(Quiebra del Estado moderno en materia de seguridad ciudadana)

La Indefensa Pequeña Propiedad Privada

Tradicionalmente y desde el último tercio del siglo XIX, decir Socialismo o Comunismo ha sido sinónimo de terror por la posible confiscación gubernamental o por saqueo popular de la propiedad privada. Sólo los entendidos e intelectualmente capacitados han podido distinguir a cual tipo de propiedad se refieren esos novísimos e inaplicados sistemas de vida, salvedad hecha de los casos de la URSS, Cuba y Chile, aunque el Socialismo ha sido aplicado parcialmente con éxito en Gran Bretaña en materia de salud pública, por lo menos, sin que ningún aburguesable médico chille ni cite esa realidad imperante en el país pionero y cabecilla del capitalismo internacional.

Ha sido una constante la feroz represión de todos los intentos socializantes en el mundo, a tal punto que el Capitalismo se salió con la suya al derribar una estructura socialista de gran envergadura y semiuniversal como lo fue la URSS. En los demás países pertenecientes a la esfera imperial asiaticoamericoeuroafricana hasta la formación de partidos políticos minoritarios de corte socialista son mantenidos a raya, y las campañas mediáticas del propio poder capitalista se encargan sostenidamente de su desprestigio prematuro, sin que ningún trabajador medio termine comprendiendo ni conociendo concienzudamente qué es el Socialismo ni qué, el Comunismo.

Nos toca explicar que en el régimen burgués, como en todos los anteriores regímenes de explotación practicada por unos pocos sobre las mayorías trabajadoras, se ha dado dos tipos de propiedad privada:

1.- La propiedad privada de los principales medios de producción: la tierra, la gran maquinaria industrial, el capital dinerario, galpones, materias primas acaparadas, y ejércitos bien dotados de armamentos listos para sofocar cualquier rebelión popular que quiera cambiar el status burgués. Aclaramos que esta es la única propiedad privada que sería confiscable por un gobierno que decida socializarse, y

2.- La pequeña propiedad privada consistente en una que otra casa, un vehículo adquirido al oneroso precio crediticio, unos enseres, un modesto vestuario y unos ahorros imprescindibles para la contrata emergente de servicios públicos sanitarios y educativos o/y para enfrentar la amenaza de los constantes despidos laborales que son tan inherentes al sistema de producción burgués. Una pequeña propiedad que sólo disfruta una reducida parte de los asalariados y artesanos del sistema, porque las grandes masas de trabajadores se hallan recicladamente desempleadas o marginadas de toda posibilidad laboral.

Entonces, tenemos dos tipos de propiedad privada, pero sólo la primera está constante y fuertemente garantizada por la policía nacional, estadal y municipal, es decir por el ejército y demás gendarmes que son presentados legalmente como custodios de la soberanía popular, de las fronteras patrias y demás falsos roles que se le atribuyen para disfrazar su verdadera misión, cual es garantizar la propiedad privada del mediano y gran industrial.

La segunda propiedad, muy por el contrario, se halla completamente desamparada, los gobiernos de hecho se han declarado en quiebra absoluta para combatir el hampa menor y mayor, y los trabajadores, además de la explotación que sufre por parte del dueño de la gran propiedad privada, están sometidos a arrebatones, robo de vehículo, a saque de sus enseres y perder la vida misma en manos de gatillos alegres policiales y hamponiles.

Por eso decimos que la única propiedad intocable por un sistema socialista, como es la pequeña propiedad privada, se halla indefensa, no cuenta con un Estado que la proteja con eficiencia y eficacia, habida cuenta que toda la capacidad policial protectora del país burgués está concebida y montada para la defensa de la propiedad mayor. Y paradójicamente, esta indefensión de la pequeña propiedad privada no es protestada por sus propietarios, quienes, más bien, se suman a la defensa de la gran propiedad que en sí misma está sobreprotegida por el Estado.



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Manuel C. Martínez M.


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