De burgueses y aburguesados

Normal que, popularmente, se utilice el concepto “burgués” para calificar a los capitalistas pero, raramente, nos adentramos al concepto referido en su contexto histórico para conocer, con propiedad, su real definición y su propio proceso histórico desde sus tiempos primarios hasta los actuales en realidades objetivas sean en procesos capitalistas como lo actuales de reingeniería del sistema capitalista como en procesos nacionalistas, reformistas e incluso en escenarios que se autodenominan como revolucionarios considerando, al tiempo, que el propio concepto “revolución” se ha adaptado a cualquier situación cuando las ideologías buscan convencer, en justificando, las propias realidades que viven los seres sociales. Es decir, tendríamos, entonces, dos (2) conceptos: burguesía y revolución que se retroalimentan socio-económicamente en los procesos de cambios perfectibles actuales de la Historia de la Humanidad.

Pareciera que nos cuesta comprender y aceptar realidades que se expresan, inevitablemente, en los procesos sociales de permanente crecimiento y transformación siempre considerando los efectos objetivos de las transformaciones en el campo de la ciencia y la tecnología a futuro que, repetimos, como muchos, Carlos Marx nunca pudo considerar en sus tiempos londinenses de tiempos manchesterianos y de expansión imperialista británica. Ello implica que un proceso de cambios nacionales que afectan la estructura como podrían afectar la superestructura serán objeto de análisis según nuestra propia cultura y educación intelectual buscando considerar, en todo momento y escenario, que la Historia tiene sus propios tiempos que ni pueden ser acelerados aunque sí desacelerados temporalmente pero, inevitablemente, en continua evolución social y económica de perfectibilidad. Nos explicamos.

En una serena y objetiva reflexión sobre el concepto “burgués” debemos trasladarnos a aquellos tiempos de la Edad Media cuando por realidades concretas (caso: Reconquista) se iban construyendo “pueblos de frontera” encercados por murallas que permitieron el desarrollo del urbanismo y el desarrollo de clases sociales según sus laburos respectivos: maestros de obra (catedrales), herreros, cambistas con sus bancos colocados en la plaza principal del “burgo” (como fueron denominados), ferias, autoridades mientras que en los exteriores del burgo, fuera de las murallas, vivían y convivían los factores sociales dedicados a los desarrollos agrícolas como bases fundamentales para la alimentación de los “burgueses” incipientes. Esa es la realidad histórica de los principios del concepto “burgués” con los correspondientes respetos a los “burgos alemanes”.

La acumulación fue permitiendo las transformaciones sociales junto a los desarrollos de la Ciencia y la Tecnología que, en los tiempos históricos, nos llevó al Renacimiento que nos muestra los principios de las ciudad-estados y la agresividad de un sector social dedicado a las importaciones, los mercados y las incipientes bolsas de productos venidos de “lejanas tierras”. Es verdad que convivían asimetrías sociales cuando los burgos medievales seguían teniendo sus importancias en la península Ibérica frente aquellas ciudad-estados como Génova, Florencia, Venecia, solo por mención. El tráfico naviero, las mercaderías y el comercio exterior florecían en el Mediterráneo. Los comerciantes-importadores, gracias a las realidades de las ciudad-estados, se transformaban en sus conciencias y sus aspiraciones que iban más allá de las estéticas hacia las aspiraciones que implicaban la nueva superestructura de aquel presente. Las sociedades cambiaban caminando a ejercer sus influencias “tierras adentro” del continente europeo afectando las estéticas y las estructuras económicas heredadas del Medioevo y desarrollando, subrepticiamente, las contradicciones entre el Poder y el poder económico. La Europa de las “testas coronadas” caminaba, sin percibirlo, hacia la Revolución Francesa.

Pero ¿quiénes, realmente, participaron en dicha revolución? Irónicamente, Dale K. Van Kley nos enseña sobre la participación de lo religioso en la ya famosa revolución (“Les origines religieuses de la Revolution francaise”. Éditions de Seuil. Paris, 2002, pp. 577) Una interesante descripción de la Comuna de París por H. Prosper-Olivier titulado: “La Comuna de París” (Caracas. Monte Ávila, 2009, pp. 737) Es decir, la participación fue multi-social en variedad, los unos esperando imponer “su capitalismo”, los otros aspirando disfrutar de las promesas de los sectores de interés, los últimos intentando evitar la consumación del “rito revolucionario” (Stefan Zweig. “Fuché”. Editorial Juventud. Barcelona, 2007, pp.254) Saltamos los tiempos históricos recordando aquel movimiento parisino del 68 cuyas realidades actuales nos las describe con cruda objetividad Kristin Roos (“Mayo del 68 y sus vidas posteriores”. Ensayo contra la despolitización de la memoria. Acuarela & Machado. Madrid, 2008, pp. 437)

Entonces ¿Cuál y cuáles son las realidades de la “burguesía” y de la “revolución” cuando las conciencias de “tirios y troyanos” son débiles ante la realidad actual del capitalismo consumista, stricto sensus? Es por ello que debemos diferenciar no solo el concepto de la “Revolución Bolivariana Socialista” de las propuestas revolucionarias capitalistas de “arco iris” sino, también, de discursos y proclamas suedo-capitalistas; como debemos diferenciar las incidencias sociológicas e ideológicas de los beneficiados por las Misiones y las conciencias consumistas de esos mismos sectores sociales impregnados por la ideología capitalista-consumista que los medios privados y no tan privados les transmiten sin educarlos en sus conciencias de cambios profundos por que entonces, en ese marco referencial, se convierten en “aburguesados”.

La “Revolución Bolivariana Socialista” está en un momento que va más allá de una etapa revolucionaria que deberíamos analizar con la crudeza de la objetividad revolucionaria mirando más allá de “tiempos históricos pretéritos” para entrar en el conjunto de la “Política de Estado” del siglo XXI.

delpozo14@gmail.com



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Miguel Ángel del Pozo


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