Las contradicciones del “Socialismo del siglo XXI”

El Presidente de la República en el contexto de la construcción de un “nuevo modelo” (cita presidencial) económico, distinto al capitalismo, el cual ha optado por llamarlo “Socialismo del Siglo XXI” (para nosotros podría tener otro nombre), y cuya visión por razones “humanas”; en el entendido, que para nosotros, el humanismo se encuentra orientado hacia una concepción filosófica que erige la visión platónica del cosmos o microcosmos, y a su vez, en el desarrollo de pensamientos que no pueden abstraerse de lo social, político, cultural y religioso, y ante la ausencia del debate ideológico, especialmente en el seno Partido Socialista (¿o sectarista?) Unido de Venezuela (PSUV), creemos que ha llegado el momento de comenzar a tejer las criticas pertinentes de tal propuesta, máxime sí el camino en “construcción” de tal socialismo pudiera llevarse a cabo sobre la base de los mismos errores que hoy están sellando la decadencia capitalista, cuya desgracia erigida contradictoriamente en un “desarrollo humano”, que hoy se debate en Europa y Estados Unidos, aunado al grupo de países “emergentes”, como por ejemplo China o Brasil, lo único cierto que puede avizorarse es un peligroso agotamiento de los recursos naturales, una excesiva dependencia del petróleo, y una degradación ética en su dirigencia política y económica; “dirigencia” para quienes los Derechos Humanos se convierten en entelequia, al momento de “disolver” protestas, o utilizar el ordenamiento “jurídico” en contra de quienes disienten de formas unidimensionales en el ejercicio del poder.

Debatir sobre lo que hoy significa el Socialismo del Siglo XXI, implica decir sin ambigüedades lo que el propio Marx señaló en su obra El Capital, tomo I, (1867), y posteriores publicaciones relacionadas con los tomos II y III, estructurados por Engels durante 1893 y 1894 respectivamente, y proceder sin ataduras con el análisis filosófico y epistemológico en un contexto pragmático, cuya sustentación de tal propuesta, con el cuento de que el “socialismo en nuestro” y está en “construcción”, a veces pareciera que estamos ante la tesis de Eudomar Santos (personaje emblemático de aquella novela “Por estas calles”) de que: “Como va viniendo, vamos viendo”; lo cual pone en entredicho la orientación, planificación y articulación de las políticas públicas.

Marx evidencia durante el principio de su retórica sobre el capital, el hecho de que las contradicciones sociales no serían lo más importante, porque éstas serían el fruto de “leyes naturales” (p.11) engendradas por el capitalismo, el cual, interpretado desde esa connotación, serían las “necesidades económicas” las que impondrían sus directrices, conformado con ello estilos anárquicos de vida en los países industrializados, quienes ataviados con su desarrollo en desmedro de los países más débiles, (actualmente llamados por algunos “subdesarrollados”), indefectiblemente, al final la situación de deterioro será igual para todos, verbigracia; hoy, cuando la tecnología, la informática y la computación han revolucionado los espacios y tiempos de la comunicación, al punto que surgen neologismos como telecomunicaciones, telemedicina o telemática, por ejemplo, el “Socialismo del siglo XXI” pretende lograr la ansiada independencia tecnológica sólo con la instalación de computadoras, simuladores, “satélites” o bases nucleares, sin llevar paralelamente un viraje acertado de la educación, especialmente, en el contexto de la formación universitaria, en los ámbitos científicos (sociales y naturales) y de innovación cibernética. Sobre esta realidad, Marx (ob. cit) planteaba: “Nosotros nos tapamos con nuestro embozo de niebla los oídos y los ojos para no ver ni oír las monstruosidades y poder negarlas” (p.12).

Igualmente, Soto (1999) señala en su trabajo doctoral que hemos venido siendo objeto de una tradición (¿ideologización?) occidental, cuya simplificación de planteamientos lógicos y esquemas de razonamiento han respondido a un paradigma de simplificación. Asertivamente, Soto (ob. cit) expone que tal forma reviste esquemas reductibles de pensamientos, cuyos órdenes y sentidos estarían conformados por una elite política también unificada en sus aspectos sistémicos, cuya ética a su vez rechaza planteamientos “excluyentes”; en otras palabras, lo que no conviene en teoría y menos en praxis, se cataloga como “irracional”, y se descarta como forma de construcción de un nuevo orden, en esta caso en lo sociopolítico y económico.

No es casualidad que Soto (ob. cit) fustigue el pensamiento occidental al cual hemos estados subyugados, concretamente desde finales del siglo XVIII hasta el presente, razón por la cual afirma:

Es un pensamiento en definitiva que se apoya en conceptos reificantes/sustancializadores y en un ideal epistemológico que se caracteriza por suponer un punto de vista absoluto, es decir, un observador externo, omnisciente. Esta concepción epistemológica implica paralelamente la idea de una ilusoria objetividad también absoluta a la que no le afecta el sujeto/observador. Tal ideal de conocimiento, propio de la filosofía y las ciencias clásicas es imposible. Así lo muestra la física de este siglo y también la biología. Desde el punto de vista de la acción, lo muestra también la historia social y política, en particular la de nuestro siglo que, cuando ha pretendido determinar/unificar la sociedad, lo ha conseguido en el mejor de los casos, por breve tiempo y por la fuerza, derivando finalmente en barbarie. El fracaso de este modo de pensar simplificador y de la praxis social que de él deriva tiene sumido al hombre contemporáneo y su mundo en una radical crisis. (p.1)

Semejante reflexión epistemológica, deja en entredicho la manera en que ha venido debatiéndose el propio “Socialismo del Siglo XXI” (este artículo es prueba de ello), aunque algunos “revolucionarios” desde las más altas esferas del partido político que controla el poder intenten decirnos con sus frases trilladas: Allí están los “consejos comunales”, “mesas técnicas”, etcétera; pero la praxis nos indica que tales iniciativas de organización comunitaria conducentes a la conformación, por ejemplo, de comunas, los “teóricos” de tales formas de bastiones ciudadanos, ignoren la espontaneidad de sistemas que existen en las escuelas y liceos a través de las comunidades educativas, espacios en los cuales las multiplicidades de pensamientos serían parte insoslayable para la construcción y el debate de ideas sobre un orden distinto al capitalismo.

La necesidad de un mundo mejor también pasa por el discernimiento, análisis y comportamiento de las personas ante el sentido de la moral, clasificada ésta en autónoma y heterónoma; allí, sin duda, el “Socialismo del Siglo XXI” tiene muchos vértices que deben ser discutidos en el plano de la Paideia Griega y el Cristianismo. De eso comentaremos en próximo artículo.

jvivassantana@gmail.com


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Javier Antonio Vivas Santana

Lic. en Educación en las menciones de Ciencias Sociales y Lengua (UNA) Maestría en Educación mención Enseñanza del Castellano (UDO) Dr. en Educación (UPEL) Profesor de la Misión Sucre (2003 -2012)

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