ningún pataleo. No elegir se ha vuelto normal y extraordinario en "revolución". El silencio igualmente se ha hecho una cosa extraordinaria en "revolución".

Se ha hecho normal y extraordinario, que en la banca pública no haya plástico y material para libreta. Una banca pública que ha repartido crédito por demás y a veces con anuncios pomposos sobre sus carteras de créditos.

Era normal en cualquier kiosco comprar una tarjeta Movilnet. Fue dejándose de hacer normal y ya es normal no encontrar una tarjeta Movilnet.

Era normal que uno anduviera en su carrito. Ya no es normal. Ya sería extraordinario, porque lo único que hoy pudiera ser es ponerle gasolina. Aceite, caucho, batería y demás no es posible. Dejo de ser normal y se volvió ahora extraordinario.

Hay cosas que eran extraordinarias para la revolución, que la otra "revolución" ha vuelto anormal. El punto es que mientras estas anormalidades se hacen normales y extraordinarias en "revolución" y sin pataleo, la revolución y la izquierda están muy amenazadas por la "revolución".



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Amaranta Rojas


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