Teoría de la humildad

El hombre necesita fortalecer su confianza; ésta va creciendo con la experiencia de la vida y el aprendizaje diario; la confianza de caminar erguido, a paso firme; eso no implica que no tengamos humildad o sencillez, la humildad no está reñida con tener seguridad plena nuestros valores y en tus propias decisiones para desenvolvernos en sociedad. El exceso de confianza nos hace soberbios, arrogantes, despiadadamente ciegos ante la realidad, porque todo lo vemos en razón de nuestro propio espejo y terminamos siendo los único con ideas y tentáculos de saber, en un mundo artificial creados por nosotros mismos. Eso sí, en ocasiones es necesario dejar salir esa arrogancia para imponerse ante otra que nos agrede, porque nadie tiene el derecho de minimizar a nadie, menos subestimarlo y designarle calificativos despectivos y maliciosos.

En el ámbito universitario, institucionalmente me refiero, es un espacio muy ganado para entorpecer esa humildad; dado que hay un culto a la idolatría, es muy difícil erradicar esas acciones humanas que hacen de los hombres seres mínimos e intrascendentes. Se suele decir: “con la cabeza sobre los hombros y los pies en el suelo”, para designar el papel verdadero que cada uno de nosotros debería tener en el tránsito por la vida; pensamos que para crecer es necesario resguardar lo que conocemos y no entendemos que el crecimiento se fortalece y proyecta, en la medida que compartimos conocimiento y nos acercamos a nuestros semejantes con la idea clara de que no lo sabemos todo, que no somos los únicos que llevamos razón, de este modo entenderemos, cada día, que es muy importante abrir los ojos, los oídos, todos nuestros sentidos, para observar y escuchar el aliento en cualquier palabra, en cualquier gesto o en cualquier movimiento,  absorbiéndolo y aumentando las habilidades y destrezas para enseñar y transmitir parte de nuestras creencias y culturas. ¿Es negativo creer o asumir nuestras creencias como válidas? En absoluto, es necesario confiar en nosotros mismos, pero respetando las creencias y el sentir de los demás. El humilde no se queda segundo plano, no es malo estar al frente de tus sentimientos y de tus ideas, se hace necesario resaltar los valores, creando un equilibrio entre lo conocido y lo por conocer, eso es humildad.

Ahora bien, articular esa humildad implica establecer criterios de modestia, pero no hay que ser exagerados con ella, debe imponerse la confianza y la plenitud de valores que hagan madurar al ser humano, valores que trasciendan el espíritu y no que lo opaquen o minimicen. Ahora bien, intentar definir la humildad de manera integral y holística, es imposible. Porque la humildad no es un concepto, es una conducta.

La humildad es un modo de ser, un modo de vida; es una virtud entre virtudes, la más noble del espíritu. Los seres que carecen de humildad, carecen de la base esencial para socializar exitosamente; las cualidades sin humildad, representan lo mismo que un cuerpo sin alma; la humildad implica fortaleza, plenitud hacia lo humano.

En las Sagradas Escrituras, la humildad aparece reflejada en varios apartes de los libros de los apóstoles. En el primero de Pedro 5:5, “Revestíos de humildad hacia los demás, porque Dios resistea los soberbios y da gracia a los humildes…” Según esta cita, Dios dice que cuando se es humilde, se es libre de orgullo y arrogancia. La humildad divina es estar a gusto con lo que eres en el Señor y por lo tanto poner a otros primero; el sentido de humildad en la Biblia es uno de amar a otros, no siendo débil.

En Filipenses 2:3., se lee: “No hagan nada por egoísmo o vanidad, sino con humildad consideren a los demás como superiores a sí mismos”…y en 2:5-8., “Él, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa ha que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Más aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz…” Por su parte, en Proverbios 15:1, se dice que: “Puedes desactivar los argumentos cuando eres humilde y no tienes que ganar cada discusión. La blanda respuesta quita la ira, más la palabra áspera hace subir el furor”.

También en Efesios 4:29, se dice: “Tu puedes hablar con cortesía y con amor, independientemente de la situación, incluso si tienes que ser firme o tomar acciones fuertes. No permita que ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino lo que es útil para la construcción de otros de acuerdo a sus necesidades, que puede beneficiar a aquellos que escuchan”. Es decir, cuando nos humillamos, nos sentimos fuertes en el Señor; no se necesita estar a la defensiva, porque cuando escuchamos como creyentes al Padre, él dice que se debe examinar los motivos y actitudes. Y en Mateo 21:12 y Marcos 11:15-16, dice: “Jesús fue humilde de espíritu, sin embargo, corrió a los cambistas del templo”. Y éste es un ejemplo de que la humildad no es sumisión ni entrega de nuestros principios y deberes.

A grandes rasgos, la humildad viene del antiguo alto alemán diomuoti, que significa voluntad de servicio, que en realidad es una mentalidad de siervo, y fue desarrollado por Martín Lutero para traducir la Biblia expresiones tapeinophrosyne (griega) o los de América, traducción humilitas utilizados; en el contexto cristiano es la actitud de la criatura, en analogía del Creador de la relación de siervo del Señor. De forma más general, la humildad es la "virtud, que pueda surgir de la conciencia de retraso infinito detrás de la búsqueda de la perfección (Dios, moral modelo ideal, lo sublime); es también la renuncia en la visión de la necesidad justificada y la voluntad de aceptación de las condiciones en el contexto de la vida. El filósofo alemán Immanuel Kant (1724-1804), trató de descristianizar la humildad y la definió como el “…sentimiento de confianza y de baja capacidad de su valor moral en comparación con la ley es la humildad (humilitas moralis)”; y el también filósofo alemán Friedrich Nietzsche (1844-1900), expresó que la humildad es uno de los ideales peligrosos, difamatorio detrás de la cual la debilidad y la cobardía, la piel, por lo tanto, la entrega a Dios; en el contexto de estos filósofos la humildad es una actitud de verdad ante la realidad, pero de la cual no deberíamos depender. La humildad es una virtud de realismo, consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones e insuficiencias y en actuar de acuerdo con tal conciencia.



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Ramón Eduardo Azócar Añez

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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