¿Que la vaina está dura con Maduro? Imagínate si gobernara la derecha

Personas de alta estima y de mucha influencia emocional en mi han estado acusándome de demasiado optimista, iluso y extremista cuando argumento una explicación del porqué sigo siendo orgullosamente chavista y apoyo con tanta vehemencia al gobierno del presidente obrero Nicolás Maduro a pesar de mis profundas y constantes críticas, sin embargo, me cuesta entender como camaradas disciplinados y formados ideológicamente han llegado al pesimismo y a la desmovilización y los exculpo por ser victimas de la explotación de miedos y ambiciones sembrados por toda una vida expuestos a la “cultura” consumista, depredadora y alienante a través de un sistemático ataque o guerra de cuarta generación que aprovecha los errores u omisiones de la revolución para exacerbar estos miedos y ambiciones y usarlos en su contra, atacando principalmente a las mujeres venezolanas corazón y alma de este proceso, ella la que soporta más las presiones del día a día en los quehaceres y necesidades del hogar y a su vez la que culturalmente ha sido más bombardeada psicológicamente con prejuicios y antivalores capitalistas como los conceptos de belleza superficial y “calidad de vida” basada en lo material, en el tener.

Empecemos por el final imaginándonos que sería de la economía popular si un gobierno de la derecha (Socialdemócrata, centro o ultraderecha) estuviera gobernando a Venezuela en este escenario coyuntural en el que se han disminuido los ingresos en divisa en más del 50% en los últimos 5 años por la caída de los precios del petróleo, considerando que somos un país rentista que subsiste de la importación de la mayorías de sus bienes y servicios más elaborados, modelo que solo un gobierno de izquierda intentaría  realmente transformar ya que la derecha se sustenta en la acumulación del capital y el modelo rentístico es mucho más lucrativo en ese sentido, razón por la cual en más de cien años los gobiernos anteriores impulsaron la economía de puerto únicamente interesada en hacerse de la riqueza petrolera extraída sin desarrollo de la productividad.

Lo primero que haría el supuesto gobierno sería acudir al FMI o al BM a solicitar créditos para poder mantener los niveles de importación, especialmente los que “motorizan” la economía capitalista como los vehículos, sus partes, maquinarias, electrodomésticos, piezas, partes, productos o insumos de alta rentabilidad (nada que ver con la necesidad básica del pueblo). Como condición este les entregaría la misma receta que le dan a todos los países: reducción del gasto público (Educación, Salud, deportes, viviendas populares, alimentación, cultura y cualquier otro gasto “improductivo” para el capital), reducción de los puestos de trabajo, aumento de la edad para pensionados y reducción de las pensiones, congelación de sueldos y salarios, liberación de los impuestos y las tasas de interés, desnacionalización de los principales recursos naturales y servicios público como la electricidad, el agua, la telefonía entre otras, liberación del dólar el cual no cesaría de subir gracias a la baja en los ingresos de divisa causando un hiperinflación general incluyendo los productos de la cesta básica los cuales aparecerían como por arte de magia.

Solo basta ver lo que le exigieron a Grecia, España e Italia por un préstamo de auxilio financiero para salvar a sus banqueros en quiebra por culpa de malos manejos de las finanzas capitalistas (por eso es que dicen que el capitalismo es eficiente porque su errores siempre los termina pagando el pueblo quien es el único que no recibe auxilios aunque es el propietario legitimo de la riqueza de su país).  En estos países se aumentó la edad para la jubilación, se redujo la nómina de las empresas estatales y privadas hasta elevar el desempleo entre el 20 y 30% de la población activa, se redujo el sueldo de los empleados estatales, se registró inflación histórica para esas economías, tan solo en España “echaron” de sus viviendas a más de 700 mil familias en el mismo tiempo que le ha tomado a la revolución venezolana entregar al pueblo un número irónicamente similar de viviendas de interés social.

