Política Petrolera Venezolana entre Siglos: Un lamentable balance y un renovado reto

Por estas fechas, los usos y costumbres editoriales compelen a la realización de un balance de lo actuado en el lapso que acaba de concluir. En lo que me concierne personalmente, dada la negativa evolución de las circunstancias del país y de su industria petrolera, se trata de confirmar la inutilidad de discursos y advertencias. La certeza de estar predicando en el desierto.

Al respecto, para iniciar este balance personal, me permito remitir al lector a mi artículo de febrero de 2020, "Petróleo venezolano en la tercera década: Cerco y aniquilación"

La situación de sálvese quien pueda que está viviendo el país es de tal magnitud y gravedad, a niveles de Sodoma y Gomorra en los planos éticos y morales, que hace parecer intrascendentes las discusiones neutras sobre la situación presente y futura de sus recursos petroleros y de su industria, principales motivadores de nuestros pecados capitales.

Inmersos en el profundo abismo donde han terminado los sueños de ser el primer país petrolero del mundo es muy fácil encontrar culpables, pero muy difícil establecer un diagnóstico certero, que nos permita encontrar un piso sólido para remontar la cuesta y no terminar, como Sísifo, de nuevo en el foso. Con la roca a cuestas. Tal es la magnitud del reto...

https://petroleovenezolano.blogspot.com/2020/02/petroleo-venezolano-en-la-tercera-decada.html

En efecto, no es necesario reiterarlo mucho. El año que acaba de transcurrir, universalmente trágico, fue además para los venezolanos uno de profundización del derrumbe de su economía, acentuado por un bloqueo extranjero que es sólo una fase aguda de la geopolítica imperial, la cual ha impuesto siempre, por distintas vías, sus designios sobre nuestro país.

Pero es también, y de manera previa y determinante, agregado al conflicto político interno, producto ancestral y autóctono de la incuria, el desprecio por la historia, la ignorancia ensoberbecida y la corrupción generalizada.

Con lo anterior quiero destacar la naturaleza de las circunstancias que debemos enfrentar como país. Se trata de una ciclópea tarea de reconstrucción de todo el tejido socioeconómico, ético y político nacional, partiendo de los escombros actuales.

Tarea que debe comenzar, precisamente con un diagnóstico descarnado y sin contemplaciones de las enfermedades nacionales, para poder emprender una ruta profiláctica en la cual será imprescindible apelar a las amputaciones, cortando por lo sano la podredumbre.

Planteadas así las cosas, todo parece cuesta arriba, pero no puede ser de otra manera: es imprescindibles apelar a las reservas morales que aún puedan quedar y que este pueblo ha mostrado en otros momentos de su historia. Precisamente, a la historia que algunos consideran como antigualla llena de mitos, rémora de un pasado de atraso, es a la cual debemos acudir para erguirnos nuevamente como Nación soberana, dueña de su futuro.

Es en este contexto en el cual cada quien debe asumir sus responsabilidades individuales y en el que pretendo inscribir mis particulares reflexiones sobre la materia a la cual he dedicado mi atención desde siempre: la economía y política petrolera.

Es momento para reiterar cosas muchas veces dichas. Pido excusas de antemano a mis escasos lectores consecuentes por lo repetitivo del discurso.

En primer lugar, se trata de insistir en un debate ancestral, de asumir la defensa del carácter de interés público nacional de esta materia y combatir las posiciones de quienes, en nombre de su conocimiento del "negocio", han demonizado esta posición como "estatista".

De hecho, muchas de los argumentos y soporte documental que aquí expongo ya los había esgrimido con anterioridad. Un ejemplo de ello está en "La oportunidad la pintan calva… para la rebatiña petrolera" https://petroleovenezolano.blogspot.com/2019/05/la-oportunidad-la-pintan-calva-para-la.html

Me refiero allí a las posiciones en nombre de las cuales, de una u otra manera se han impuesto siempre los dictámenes estrechos y simplistas de una tecnocracia productivista a ultranza, aparentemente ciega a la existencia de cualquier otro conocimiento fuera de su especificidad técnica y gerencial, pero que en verdad se convierten en instrumentos, muchas veces inconscientes, de intereses políticos y económicos nacionales e internacionales, aquéllos para los cuales el ejercicio de la plena soberanía nacional sobre sus recursos de hidrocarburos se materializa en "lo que el Gobierno se coge para el gasto ineficiente", carga insoportable, opuesta a la rentabilidad del negocio y a su expansión continua.

