¿Qué tal, si nos desmitificamos para ir cambiando?

¿Por qué, somos críticos, incrédulos, recelosos, ante cualquier oferta efectiva que nos hace la revolución, y por el contrario, cualquier descalificación propalada por los mentirosos tradicionales de la oposición contra la revolución y el gobierno nacional, inmediatamente se riega por todo el ámbito nacional, como si fuera una incontrovertible verdad? Porque desde 1492 estamos siendo invadidos conquistados colonizados y paralelamente asesinados física y espiritualmente.

De este largo tiempo, solo puede hacerse abstracción del lapso que inicia en 1998 con la victoria de la revolución de la mano y el genio del Comandante Hugo Chávez, no quiere decir esto que en estos momentos no estemos siendo víctima de la invasión, solo que ahora ha sido un intento fallido unas veces, pero, otras ha tenido éxito por la falta de conciencia patriótica y socialista de un sector grueso de la población, con la ventaja para nuestro propósito, que son una minoría quienes acatan las inducciones a la violencia, no obstante, en las dos últimas elecciones, han sido muchos los de ellos que votaron contra nuestra revolución.

Durante mucho tiempo la campaña silenciosa pero efectiva que nos ha ubicado a los venezolanos como ciudadanos incompetentes, vagos flojos irresponsable con nuestra familia, y cualquier otra descalificación, ha tenido tanto éxito, que hubo una época en la cual hasta nosotros mismo nos descalcificábamos, y asumíamos con resignación que los venezolanos no servíamos para nada, claro que, ello se refiere a venezolanos excluidos, porque quienes afirmaba eso, eran precisamente unos privilegiados.

Esto es tan cierto, que en los años anteriores a la década de los sesenta, cuando la mayoría de los inmigrantes venia de Europa, aun cuando esa migración ha continuado pero con menor intensidad, estos europeos aun cuando venían porque estaban pelando un cable venían imbuidos de un complejo de superioridad, por ello, ya tenían internalizado que quienes estábamos aquí, quienes habíamos nacido aquí, íbamos a servirles de peones para producir sus riquezas, desgraciadamente no se equivocaban en esa apreciación, el problema era que quienes promovían auspiciaban y motorizaban esta inmigración, le pintaban a ellos el panorama disminuido de la patria, como si ellos fueran la solución a nuestros problemas de desarrollo.

Es así como estos señores tuvieron oportunidades que no tuvieron nunca nuestros conciudadanos, y hoy ello lo pueden ver plasmado en una grosera realidad… Por ejemplo, cualquier venezolano nacido en el seno de familias humildes en el año 1950, hijo de padres venezolanos de por lo menos cinco generaciones, que contaban en esa época, con un entorno familiar amplio, que hablaban el mismo idioma, que tenían las mismas costumbres y eran “dueños” del país. Ello lo podemos contrastar con el hijo de cualquier inmigrante llegado entre 1940 y 1950, con una situación sumamente desmejorada, pobre, sin dinero, sin propiedades, sin tierras, sin familia y probablemente enfermo, sin conocer el idioma muchos de ellos.

Entonces, como se explica que 30 años después el hijo del humilde si ha llegado lejos es en la carrera de la pobreza, y es en esta época en el mejor de los casos un obrero especializado en oficios como plomería electricidad jornalero, en suma, es la mano de obra secular y consumidor cautivo. Y, por el contario el hijo del otrora inmigrante, entonces es el dueño de empresas de cualquier tipo y propietario de los bienes más importantes y costosos de la región.

Eso se debe al esquema de vida que se nos ha impuesto a la fuerza: Que según la lógica imperial, nosotros, por ser naturales de territorios sujeto a la conquista, la dilapidación y la colonización, estamos destinados a cumplir dos asignaciones en la vida por interés de los imperios hegemónicos: ser mano de obra segura, barata y consumidor disciplinado. Por otro lado quien viene de fuera, ya tiene internalizado, que su posición histórica es ser propietario de todos los bienes de producción de distribución, de transporte, y el expendio en sus dos modalidades al mayoreo y al detal, o sea las actividades más productivas de la cadena económica inherente a la lógica capitalista. Agregamos a ello, la predisposición al derecho sobre todos los haberes del Abya Yala -nuestro continente-, por el solo hecho de formar parte de una etnia que se asume como hegemónica en el planeta.