Para los que no les gusta que nos comparemos con otros países les recordaremos el pasado reciente en nuestro país en una situación de caída de los precios del petróleo como la del quinquenio de Rafael Caldera II, un gobierno que por haber ganado en base al “Chiripero” con partidos autodenominados de izquierda podría evitar ser llamado de ultra derecho o neoliberal. En ese período la inflación promedió del 59,4% anual con un pico de 103% en el año 1996 (70,8 % en 1994; 56.6% en 1995; 103,2% en 1996; 37,6% en 1997 y 30 % en 1998), el desempleo registrado fue superior al 16% considerando entre los empleados a más del 55% del sector informal de la economía, ese que llamamos “buhonero” y que hoy se ha reducido a menos de la mitad con una tasa de desempleo general inferior al 7%.  Los salarios estuvieron congelados durante casi todo el quinquenio provocando la depauperación del salario, se paralizó la inversión en salud, educación, deportes, cultura y alimentación, se eliminó la retroactividad en las prestaciones, se decretó la desaparición del seguro social y pare usted de contar.

Claro nuestra adorable clase media, la única que medio tenía acceso a los medios de comunicación y a las decisiones gubernamentales no se quejaba mucho porque nunca les faltó la posibilidad de comprar el carro, electrodomestico, televisor, computadora, sonido, juguete del momento y de sus sueños, nadie les trunco su “maravilloso derecho” a disponer de lo mejor de lo mejor, a poder hacer uso de la divisa cuando y cuanto quisiera, a vivir su sueño de superación, de vivir mejor, de calidad de vida basado en el tener y no en el ser. Aunque en ese período se empobreció como nunca, la clase media no huía masivamente del país porque seguía viviendo de la ilusión de poder vivir como ricos algún día, el sistema se encargaba de mantener esa esperanza viva, de que olvidara el mandamiento de amar al prójimo como a ti mismo y redujo el prójimo solo a sus hijos como si su vida fuera independiente de la sociedad en que vive e ignorara que la pobreza alcanzaba el 60% y la miseria casi la mitad, que los más pobres  día a día se hacían más pobres.

Por suerte el gobierno del presidente Maduro aun con una profunda crisis económica producto de la baja de los precios del petróleo y del feroz ataque de la derecha nacional e internacional que intenta aprovecharse de la peor circunstancia que le ha tocado pasar a la revolución bolivariana, sigue privilegiando la inversión social con el inevitable costo político de tener que sacrificar importaciones necesarias pero no vitales para las mayorías, pero sin el temor a inventar estrategias económicas diferentes al capitalismo para poder obtener resultados diferentes.

Dudo que nuestra “clase media” confundida y contaminada con los antivalores del individualismo, la ambición material, el consumismo y la “supervivencia del mas apto” pueda aceptar estas dificultades sin defender sus privilegios, influenciando y arrastrando buena parte de los grupos más pobres pero aspiramos a que la clase más desposeída, la que lucha por salir de la exclusión, por garantizar las condiciones básicas de subsistencia como alimentación, educación, salud, buena recreación y vivienda y requiere de la mejor redistribución de la riqueza del país por parte del gobierno, acompañe masivamente al proceso revolucionario, único capaz de tomar las decisiones teniendo como premisa la satisfacción de las necesidades de todos incluyendo a los más pobres en condiciones de igualdad.

Solo el pueblo salva al pueblo por eso aun sobre las dificultades debe identificar claramente al verdadero enemigo para no darles oportunidades de que regresen al poder al mismo tiempo que se organiza y lucha para exigirle al gobierno del camarada Maduro que atiendan eficazmente los desaciertos y omisiones en la lucha por una economía productiva y popular, en acabar con la corrupción y el burocratismo y las prácticas capitalistas en nuestras organizaciones sociales, políticas y gubernamentales que terminan creando nuevos privilegios y desterrando a los verdaderos luchadores por la transformación social, a los constructores de la patria buena.



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Noel Peralta Barreto


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