"…hoy está de moda el dejar de ser rentistas y estimular escenarios productivos donde el sector privado lleve la batuta, como en toda sociedad capitalista que se precie de serlo. Superando las obstrucciones que genera la propiedad estatal sobre el recurso petrolero, el interés colectivo real, en este sector, estaría en los efectos multiplicadores que tendrían los negocios privados en la reactivación de la oferta y demanda agregada de bienes y servicios, los cuales, a su vez, estimularán el crecimiento de la producción y el empleo en el resto de la economía nacional."

Esa estrechez de miras ha sido pasto para cuanto vendedor de fórmulas mágicas se ha presentado en distintas etapas de nuestra centenaria historia petrolera.

Y no se ha tratado nunca de pícaros vendedores ambulantes del "elixir de amor", a la manera de Dulcamara, sino de operadores de las principales potencias que se disputan el control geopolítico del mundo, cuyos Estados, imponen sus condiciones a los demás, sin que sus ciudadanos y beneficiarios los consideren "omnipotentes".

Tal es la razón por la cual he enfrentado a políticos y dirigentes petroleros estatales que, paradójicamente, han promovido, y muchas veces logrado, la minimización del papel del Estado en el control y gestión para el provecho nacional de un patrimonio transgeneracional.

Ello, sin desmedro de mi convicción de que la solución de los problemas venezolanos no pasa exclusivamente, y ni siquiera prioritariamente, por el "rescate de la industria petrolera".

Justamente en mi anterior artículo, (Volviendo al Ruedo…Del debate petrolero https://www.aporrea.org/energia/a298362.html) rememoro las alertas que en este sentido hiciera, desde 1978, Juan Pablo Pérez Alfonzo: La tendencia a la caída de la capacidad generadora de excedentes de la industria petrolera venezolana.

Cuarenta y dos años después, y tal como lo reflejan las cifras de todos los organismos públicos y privados que manejan las estadísticas petroleras venezolanas, la acción de esa tendencia ha determinado la desaparición de la renta petrolera, razón por la cual esa industria ha dejado de ser, y nunca más volverá a ser, la "palanca" –o muleta- que sostendrá a una economía parasitaria, incapaz de valerse por sí misma, precisamente por su adicción rentista: el "efecto Venezuela" diagnosticado por los noruegos, "la enfermedad holandesa" o la "maldición de los recursos" descrita universalmente en los medios académicos, sin contar las tempranas advertencias de nuestro primer economista, Alberto Adriani, en 1930 y los consecuentes, ya nonagenarios, intentos frustrados de "sembrar el petróleo".

Con esto no quiero decir, reitero, que "dejaremos de ser petroleros" y de obtener beneficios de esa industria. Lo seremos siempre, dada la existencia en nuestro subsuelo de unos recursos que no tienen posibilidad de ser extinguidos ni en el más lejano futuro.

Su cada día menor utilización dentro de la matriz energética es un proceso inexorable, pero de largo plazo, en el transcurso del cual seguramente se descubrirán y desarrollarán –más allá de la simple y también ambientalmente nociva petroquímica del plástico, las resinas y demás materiales no biodegradables- otros usos no energéticos y no contaminantes para un material que es producto de la vida que existió en el planeta hace varias decenas de millones de años.

Por esas mismas razones, que trascienden con mucho las vidas de las próximas generaciones venezolanas, es por las cuales la solución "no petrolera" que, siguiendo a mis maestros he venido planteando, no puede ser despachada con la simple regla de tres según la cual, dadas tales perspectivas, ya no es una cosa del otro mundo negociar la soberanía nacional sobre esos recursos y los restos de la industria "varada" que a partir de ellos se estableció.

Y no puede serlo, precisamente porque somos los habitantes contemporáneos de una Nación eterna, quienes tenemos hoy la obligación de preservar la integridad de su patrimonio físico, natural y humano.

Ninguna receta para solucionar nuestro drama existencial contemporáneo puede incluir una venta colectiva de almas al Diablo.

