Venezuela es un escenario patético de la crisis histórica que atraviesa la humanidad.

Base de operaciones

Pareciera que no me he equivocado cuando en diversas ocasiones he afirmado que la humanidad atraviesa una crisis histórica, tal como la define José Ortega y Gassett. Nadie se atreve a emprender un dialogo constructivo, o a debatir racionalmente sobre visiones encontradas en relación con el comportamiento de la realidad. Ni siquiera se recurre a la guerra como alternativa a la política. Sólo la descalificación personal, o la de los diferentes movimientos que se atreven a contradecir la estructura de poder establecida, o el uso indiscriminado del terrorismo, son los instrumentos dentro de la lucha por el control del poder, teniendo como fin su mero ejercicio brutal. No hay ascenso humano, como reducción de la pobreza y la miseria. Se podría decir que es el triunfo de las fuerzas conservadoras, favorecedoras de la vigencia del empuje de la inercia. Pero ello no refleja la situación. Hay un consenso relacionado con la necesidad de la propulsión del desarrollo científico-tecnológico, cuyo efecto inmediato es el cambio en la naturaleza de las relaciones sociales. Pero pareciera que también lo hay, en cuanto al mantenimiento de la estructura de poder establecida. Son dos tendencias que se anulan mutuamente. El avance técnico de la humanidad, que transforma el modo de producción, se invalida con unas instituciones que contienen las mutaciones sociales. Y en ese punto muerto, no surgen las nuevas concepciones que permitirían la reingeniería social y política, y los viejos establecimientos se desvanecen por inoperantes.
Si en algún lugar esto es patético, ese sitio es Venezuela. El ascenso al poder de un movimiento de transformación social, sin dudas resultado de la revolución científico-tecnológica, especialmente la ocurrida en las comunicaciones y la información, se ha encontrado con la férrea resistencia de las anacrónicas y disfuncionales corporaciones y organizaciones ilegitimadas por la mayoría de los miembros de la sociedad. A cuya acción se suma la estructura internacional de poder. El movimiento de cambio se torpedea, colocando en crisis las posibilidades de ascenso humano del colectivo. Por una parte, se intenta acorralar las fuerzas innovativas, mientras por la otra, las “instituciones de orden” se degradan, para convertirse en agentes de los intereses privativos de sus integrantes más poderosos. El caso de los partidos; sindicatos y corporaciones; la iglesia; y, las ONG, es dramático. Buscan descalificar, y hasta intimidar, la dirigencia revolucionaria, mientras provocan respuestas en la misma dirección, al tiempo que sus propias conductas los desprestigian. Allí se pierde la autoridad de unos y otros, teniendo como única respuesta la anarquía y la anomia de la sociedad en su conjunto De allí que ni la libertad ni la seguridad tengan espacios para garantizar el desarrollo político-social de la nación. Todos pierden. La mejor definición de la estupidez colectiva.

alberto_muller2003@yahoo.com


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Alberto Müller Rojas*


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