Entre rebeldes, revolucionarios y reformistas

El proceso revolucionario bolivariano está salpicado de situaciones y de personajes que, a veces, obstaculizan el avance seguro hacia su consolidación y, aún más, el protagonismo y la participación del pueblo en la toma de decisiones y en la contraloría social de la gestión pública. Esto permite que la minoría disociada de la oposición confíe todavía en recuperar el poder, ya que explotan el sentimiento de frustración que pudiera albergar el pueblo hacia este proceso, contabilizando las deficiencias gerenciales producidas en cualquier nivel del Estado. Asimismo, muchos grupos e individuos identificados con el liderazgo de Hugo Chávez han tenido que enfrentarse a quienes, ubicados en las esferas de gobierno, siguen manejando los asuntos del Estado de la misma manera que lo hicieran los partidos tradicionales del Pacto de Punto Fijo. En medio de ellos, se encuentran las masas populares atendiendo principalmente la voz del máximo líder del proceso bolivariano, Chávez, lo que crea un pugilato entre muchos de sus seguidores regionales y locales por ser favorecidos por su apoyo y por su imagen en todos los comicios que se organizan.

Esta singularidad del proceso revolucionario bolivariano no es ninguna novedad. Ya otros procesos revolucionarios en el pasado tuvieron que vivir enfrentamientos entre reformistas y revolucionarios, quienes se enzarzaron en una lucha, en algún momento, violenta, por imponer sus puntos de vista y desplazar a la cohorte gobernante. Por lo tanto, quienes no asimilan la idea de que haya dicha confrontación, olvidan que no se trata simplemente de cambiar un estilo de gobierno, sino de producir una revolución en Venezuela, quizás no de la misma manera como se produjeron algunas en el pasado, pero si igual en las intenciones de lograr una transformación radical de todo el orden social. De ahí que existan grupos rebeldes que no aceptan que, en nombre de la revolución bolivariana, se imponga el reformismo, dejando todo igual a como era durante el puntofijismo y negando en la práctica los lineamientos estratégicos emitidos por el Presidente. Ante ello, estos rebeldes han coincido en la necesidad de la organización y del debate ideológico como primeros pasos para combatir al reformismo en todos los frentes posibles. Tal coincidencia ha sido combatida por los reformistas, echando mano a la descalificación y al insulto, pero sin presentar batalla en el campo ideológico o de las propuestas de cambio estructural, ateniéndose al poder que ahora poseen y a la vieja cultura política clientelar bajo la cual se mantiene un grueso sector de la población venezolana. Sin embargo, es el mismo Chávez quien estimula tal rebeldía al demandar una revolución dentro de la revolución y el ejercicio de la democracia participativa por parte del pueblo, aunque sus principales soportes político-partidistas hagan caso omiso de sus exigencias, afectando la socialización del poder y el impuso que le pudieran imprimir al proceso bolivariano las masas populares.

Frente a ello, los revolucionarios comprenden la necesidad de profundizar la búsqueda del cambio estructural y una nueva conciencia social, teniendo como principal elemento al pueblo mismo. En este sentido, es significativo que esta realidad está cundiendo por todas las regiones de Venezuela, planteando nuevas situaciones al proceso revolucionario bolivariano, lo cual podría provocar que el reformismo instaurado con nuevos ropajes en los distintos niveles de gobierno comience a ser reemplazado por revolucionarios de clara intención de cambio, sin asumir los mismos esquemas de conducta puntofijistas de los cuales hacen gala algunos chavistas en cargos de elección popular. No obstante, existen individualidades que sólo quieren un pase de factura, cuando lo relevante es luchar mancomunadamente por propiciar realmente un cambio revolucionario en el país, sin ambiciones egoístas que terminen por abortar todo lo logrado en estos últimos siete años de gobierno de Hugo Chávez, haciendo de este la vía idónea, o por lo menos, una de las vías idóneas, para hacer la revolución. Entretanto persista tal actitud, el reformismo seguirá imperando, a pesar de los esfuerzos del Presidente y de la identificación emocional que sostiene el pueblo con éste.-


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Homar Garcés


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