Desde luego, las tentaciones son muy grandes. Si miramos las cosas desde el punto de vista de los "negocios", no es descabellado afirmar que la soberanía es un concepto anticuado, como sostuvieron abiertamente los proponentes de una nueva Ley Orgánica de Hidrocarburos en la anterior Asamblea Nacional. ("Ley Orgánica para la regulación el comercio de esclavos en Venezuela" https://www.aporrea.org/energia/a280531.html )

Así lo registré en otro trabajo, de julio de 2019, al referirme a declaraciones del Diputado Luis Stefanelli, proponente de esa nueva Ley:

… Mención especial merece la frase en donde vincula el ejercicio de la soberanía con la muerte por hambre de los venezolanos, de niños en los hospitales y de 32 balseros desaparecidos en las aguas de Falcón:

"Ese término de soberanía, ultroso, grandilocuente que maneja esta gente y que llevan al país a que 5 millones de venezolanos estemos en el exterior, es un término que nosotros vamos a combatir en todos los terrenos."

"El Cartero siempre llama dos veces" https://www.aporrea.org/energia/a280732.html

Lo peor de las desesperadas circunstancias actuales es que empieza a cundir en todo el espectro político nacional la racionalidad de los retrocesos "tácticos" y la búsqueda de salidas de emergencia non sanctas.

Las posiciones "soberanistas" se reducen a su mínima expresión y cada día más son asociadas con el suicidio. Así lo registré, con amargura, el pasado 5 de octubre: "Nacionalismo Petrolero: Veintiún años después, ¿Derrota final?" https://www.aporrea.org/energia/a295880.html.

Ahora bien, llegados a esta instancia, no podemos quedarnos anclados en las lamentaciones sobre lo que pudo haber sido y no fue. Por el contrario, es nuestro deber seguir insistiendo en la búsqueda del camino cierto hacia el desarrollo social, económico y político de nuestro país.

Pero no hay fórmulas mágicas, ni verdades reveladas. Tendrá que ser una dura tarea colectiva, nada fácil, incluso dolorosa, llena de antagonismos y acechanzas, pero inevitable, si queremos prevalecer como soberanos de nuestro destino como Nación.

Lo primero que tenemos que hacer, en la materia que nos compete, es enfrentarnos a la realidad en toda su magnitud catastrófica interna y el nada favorable panorama del mercado petrolero internacional.

Como ya mencioné, la centenaria evolución de nuestros recursos petroleros, y de la industria erigida sobre ellos, nos viene advirtiendo su sesgo negativo desde hace cinco décadas: La tantas veces mencionada tendencia declinante de su capacidad generadora de excedentes y, en particular, de renta.

Pero ella nunca ha sido asumida con seriedad por la dirigencia política y petrolera venezolana, desde sus primeras manifestaciones a partir de 1971 y hasta enero de 2021, como pretendo demostrar en lo que sigue.

Hoy seguimos hundiéndonos en sueños cada día más inviables.

Un resumen de esas circunstancias lo he presentado varias veces en distintas versiones durante los últimos años y meses. En particular, me refiero a la gráfica donde se recogen todos los proyectos fallidos de la empresa petrolera venezolana, los "pajaritos preñados" que se fincan, todavía hoy, en la fábula de que tenemos las "mayores reservas petroleras" del mundo.

No dejaré de incluirla en esta oportunidad. Pero esta vez, como parte de mi balance personal de emisor de discursos inútiles, lo hago con el soporte previo de las cifras y gráficos que sustentan cada uno de esos planes, más una tabla, resumen numérico de los mismos.

Comienzo presentando la versión de teletipo, enviada desde el Saint Regis Hotel de Nueva York, mediante el cual los venezolanos nos enteramos que PDVSA "había apartado" 6.000 millones de dólares para el comienzo del mayor plan de inversiones en el mundo petrolero entre 1980 y 2000: 100.000 millones de dólares. Así lo expresaba entonces el Virrey Guillermo Rodríguez Eraso, Presidente de Lagoven:

Y sus resultados:

No en balde el Profesor Francisco Mieres denominó a este megaproyecto "El Megadisparate de PDVSA", el cual se vino abajo por la caída de los precios al año siguiente a su presentación en sociedad, tal como se observa en la gráfica anterior. Lamentablemente, sólo fue el primero de muchos megadisparates, desde entonces hasta enero de 2021.

Veamos ahora los proyectos 1994-2002 y 1996-2005 de la "Apertura" de la era Giusti-Espinaza-Mommer, con sus fantásticas metas: 5 millones de bd en 2002 y 6,5 millones en 2005:

Ya en ese entonces, 1995, destaqué el carácter fraudulento de esta propuesta.

