El ángulo internacionalista del nuevo referente político

El nuevo referente político, al que desde Marea Socialista junto a otras personalidades y la plataforma por la defensa de la constitución estamos convocando a construir, ha de tener enormes retos en todos los aspectos, más algunos de esos desafíos tienen la ventaja por así decirlo, de que no se estaría empezando desde cero. La contradicción implícita en el asunto es que ello tiene un arma de doble filo, y uno de esos enormes retos es el ángulo internacionalista.

El proceso bolivariano parido por el pueblo venezolano se convirtió en la gran referencia para la mayoría de los pueblos latinoamericanos y para muchos más a nivel mundial. Esto refería su carácter de clase y fue un aluvión tan descomunal que es lo que empuja para que se diesen los triunfos electorales de Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador o para que Daniel Ortega volviera en Nicaragua.

Lo que algunos intelectuales y opinadores de distintas corrientes o tendencias políticas pretenden explicar aludiendo a un supuesto fin de ciclo o el derrumbe del “progresismo” es tan equivocado que solo deja dos grandes cosas al descubierto. La primera es que los intelectuales burgueses ni quieren, ni pueden explicar nada desde el enfoque correcto porque sería ponerse al descubierto y la otra es que la tragedia histórica de la izquierda acrítica y acomodada jamás contemplo a los pueblo como sujeto político e incluso le ha “negado” el protagonismo que realmente es de la gente.

Si consideramos de verdad, por ejemplo, que la revolución cubana fue una hazaña heroica de los “12 apóstoles” nos estamos haciendo un flaco favor que con todo respeto digo, no nos estará ayudando en la comprensión que en conjunto nos urge encontrar, para resolver o hacer frente a lo que hasta ahora pareciese ser una ley respecto a todo proceso revolucionario: se hace, tiene su gran auge y luego se estanca para más adelante terminar pereciendo.

El proceso bolivariano parió su gran liderazgo, el cual lo encarnaba Hugo Chávez, a quien respecto a lo que venimos planteando le cabe una enorme crítica en toda la línea. Primero que el relacionamiento internacional a nivel de pueblos de forma directa fue una quimera, después menos podíamos esperar algo con tal perspectiva teniendo como canciller a Nicolás Maduro, de igual manera no podíamos esperar que saliese algo con criterio autónomo, crítico y de clase, desde instancias como el foro de Sao Paulo, entre otros.

La verdadera defensa del proceso bolivariano pasaba por la conciencia de los pueblos del mundo, preservando y desarrollando la solidaridad internacional de los trabajadores, a lo que no le sumaba precisamente, ubicarse con Gadafi o Bashar Al Assad, una vez que se había desarrollado los procesos en la llamada “Primavera Árabe”, sin ningún debate real y democrático o diciendo que Alexander Lukashenko era un gran camarada.

Que en la convocatoria a construir un nuevo referente político aparezcan los nombres de Ana Elisa Osorio, Oly Millán, Héctor Navarro, Gustavo Márquez o Cliver Alcalá, tiene un grandísimo valor a partir del hecho que expresa que no se puede construir lo nuevo sin nada de lo anterior y ese anterior viene a mostrar que no todo fue corrupción ni descalabro y que la reflexión y la discusión política que han venido desarrollando los compañeros han permitido consolidar una síntesis que es señal para todos los pueblos del mundo.

Cada medida que toma el gobierno que encabeza Nicolás Maduro, como esta reciente de los billetes de 100 bolívares, sirve para desatar el fenómeno chovinista y xenófobo, en este caso particular hacia los colombianos. La ausencia de debate político lleva a la equivocada interpretación de que cada colombiano es igual a las mafias y hasta a considerar que efectivamente los colombianos son los responsables de nuestros males. Es el resultado de la falta de un proceso reflexivo crítico y autocritico, así como de falta de democracia para abordar cada tema de intereses nacional, cuestión que la burocracia sabe trabajar muy bien.

Se ha dado un paso al frente en la tarea enorme de construir un instrumento político que en su composición debe reflejar toda esa riqueza que ha de ser nuestra diversidad. El doble filo al que me refería más arriba tiene que ver con el desprestigio del que son receptáculos las direcciones políticas llamadas de izquierda, entre ellas el PSUV-Gobierno,  y siendo desde aquí, el mismo país en donde todo comenzó en 1989 con la gente en la calle, de donde irrumpe este emprendimiento que debe hablarle, incentivar, encontrarse y organizarse con todos nuestros pueblos hermanos, dejemos bien claro de una vez que además de ser democrático, amplio, critico, anticapitalista, antiimperialista, ecologista, el nuevo referente debe ser también profundamente antiburocrático e internacionalista.



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Gustavo Martínez Rubio


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