Néstor Francia: Chavismo crítico y disidencia

Muy interesante la carta abierta que le dedica Néstor Francia a los compañeros de la llamada “Plataforma por la Defensa de la Constitución”, como se hicieron llamar los chavistas que hace poco llamaron a impulsar el referendo revocatorio, encabezados por “Marea Socialista”, Cliver Alcalá, Héctor Navarro, Ana Elisa Osorio, Gustavo Márquez, entre otros. Es interesante porque logra elevar el nivel del debate por encima de la escalada de acusaciones de traición, de lado y lado. Dice Francia que demasiados “traidores” aparecen hoy como epígonos del gobierno, personajes lamentables que han practicado el salto de garrocha una, dos y varias veces, por ejemplo Arias Cárdenas, Herman Escarrá, William Ojeda y hasta Aristóbulo, muy recordado todavía por aquellas lumpias que se habría fumado Chávez en persona. Hoy, los que están del lado del “chavismo crítico” pro revocatorio, no están “del otro lado”. Pueden volver a estar del lado del gobierno, razona Francia. Muy bien.

Francia recuerda, predeciblemente, su lectura de aquel ensayo de Mao sobre las contradicciones, muy leído en la izquierda de este país, allá en los 70, esa versión china de la dialéctica, que tiene más de política pragmática, que de dialéctica, pero es igual. Allí, el líder chino propone un procedimiento para jerarquizar las luchas, y distingue entre conflictos “antagónicos” y “no antagónicos”, distintos porque los primeros terminan cuando es aniquilado uno de los dos polos, mientras que los segundos pueden resolverse por la vía de la “persuasión”. O sea, que el conflicto del “chavismo crítico” con el gobierno, al cual le dedica muchas críticas, la mayoría justificadas, es “secundario”; porque el principal debiera ser la que hay con el imperialismo, el enemigo principal. Y esto lo habrían olvidado los compañeros “críticos”. Entendido.

Lo mismo se le podría decir a los epígonos del Gobierno-Partido-Estado-FFAA: la contradicción principal es con el imperialismo, no con el “chavismo crítico”. ¿Qué tal, Néstor, si enviarle al presidente Maduro un ejemplar del librito de Mao el cual seguramente leyó, o escuchó comentar, cuando militó en la Liga Socialista, organización que leía con tanta devoción al Presidente Mao, junto a una invitación al diálogo con el sector crítico del chavismo?

Yo, personalmente, no acompaño a los compañeros de esa “Plataforma por la Defensa de la Constitución” en el impulso al revocatorio. Pero sí defiendo el derecho de cualesquiera ciudadanos (incluida la MUD) que deseen hacer uso de ese mecanismo institucional, previsto en nuestra constitución, como innovación democrática y participativa. Por ello, cuestiono las declaraciones sistemáticas de Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez asumiendo ilegítimamente roles de miembros del CNE, negando absolutamente un mecanismo constitucional propuesto por el mismo Chávez, promoviendo el despido de los empleados que firmen, impulsando una persecución antidemocrática. También cuestiono las argumentaciones, tan estúpidas como autoritarias (mezcla de Gómez y Stalin), que dejan entrever y a veces hasta lo dicen expresamente, que el chavismo perdería cualquier elección, y por eso proponen estados de excepción para impedir cualquier proceso electoral, incluida la próxima de gobernadores, por ejemplo.

Desde hace tiempo (más de dos años) la cúpula chavista, que he dado en caracterizar como el Gobierno-Partido-Estado, ha desarrollado una política enfocada única y exclusivamente a mantener el poder, “como sea”, identificando funcionarios partidistas y burócratas de estado y gobierno, dando palos de ciego, extraviando las perspectivas de la transformación social. Por eso, no se tuvo política económica ante el desmadre, paralizados por el horror a que el aumento de la gasolina o la unificación cambiaria desatara un 27 de febrero. Por eso, se permitió la rebatiña de dólares hasta crear un monstruoso mercado negro. Por eso, no se hizo nada, o demasiado tarde, frente al contrabando y el “bachaqueo”. Por eso, hoy se terminó con una política que prioriza el pago de la deuda externa sobre la importación, con unas reservas internacionales por el suelo y el precio del petróleo continuando abajo en su rodada; por eso el “diálogo” con un sector empresarial mediano, el llamado al capital transnacional en el área petrolera y en las zonas económicas especiales; por eso el ecocidio del arco minero; por eso la nostalgia del capital privado en las empresas mal estatizadas, peor gerenciadas, no socializadas; por eso la protección de los personajes más tenebrosos de la corrupción en el área de alimentos, de las importaciones, del control de cambios. Por eso Ramos Allup es el futuro de Héctor Rodríguez, porque el Partido se parece cada vez más a la Acción Democrática de Lusinchi, con todo y carnet. Y el gobierno es cada vez más militar que civil, porque creen, como Gómez, como Pérez Jiménez, que el único sector de la sociedad venezolana que entiende de disciplina y orden es el militar, y no hay manera de entender las intrincadas divisiones y subdivisiones de equipos como se “desorganiza” el gabinete más numeroso, pesado y burocrático de todos los tiempos.

Y todos esos errores (y un largo etcétera), graves, gravísimos, se encubren con un discurso ultra televisado, sobreexpuesto mediáticamente, o sea, fastidioso, vacío, ceremonioso, ritual, cuasi-religioso que tiene entre sus motivos reiterados el de los traidores. Porque no hay evangelio sin traidores. Esto también habría que decirlo, compañero Francia. Y que esa mentalidad idiota e ignorante se expresa, sea dicho de paso, en esas cuñas apologéticas, en las que colocan al respetado poeta Pereira con el Teresa Carreño y Beethoven de fondo, desconociendo que su tarea poética principal fue con los indígenas de esta tierra, y a Britto García, con una nutrida biblioteca clase media, reproduciendo la visión más tradicional y burguesa de los intelectuales ultra tradicionales, cuando el maestro narrador exploró desde la ciencia-ficción hasta la fantasía más alucinante.

Pero lo peor viene después, Néstor. Ya en este país ni el gobierno ni la oposición respetan las instituciones. De ambos lados, se piensa en la Constitución tan solo como un recurso, entre otros, de hacerse con el poder o aferrarse a él. Del lado del Estado-Partido-Gobierno-FFAA se ve con desprecio esas instituciones “democráticas-burguesas”; del lado de la oposición, en la medida que no funcionan o evidencien el control férreo de un partido sobre toda la institucionalidad, se justifica el descrédito, que ya huele a deslegitimación, muy parecida a la habida en 1998 con la de la IV República. Por eso, algunos, tal vez desesperándonos, ya vemos una nueva Constituyente en el horizonte…



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Jesús Puerta


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