"El análisis de las perspectivas del mercado se hace con un manejo perverso de la realidad. A pesar de que se reconoce que los capitales petroleros internacionales están volcados sobre otros países que correctamente se mencionan, se pretende que los problemas coyunturales que se viven en algunos de esos países se convierte en una ventana de oportunidades para Venezuela, que puede ofrecer la posibilidad de desarrollar hasta 40.000 millones de barriles de crudos livianos y medianos adicionales.

Para tener una idea de la magnitud de la misma, debe considerarse que… las reservas reales de Venezuela (pesados, medianos y livianos) no pasan de 32.000 millones. Descubrir 40.000 millones de barriles en las limitadas áreas por explorar en Venezuela sería casi como descubrir un nuevo Kuwait.

Ese optimismo exagerado se manifiesta en el prospecto analizado: descubrir los 6.379 millones de barriles programados en los 17.601 Km² de los lotes establecidos, significa descubrir el 17% de los supuestos 40.000 posibles en menos del 2% del territorio nacional, vale decir, decubrir un nuevo Campo Costanero Bolívar, el mismo de donde ha salido el 60% de la producción petrolera venezolana."

[Comentarios al Documento "Consolidación del Desarrollo del Sector Petrolero Venezolano" / Caracas 1995 / /https://petroleovenezolano.blogspot.com/2009/12/comentarios-al-documento-consolidacion.html ]

A partir del 2005, como conclusión del hiato iniciado en 1999, de estricto cumplimiento de los compromisos suscritos en el seno de la OPEP para la defensa de los precios, PDVSA comienza la formulación de los "Planes de Negocios", "Planes de la Patria" y "Siembra Petrolera", cada uno más fantasioso que el otro y todos programando metas contradictorias con la política oficial formal, voceada reiteradamente por nuestros máximos dirigentes y que nos presentaba ante el mundo como los "halcones" de la OPEP, al lado de Irán, en referencia a la firmeza mostrada por ambos países en la defensa del compromiso de restriccción de la oferta para defensa de los precios.

Para complemento de ese comportamiento esquizofrénico en cuanto a metas de producción de crudo, también inserto las láminas del proyecto 2010 de construir o adquirir 24 nuevas refinerías, para completar 30 en el 2030. Epítome de la "Internacionalización" de la apertura 1980-2000 y de nuestros ancestrales y siempre inviables sueños refineros. Al respecto, refiero al lector a mi trabajo "CITGO: La "Internacionalización" revisitada" https://www.aporrea.org/energia/a276427.html

https://3.bp.blogspot.com/-kwjDUZ7QZb4/VBSTqynEXSI/AAAAAAAAGAU/0ypM6ID_-jA/s1600/Refiner%C3%ACas%2B2005.png https://lh4.googleusercontent.com/4T5u2cTeRFkrMcC1UOHXYG5Vp0PLle47N01zBVgNt-MJrwxVGz2OoWRn-B3Xvu2VSycUAg2HGyU7xqgDi_gU55b52J84HE-tXr8rPNnIfLwvKS8JmByC1KzT0-kFUEYYJk-qgPtEhIx3QFYrMw

Y ahora sí, presento la versión actualizada del gráfico que resume algunos de estos planes, seguido de la tabla de metas, incrementos y velocidades:

Todas estas muestras de la "planificación de pajaritos preñados" han carecido de una evaluación realista, tanto de las capacidades técnicas y financieras propias, como de las reales posibilidades y restricciones del mercado petrolero global.

En alguno de ellos se llega hasta presumir de una "capacidad de captura", que, ante el estancamiento de la demanda, permitiría a Venezuela desplazar a los menos favorecidos de sus socios en la OPEP, particularmente a los negritos africanos… sin dejar de destacar el racismo implícito:

Por vergüenza, desde 2015 omití el logo "PDVSA" que identificaba originalmente esta lámina.

La irrealidad de todos esos proyectos, se acentúa con el paso de los años y el deterioro creciente de yacimientos e instalaciones.

Para destacar esa reiterada irrealidad incluí en la gráfica comentada, para fines comparativos, la proyección 2020-2030, resultante de la encuesta realizada por The Inter-American Dialogue entre varias "majors" petroleras hace un año.

PDVSA’s crippled condition and the massive scale of investment that will be required makes it clear that the recovery of Venezuela’s oil sector must be led by foreign investment. IPD Latin America, a consulting firm, estimates that Venezuela could ramp up production to 2.6 million b/d over 10 years, which would require capital expendituresof $90 billion and operational expenditures of $122billion, including to drill an additional 13,400 wells.

