Alquimia Política

Soberbia

Soberbia, viene del latín superbía, cuya definición funcional es altivez, apetito desordenado de ser preferido a otros; también significa satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás, cólera e ira expresadas con acciones descompuestas o palabras altivas e injuriosas. En una frase: pensarnos por encima de los demás.

Pero la soberbia no es una postura “amoral”, sino una condición moral que está inserta en todos los seres humanos; todos somos soberbios para auto-afirmarnos en algo, pero el asunto está en no serlo impulsivamente, desbaratando la condición humana excelsa de la humildad.

Ahora bien, en días pasados, ante un reclamo que considero justo, pertinente y necesario, un interlocutor me llamó soberbio. Le contesté que “sí”, soy soberbio, pero soberbio en el contexto de hacer valer mi derecho de ser “pertinente en algo”. No me pareció justo que una reconocida universidad local retrasara el inicio de sus actividades de clase, porque no se conseguía a un docente idóneo en el área del curso. El área en cuestión es la Extensión Universitaria, y todos mis lectores saben, y los que no me leen también, que desde la década de los noventa del siglo pasado, mis trabajos en el área académica han versado en el tema de la función extensionista universitaria, es decir, es mi campo de acción investigativa y, sobre todo, es donde he producido teoría en el plano académico. La última evidencia al respecto fue la convocatoria que me hiciera la Universidad Simón Bolívar para Presidir la mesa sobre Extensión Universitaria y Servicio Comunitario, en la IV Jornada internacional de Saberes que coordina esa casa de estudio. Es ante una realidad pública y notoria, que exijo por qué no se me tomó en cuenta para ser útil, léase bien, útil en la administración de ese subproyecto, porque lo menos que estoy pensando es el monto económico que pueda devengar mi participación. Esas acciones maniqueas y sin un sentido de proporcionalidad y reconocimiento al trabajo particular, diario, consecuente que se viene haciendo, en mi caso específico en el tema de la función extensión, es lo que, en ocasiones, hace necesario que aflore un cierto grado de soberbia y que desde las entrañas uno pueda esgrimir posturas y exigir reconocimiento.

Luego medir el valor específico que causa la indiferencia y la “mala intención” de quienes ostentando el poder de minimizar los esfuerzos de quienes tienen pertinencia de conocimiento en determinadas áreas, queda otro aspecto que justifica cierta dosis de soberbia: ¿Por qué negarle a los que quieren conocimiento una fuente idónea de conocimiento? La razón última de una universidad, sobre todo a nivel de postgrado, es buscar, si fuera necesario hasta debajo de las piedras, a quienes ofrezcan al proceso formativo idoneidad. Por esta razón, me quiebra la paciencia y la tolerancia, ver como “olímpicamente” se pasan por encima de quienes han dedicado una vida a formarse e instruir acerca de temas tan neurálgicos como las funciones universitarias (refiriéndome a las tres funciones de la universidad: docencia, investigación y extensión). Los estudiantes merecen lo mejor para construir sus herramientas de trabajo en el ámbito de la investigación universitaria, y para sacar provecho de ello es fundamental entender el papel de la extensión que hoy se abre a través de los caminos del Servicio Comunitario y la Asistencia Técnica.

¿Tengo derecho a ser soberbio ante tan abrupta indiferencia de los ostentadores de toma de decisión en esta universidad, que no menciono para no contribuir aún más al veto que me ha impuesto? Obviamente que lo tengo. Y ese derecho me lo da el trabajo, la dedicación, el esfuerzo personal sobre un tema que considero muy mío y el cual requiere de una visión crítica y reflexiva para aprovecharlo a todas sus anchas. La función extensionista es la rectora de la cultura universitaria, y surge de la concepción de vincular directamente, la visión doctrinaria con la razón de ser del proyecto de país en el cual esté inmerso.

No es un capricho del legislador dejar las aristas claras y precisas de que la extensión universitaria en la Ley de Universidades, aún vigente, de orientadora y difusora del conocimiento para beneficio de los valores trascendentales del hombre. La cultura es un valor trascendental del hombre, pero no el único valor; juega un papel modelador en el contexto de las relaciones humanas, pero requiere de la adhesión ideológica a una visión programática de país, no es aceptable la improvisación y el libre albedrío en asuntos que competen el bienestar del colectivo. Por ello, la extensión universitaria no puede ser vista como una función subordinada a la estructura de Departamentos o Programas académicos, ella es un todo integral que parte desde las políticas comunicacionales de los rectorados, hasta los talleres o conversatorios informativos, planificados para difundir el conocimiento en la sociedad.

En este sentido, las diversas universidades del país han asumido una posición muy particular en lo que se refiere a la extensión universitaria, acogiéndose al artículo 9 de la Ley de Universidades, le han dado “su autonomía funcional” a la actividad extensionista. Así, la Universidad Centro Occidental Lisandro Alvarado (UCLA) de Barquisimeto, la define como la función que permite establecer una interacción crítica y creadora entre la Universidad y los problemas de las comunidades; la Universidad Nacional Abierta, como un conjunto de alternativas y estrategias para contribuir al desarrollo de recursos humanos, haciendo énfasis en la interacción universidad-comunidad; la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez, aprecia la extensión universitaria como una actividad inmersa en la educación permanente, la cual busca fortalecer la identidad nacional, reafirmar los valores y crear conciencia latinoamericana y universal; y la Universidad Nacional Experimental de los Llanos Occidentales Ezequiel Zamora, ve en la extensión universitaria un conjunto de actividades que promueven la divulgación de conocimiento y el perfeccionamiento profesional y técnico de las comunidades.

Estas voces, extraídas de documentos oficiales de las universidades nombradas y de sus portales en Internet, que hemos simplificado en un parafraseo simple, coinciden en que la extensión universitaria es una función comunicacional. Es decir, producto de una interacción entre universidad-comunidad que busca hacer llegar un conocimiento factible para la solución de sus necesidades. Pero es que aún con esta buena intensión de unificar criterios en razón de ver la función extensionista como una responsabilidad social de las universidades, la extensión en sí es la respuesta de las universidades a la orientación del proyecto país que adelante el Gobierno de turno de un Estado. Es decir, no se circunscribe únicamente a una plataforma de interacción, eso es superficial; responde a una necesidad integral de lo administrativo, organizativo, académico y económico que tiene que ver con la razón de ser de las universidades. Es el todo en la diversidad de la unidad.

Si lo anteriormente descrito no es el espíritu de lo que se enseña en un subproyecto denominado Extensión Universitaria, entonces lo que se enseña, no es extensión universitaria.

*.- azocarramon1968@gmail.com


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Ramón E. Azócar A.*

Doctor en Ciencias de la Educación/Politólogo/ Planificador. Docente Universitario, Conferencista y Asesor en Políticas Públicas y Planificación (Consejo Legislativo del Estado Portuguesa, Alcaldías de Guanare, Ospino y San Genaro de Boconoito).

 azocarramon1968@gmail.com

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