(Las mejoras productivas no benefician al proletariado)

Las Cargas de la División del Trabajo

Con Adam Smith quedó confirmado el mejoramiento de la productividad laboral a punta de la división del trabajo artesanal, según las diferentes fases de cada mercancía en particular y con arreglo a sus valores de uso; de resultas, el artesano perdió el control del proceso.

 Esa división inicial permitió la maquinización que terminó desdoblando aquellas fases hasta las más elementales partes del proceso productivo. La despersonalización del trabajo se hizo evidente, no sólo porque los inversionistas ya no estén a la cabeza de ningún proceso de producción, sino porque ningún trabajador da cuenta enteramente de ninguna mercancía.

 Esta división del trabajo técnico ha transformado el trabajo humano en una labor de tanta sencillez que hasta las máquinas se erigen en “productoras”, aunque ninguna de ellas tampoco puede dar cuenta de todo el proceso involucrado.

 Antes de esa división, la mayoría las fases de los procesos de producción corrían a cargo de una o dos personas. Los artesanos con su ayudante o aprendiz por si solos daban cuenta de esa producción desde la adquisición de la materia prima (a veces producida por ellos mismos) hasta el mejor acabado de la mercancía en juego. Para los tiempos de esa predivisión del trabajo no se conocía las labores gerenciales ni las de supervisión   de ningún tipo salvo para la recaudación de rentas tributarias.

Tal división surgió como consecuencia de los grandes mercados que se abrían sin fronteras para ese entonces. Maquinización, división del trabajo y amplitud de la demanda, explican los incrementos en la oferta, independientemente de que muchas bocas humanas siguieran pasando hambre. Ha sido un aumento de la producción rigurosamente contable medida en términos de ganancias capitalistas, propia de una contabilidad que excluye la demanda insolvente por razones obvias, y a diferencia de la producción medieval donde la Naturaleza producía sin más límites que las condiciones también naturales. Durante el Medioevo el hambre era directamente provocada por los aristócratas que acaparaban todos los excedentes tributarios en especie o valore de uso.

Bueno, ahora nos encontramos con procesos productivos altamente industrializados en los cuales los trabajadores limitan su participación a detalles-partes de cada mercancía. Tal división impone una rigurosa coordinación laboral como si   quisiérase reconfigurar al viejo y fragmentado artesano. Fue así como  surgió   la contrata de supervisores, contables, vigilantes y, particularmente, la contrata del personal gerencial encargado de la administración  del capital invertido, de su  mejor aplicabilidad, de su contabilización y  sobre todo  de aplicar medidas tendentes a la maximización de la diferencia entre costes e ingresos. Esta división no regía antes salvo para los mercaderes entre el precio de compras y el de venta.

Para repasar, los costes de la empresa burguesa son constates, unos, y otros variables. Las materias primas y todo el personal gerencial, contable, supervisor y vigilante forman partes del Capital Constante, al lado de las máquinas y energéticos, de los muebles de oficina e inmuebles fabriles. Este es un coste que no añade una pizca de riqueza al capital inicial, un capital que no participa en el Producto Territorial Neto, pero en cambio permite y maximiza la retención de la llamada plusvalía. Esta surge como producto de la prolongación e intensidad de la jornada laboral más allá del tiempo necesario para producir el valor del coste de vida del trabajador asalariado o para la reposición del salario invertido en su contrata; de esto se encarga la gerencia y el resto del personal improductivo o constante. De allí que para el capitalista “el tiempo sea oro”, razón por la cual la gerencia vigila sigilosamente que el trabajador no pierda un segundo en ocupaciones no productivas.  Si pudiera mantenerlo sin comida y sin agua durante toda la jornada, mejor para esa gerencia según su criterio de productividad y maximización de la ganancia.

De manera que ahora nos encontramos con una industria megadesarrollada, fuerte y con elevada productividad laboral al lado de un no menos fuerte y elevado coste constante de personal por concepto de labores no creadoras de valor alguno. Es un personal meramente utilitario que se comporta como lo harían los trabajadores asalariados si se limitaran a reponer el valor del salario sin pizca de plusvalor alguno.

 Los costes por concepto de trabajo constante  han corrido al lado del resto de los desembolsos en salarios,  y su añadidura al Producto Territorial Bruto no ha recibido ninguna sospecha para considerarlo entre las causas del encarecimiento de los bajos precios que deberían obtenerse con la elevación de la productividad. Mientras estas cuentas son sean sacadas, nos limitamos a decir que para el trabajador, para el artesano y para el resto de la sociedad proletaria han resultado indiferentes los aportes de la industrialización ya que su pobreza sigue igual o peor que, mutatis mutandis, durante el Medioevo.

Como quiera que los desembolsos que anticipa el capitalista en personal gerencial, de custodia y supervisión, son relativamente elevados, dudamos mucho que la división del trabajo sea enteramente positiva. Por eso consideramos que entre las cargas de la División del Trabajo se halla el coste del personal no asalariado, no generador de plusvalía.

 marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M.


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