This report is based on interviews with eight large Western oil companies, including some that are still operating in Venezuela and others that currently have no operations in the country. Its purpose is to provide an independent, publicly available analysis of the conditions that will determine how rapidly, and to what degree, Western oil companies will resume or ramp up operations in Venezuela in the event of a political transition.

https://www.thedialogue.org/wp-content/uploads/2020/01/VENEZUELA-FINAL-PDF-1.pdf

Esta propuesta de consenso para "una eventual transición poítica", está condicionada a la modificación de todas las normas constitucionales y legales restrictivas de la inversión extranjera.

Una inversión de 212 mil millones de dólares en 10 años, para llevar la producción a 2 millones 600 mil barriles diarios, pero con la advertencia a los venezolanos de que no esperen resultados inmediatos en los próximos años y que mientras tanto deben buscar otras fuentes de ingresos. (Citado en Vuelan los Rebullones…Sobre el petróleo venezolano https://www.aporrea.org/energia/a287565.html )

Lo paradójico del caso es que esta propuesta transnacional es de una moderación insólita, si la comparamos con los desembolsos programados por PDVSA para ejecutar su plan de inversiones 2015-2019, según se muestra en el siguiente cuadro, expresado en miles de millones de dólares:

Mientras la propuesta de las "majors" del año pasado estimaba una inversión anual promedio de 21 mil millones de dólares anuales durante 10 años, al cabo de los cales la producción venezolana crecería en 2 millones de barriles diarios, el Plan PDVSA 2015-2019 contemplaba, tal como se observa en el cuadro anterior, un desembolso promedio de 56 mil millones de dólares anuales, la sexta parte del PIB nacional de entonces, en cada uno de esos cinco años.

La desmesura de una inversión para cual no se contaban con recursos disponibles ni capacidad para sostener endeudamientos de semejantes magnitudes, es compatible con la inviabilidad de la meta de duplicar la producción y agregar 3 millones de barriles diarios en 5 años a un mercado casi estancado, donde la tasa de crecimiento de la demanda global a duras penas pasaba de 1 millón de bd anuales.

En efecto, y tal como muestro en otra de las tablas insertas anteriormente, para el período 2013-2019 se estimaba un crecimiento de esa demanda en 7,5 millones de bd.

En ese mismo lapso y según esa versión del reiterado proyecto, PDVSA, por sí sola, planeaba la captura del 40% de ese crecimiento mundial, 3 millones de bd. ¡El propio sueño megalómano del súper héroe petrolero venezolano!

Hoy, el país se encuentra acorralado por las sanciones norteamericanas y una industria hundida previamente por la pésima gerencia, lo cual es evidente en la desmañada formulación de sus planes y proyectos, pero sobre todo, físicamente palpable en el desmoronamiento de sus refinerías, en la acelerada declinación y clausura de sus campos convencionales por abandono de las labores de mantenimiento y recuperación secundaria, sin contar los efectos devastadores de la corrupción generalizada y la pérdida de capital humano.

En esas condiciones, las perspectivas del mercado petrolero internacional no pueden ser peores:

La emergencia de la pandemia COVID 19 sólo ha acelerado la tendencia a la transición energética que amenaza con convertir en "activos varados" a las instalaciones de producción y procesamiento de los petróleos menos competitivos.

Los 300 mil millones de barriles de "recursos técnicamente recuperables" depositados en la Faja del Orinoco, los cuales requieren precios por encima de los 80 dólares el barril para poder ser desarrollados y convertidos en "reservas probadas" parecen estar condenados, pese a su fraudulenta "certificación", a yacer inmóviles durante los próximos siglos:

La chapucería de estas "reservas" fue confesada por la propia PDVSA en una lámina de 2005, en la cual "predecía", exactamente, el monto "a ser cuantificado", que luego "certificaría" la compañía especializada en estos menesteres, Ryder Scott, en los 5 años siguientes y previo el pago de 600 millones de dólares…

Las reservas petroleras reales, estimadas de acuerdo a métodos de aceptación general, como los del US Geological Survey, se acercan precisamente a la cifra que se genera en el cuadro anterior, elaborado a partir de las propias estadísticas de PDVSA: los 60.000 millones de barriles que resultan de descontar los 242.071 millones de barriles de las "revisiones", mecanismo picaresco de "lápices afilados", tal como lo etiquetara Pérez Alfonzo.