Existen muchos ejemplos de esta situación, que nos ha tenido amarrados a la carreta de la pobreza y el abandono. Aun cuando muchos de ellos, pudieran decir, que aman esta tierra, que la han hecho su patria. Pero, es cierto que siempre sus ojos sus añoranzas y sus ilusiones están en la tierra que los vio nacer, es por ello que cuando llegó la revolución, muchos descendientes se fueron de la patria, no porque les iba mal, sino porque la revolución le tocaba el privilegio de creerse dueños de todo lo que hay encima y debajo de esta tierra, fue el peligro de perder la hegemonía, ello es una actitud bárbara que nos ha excluido y esclavizado a los naturales de nuestro Abya Yala durante 521 años.

Hoy, esa situación ha comenzado a revertirse, hoy el gobierno revolucionario empodera al pueblo, aunque, soportando saboteo y descalificación. Hoy el ciudadano venezolano construye su casa, buena casa, con calidad y habitabilidad humana, hoy el venezolano internaliza su patria como suya, con sentido de pertenencia y responsabilidad por el desarrollo de la patria. Hoy, el pueblo acepta y practica la idea de construir otro modelo productivo que tenga al humano como centro y sujeto de su acción, no para producir riqueza para un grupo minoritario sobretodo inversionista dueño de capitales. Lo hace para proveerse, mediante la acción y dirección del gobierno revolucionario, de la mayor suma de felicidad posible, como lo preconizó nuestro Libertador Simón Bolívar.

Otra desmitificación que tenemos que enfrentar o asumir es la influencia de las religiones que nos han inducido desde 1492, hasta nuestros días, porque esas religiones, dogmas, ritos y sincretismos, solo sirven para ablandar nuestras conciencias. Funcionan como catalizador para acelerar el proceso de anulación de nuestra fuerza mental y nos hace presa del miedo, del fetichismo, de la superchería, mediante un enorme cantidad de chantajes emocionales, cuyo objetivo es inmovilizarnos, y convertirnos en seres sumisos y dúctiles, condición esta, que según los hegemónicos, nos permitiría acceder a una buena y feliz vida, pero, después de morir. Ese, sería el premio a tanto sufrimiento, -alguien que me convenza de lo contrario-.

Esta situación explica la aquiescencia por parte de algún sector grande de la población, de cuanto plan opositor, que promueva eventos catastróficos que desemboquen en un golpe de estado o una tragedia electoral. Estos hechos serían visto por gran parte de la población opositora disociada como un acto de justicia, porque este pueblo revolucionario tiene que ser castigado por no cumplir los preceptos dogmáticos del imperio. Por estos días, empeño de la oposición, está en la guerra económica, la cual aparentemente le está dando buenos resultados a nivel de opinión pública, pero en el extranjero. A lo interno, su cantidad de seguidores sigue siendo minoría, aunque su valor absoluto pareciera incrementarse en algunos sectores, que les eran ajenos.

Por ello pensamos que es necesario, ese proceso de desmitificación, para constituirnos todos los ciudadano venezolanos en un nuevo ser humano, deslastrado de tanta carga inmovilizante, no solo a la percepción del extranjero, sino a hacia nosotros mismos, que nos veamos dignamente categorizados en justicia. Debemos hacer que nuestro pueblo, no confunda el hecho, que ser acreedor de las ventajas que la revolución le ha concedido, signifique para él, un ascenso a la clase media, y que por ello, su nuevo estatus le exige ser escuálido, -se ven vainas-.

¡INDEPENDENCIA Y PATRIA SOBERANA Y SOCIALISTA!

¡VIVREMOS Y VENCEREMOS!

¡ABRACEMOS NUESTRA COSMOGONIA ORIGINARIA! ¡ES NUESTRA VERDAD!

¡CHÁVEZ VIVE!

¡LA PATRIA SIGUE!


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William Castillo Pérez


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