Acerca de la responsabilidad de ser revolucionario y su modelo moral y ético de conducta

Es necesario no olvidar los principios de convivencia basados en la igualdad y la justicia, por los cuales se ha luchado a lo largo de nuestra historia con el propósito de rescatar estos fundamentos básicos para que exista Patria, la Patria Socialista que nos planteamos, que no es otra cosa que el equilibrio perfecto en las relaciones sociales que permita el desarrollo integral de la población en un ámbito territorial de paz y justicia, con igualdad de oportunidades, como de derechos y deberes.


No debemos olvidar la exhortación del camarada Alí Primera cuando nos decía “…ayúdenla, ayúdenla, que sea humana la humanidad…” Por sobre todas las cosas, antes de adoptar métodos científicos, ideologías, conceptos religiosos o de cualquier otra índole, un revolucionario debe ser humanista con sensibilidad social. Si no sentimos el sufrimiento y la necesidad ajena, si no nos afecta ni nos quita el sueño lo que pueda estar afectando a otros compatriotas, donde quiera que se encuentren, incluyendo aquellos que habitan otras regiones de nuestro planeta, sin distingo de razas, culturas, religiones, entonces debemos revisarnos urgentemente. La piedra angular, el Alfa y el Omega, el Principio y el Fin de una revolución es el SER HUMANO.

¿Cuál es la magia que tiene el Comandante Presidente, Hugo Chávez para cautivar a pueblos del mundo entero? sin que la distancia geográfica, la diversidad de idiomas, o el cerco mediático impuesto por las transnacionales de la comunicación hayan sido obstáculo para que llegue su mensaje. Es sencillo, es un sentimiento sincero, su sensibilidad, auténtica capacidad de interpretar las necesidades tanto materiales, como espirituales del prójimo, porque se identifica con ello y transmite su amor y solidaridad. En resumen, porque es un ser humano íntegro. He allí el ejemplo a seguir, pero con una sensibilidad auténtica, la cual surge como consecuencia de la elevación de nuestra conciencia.

Este tópico pueda que no sea de interés para muchos compatriotas que están muy ocupados involucrados en diversos asuntos para solucionar urgentes y complejos problemas que demanda la dinámica política, social o económica de nuestro proceso revolucionario; pero es necesario hacer un paréntesis en plena batalla, para reflexionar, reconocer y corregir las fallas que muchas veces no están a la vista, porque las llevamos dentro, en nuestro corazón, nuestros sentimientos y muchas veces se expresan en nuestras acciones equivocadas; y si no las corregimos a tiempo, lamentablemente, todo el esfuerzo que hagamos quizás esté en riesgo de fracasar, porque si los cimientos no tienen la fortaleza necesaria, pronto lo que construyamos se derrumbará.

Con el propósito de abordar el tema, he querido reproducir un artículo de opinión, el cual fue publicado en aporrea.org el 12/08/2007, en donde se hacen algunas reflexiones al respecto que, igual que ayer, hoy siguen vigentes.

"Patria, socialismo o muerte", más que una consigna... una conducta
Por: Miguel Ángel Carbajal T. | Domingo, 12/08/2007 02:27 PM |
Patria, Socialismo o Muerte, más allá de una consigna de lealtad a la Patria, un grito de libertad o un voto en defensa de nuestra soberanía, debe ser una acción permanente de solidaridad, de compromiso y sobre todo, de respeto al prójimo, en especial a aquellos que se encuentran en desventaja por su condición social, intelectual o económica.

Nuestro discurso debe ser coherente con nuestras acciones. Nuestros pensamientos, palabras y obras, deben estar impregnadas del sentimiento más sublime, que todo ser posee y que sólo puede brotar de nuestro espíritu, el Amor, en él todo está contenido, sensibilidad social, cordura, tolerancia, paciencia y sobre todo humildad. En lo cotidiano es fácil observar estas virtudes en la relación existente entre familiares, entre padres e hijos o entre hermanos, pero es preciso entender, que la humanidad misma es nuestra gran familia, sin distinciones de ninguna naturaleza, por lo tanto, el amor, la buena voluntad, la compasión, el perdón, la tolerancia, deben ser un modelo ético de nuestra conducta para con todos, sin excepción.