Según Rystad Energy, esas reservas petroleras venezolanas, "la estimación más probable para los campos existentes, más los recursos contingentes en los descubrimientos, más los recursos prospectivos a riesgo en campos aún por descubrir" (2PCX) alcanzan a los 68 mil millones de barriles.

  • 2PCX: Sistema de gestión de recursos petrolíferos de la Society of Petroleum Engineers (SPE)

Esa cifra coloca a Venezuela en el noveno lugar entre los productores mundiales. Pero no se trata de un problema de ranking, de batear para .300 en las Grandes Ligas, sino de factibilidad económica.

Hay que hacer mención de que 30.000 millones de esos 68.000 corresponden a una "revisión extraordinaria" hecha en los años 80 para incorporar las reservas de la Faja del Orinoco, estimadas por PDVSA en esos años como soporte de su primer "megadisparate". (Francisco MIeres dixit).

La capacidad de producción instalada actualmente en la Faja del Orinoco, de un millón cuatrocientos mil barriles diarios y la capacidad procesadora de los "mejoradores", de 650.000 barriles diarios, ya hoy parcialmente utilizados como "mezcladores" de crudos extrapesados con naftas y crudos livianos, son firmes candidatos a convertirse en activos varados –de hecho ya lo son parcialmente- dadas las expectativas del mercado.

Dicho en otras palabras, se trata de una inversión de varios centenares de miles de millones de dólares cuyo costo nunca se recuperará completamente. ¿Pudo haber sido de otra manera? ¿Pero a quién le importa? Total, lo que es de todos no es de nadie… Y el que venga atrás que arree.

Diferentes organismos especializados estiman que el pico de la demanda petrolera global será alcanzado entre 2028 y 2045, a saber:

Rystad Energy 2028, McKinsey 2029, Bloomberg y Wood Mackenzie 2035 y, como era de esperar, la OPEP, la más optimista, 2045.

Energy Intelligence estima que la demanda total sólo alcanzará el nivel del primer trimestre de 2017 en el tercer trimestre de 2021.

El siguiente es el gráfico de McKinsey, de diciembre pasado.:

Peaks in demand for hydrocarbons occur earlier than projected (oil peaks in 2029 and gas in 2037) https://www.mckinsey.com/~/media/McKinsey/Industries/Oil%20and%20Gas/Our%20Insights/Global%20Energy%20Perspective%202021/Global-Energy-Perspective-2021-final.pdf

A esa evolución de estancamiento y futura declinación de la demanda se añade, para agravar más el panorama, la incorporación de nueva producción de crudos livianos en Brasil, Noruega, Guyana, Surinam, Uganda, Mozambique, México, más la capacidad cerrada voluntaria que mantienen los países miembros de la OPEP+ como soporte de los precios y los campos para el desarrollo futuro en la "Zona Neutral" entre Kuwait y Arabia Saudita.

De inmediato, la recuperación de la demanda a los niveles de 2019 sólo está prevista para el cuarto trimestre de 2022, según el más reciente pronóstico de corto plazo de la U.S. Energy Information Administration (EIA).

D:DOCSEIA STEO Balance O D Global.png

De igual manera, los escenarios de precios presentan una perspectiva plana hasta 2023, según el consenso entre los mercados de futuro y las predicciones de EIA-DOE:

D:DOCSSteo Price Forecast.png

Frente a este panorama el veredicto es claro:

Ninguno de los proyectos que prometen un crecimiento acelerado de la producción petrolera venezolana tiene asidero en la realidad presente y futura del país y del mercado internacional.

Sean cuales sean las concesiones y dejaciones de soberanía que hagamos, el resultado será pírrico y a la postre ruinoso para el país.

Mientras más tardemos en asumir esa realidad y actuar en consecuencia, peores serán las consecuencias.

Una vez más, sólo nos queda la opción de prepararnos para recorrer el camino difícil pero ineludible de construir un país no petrolero.

Referencias personales:

https://petroleovenezolano.blogspot.com

https://www.aporrea.org/autores/mendoza.potella

https://www.academia.edu/41805065/Nacionalismo_petrolero_en_4_d%C3%A9cadas



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Carlos Mendoza Potellá

Economista. Investigador Petrolero. Docente. Blog: http://petroleovenezolano.blogspot.com

 cmendop@gmail.com      @cmendop

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