Ser revolucionario implica gran responsabilidad. Es combatir por sobre todas las cosas, las miserias humanas que llevamos arraigadas, rompiendo los esquemas en que fuimos formados, signados por relaciones de injusticia y desigualdad. Es erradicar el egoísmo y la mezquindad de nuestros patrones de conducta, que nos han convertido en competidores desleales, transformándonos en verdugos de nuestros semejantes, teniendo como norma para surgir y alcanzar el éxito, el cual es buscado a costa de cualquier precio, el atropellar a los demás, sin importar llevarse por delante a quien sea. Esto sucede, tanto en lo individual, como en lo colectivo, así vemos hoy en día, a naciones enfrentadas contra otras naciones, amenazantes conflictos que se avecinan, poniendo en peligro de extinción, la vida en nuestro planeta, debido al exuberante arsenal de armas de destrucción masiva que poseen y manipulan las grandes potencias mundiales, conformando un gran polvorín, que sólo necesitaría encenderse una pequeña mecha, para pulverizar y convertir en cenizas al orbe terrestre en su totalidad.

No es posible cambiar o transformar una sociedad, sino reflexionamos y tratamos de cambiar nosotros mismos como individuos, corrigiendo patrones sociales psicológicos que hemos heredado de un mundo en donde los valores han sido invertidos. Es ardua la tarea que tenemos por realizar con nosotros mismos, para poder asumir el compromiso histórico que nos hemos trazado ante nuestra nación, y aún más, para pretender ser los protagonistas del nuevo Socialismo del Siglo XXI, como nación que debe ser el ejemplo ante los pueblos del mundo, quienes no deben ser defraudados.

Debemos estar prestos a servir a los demás, en especial, quienes ocupan posiciones de responsabilidad en la conducción de entes del Estado encargados de mejorar la calidad de vida de los sectores populares. Un funcionario público debe esforzarse por dar ejemplo como ciudadano y como servidor incondicional, que lejos de lucrarse u ostentar por una posición privilegiada, debe demostrar en la práctica, su vocación de servicio y su condición humanitaria, solidaria con aquel a quien se debe y con quien contrajo un compromiso al asumir el cargo. La vanidad, el celo profesional y el maltrato psicológico a quienes ocupan posiciones subalternas, son inaceptables en el proceder de un compatriota revolucionario. El compromiso y la disciplina, no pueden ser justificativos para el ejercicio de maltrato alguno, esta práctica dista de lo que debe ser la conducta ciudadana, degenerando en el modelo inhumano, el cual justamente nos proponemos erradicar, en la construcción de una sociedad más justa.

El perfil de un revolucionario debe presentar características muy especiales en cuanto a los conceptos que se manejen en el aspecto ideológico, ético y moral. No debe haber discurso sin ejercicio del mismo en acciones concretas, la generosidad, no se decreta, se ejerce a partir de una concepción humanista, que se manifiesta en un sentimiento sincero, elevando la conciencia y permitiendo ser ejemplo vivo de aquello que se predica. Cuando se presenta la oportunidad de actuar en función de prestar una ayuda solidaria a alguien que en ese momento la requiera, ésta no debe ser objeto de manipulación, con el propósito de obtenerse beneficios mediante el reconocimiento de esa acción, por parte del superior inmediato, en la institución en donde se esté desempeñando. Esta conducta es contrarrevolucionaria y por carecer de sinceridad, lejos de favorecer a nuestras instituciones, las contaminan con la semilla de la demagogia y la corrupción.

miguelangelcarbajal@gmail.com


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Miguel Ángel Carbajal T.


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