“Salgamos del rentismo petrolero”. ¿Hasta cuándo con esa cantaleta? ¿Arrancan y roncan los motores?

No hay una expresión más pronunciada en Venezuela que esa de “salgamos del rentismo petrolero”. Hasta como para decir que lo ha sido más que “Alma Llanera”, el título de la canción de Pedro Elías Gutiérrez, “Caballo Viejo” de Simón Díaz u otra cualquiera que uno no se le viene a la memoria. Para muchos de nosotros ha sido también un canto de cuna, como aquella canción “Venezuela habla cantando” de la caraqueña Conny Méndez o de los cantos de ballena de Manuel Rosales. Se ha cantado tanto como el himno nacional y ofrecido más que la llamada autopista de Oriente, la cual nunca ha salido ni piensa hacerlo de los alrededores de Caracas.

            Desde el 14 de julio de 1936, cuando Arturo Uslar Pietri, en el diario “Ahora”, escribió aquel célebre artículo, tanto o más que “Lanzas Coloradas”, titulado “Sembremos el Petróleo”, que no fue otra cosa que un llamado a utilizar el hidrocarburo para diversificar nuestra economía productiva y liberarnos del rentismo petrolero, no ha habido partido político o político que no ofrezca a los venezolanos en sus programas y discursos esa meta, aunque sea sólo por cantar como sirena. Claro, aquellos no pensaron nunca en hacerlo de verdad porque estaban atados a compromisos con los gringos que de hecho lo negaban.

           Por cierto que, según escuché y hasta leí, más de una vez, en algún artículo de Domingo Alberto Rangel, que la frase “Sembrar el petróleo” no parece ser original de Uslar, sino de Alberto Adriani, aquel economista merideño, de Zea, quien estuvo en el gobierno de López Contreras.

          El economista Luis Xavier Grisanti, en un trabajo que hemos leído en una página web, dice lo siguiente que parece confirmar lo de Domingo A. Rangel, en el sentido que si la frase no fue de Adriani, fue él quien la inspiró:

         “Existe cierto grado de complementariedad en los tres

          colaboradores  del  presidente López – se refiere quien

          escribe  a  Alberto  Adriani,  Humberto  Egaña y  Arturo

          Uslar Pietri-. Esta complementariedad  responde a   que

          que  el  novelista  caraqueño  – Uslar-  con  su inmenso

          talento narrativo, recoge las advertencias  que  Adriani,

         como economista profesional formula”.

         De lo que no cabe duda es que el merideño fue maestro del caraqueño y sobre quien ejerció una influencia determinante, por lo menos en materia económica.

         Entre los programas de Medina, gobierno del cual formó parte Uslar ya se habla del asunto y se propone como meta, para lo cual se modifica la Ley del Impuesto Sobre la Renta y se formula la nueva Ley de Hidrocarburos. Pero los adecos, o mejor los militares, con Betancourt al frente dieron el golpe cuartelario que llamaron “Revolución de Octubre” y se propusieron, en el discurso lo mismo, sacar a Venezuela del rentismo petrolero.

        Pero Medina y Betancourt, como quienes les siguieron, estuvieron atados a un Convenio Comercial con EEUU, contrario a la idea de sembrar el petróleo.

        Siguió la historia venezolana y  los gobiernos y los políticos con la misma cantaleta de romper con aquella cadena, que veníamos arrastrando, tan pesada, que una vez Pérez Alfonzo, llamó al petróleo como “excremento del diablo” y los venezolanos le hemos bendecido y maldito al mismo tiempo.

        Desde que Uslar publicó aquel artículo en el diario “Ahora”, hasta hoy, han transcurrido 78 años. Todos los partidos progresistas y especialmente los de izquierda, se fijaron como propósito de su existencia romper con el rentismo petrolero, lo que parece estar ligado estrechamente a la dependencia y sujeción a la economía norteamericana y los dictados crueles del mercado capitalista internacional. En la mayor parte de ese período, como ya dijimos, gobernaron partidos y grupos atados al interés de EEUU y sus grandes capitalistas y la consigna sólo fue eso, para engañar al pueblo y agitarla en discursos en momentos de elecciones o actos solemnes, mientras se planificaba en contrario.

            Llegó Chávez al poder, recogió la consigna de las catacumbas o de archivos ya apolillados y la lanzó como tarea a comenzar, a realizar en lo inmediato y recoger la cosecha dentro de la lógica del esfuerzo requerido, la capacidad de inversión y el tiempo. Han pasado dieciséis años desde que la revolución entró a Miraflores en plan de gobernante; si analizamos las cifras relativas a importación y exportación; las correspondientes al ingreso en dólares, no es nada sorprendente decir que seguimos más atados al petróleo que antes. Pereciera que la revolución estuviese en camino, si no la apuramos, de ser tan consecuente con la idea de romper con el rentismo petrolero como lo fue la derecha que gobernó desde 1936 a 1998.

           Nuestros gobernantes de ahora, suelen recordarnos, como para que nos sintamos seguros, que tenemos las más grandes reservas de petróleo del mundo y entre las primeras en gas natural. “Tenemos energía acumulada y verificada por más de 200 años”, suelen decir con satisfacción y como quienes no les preocupara si el petróleo sembrado retoña en comida para nosotros y exportar; en otros bienes de consumo, intermedios o capital que ofrecerle al mercado internacional que necesitado está y nosotros obligados a contribuir.

           En sus discursos de ahora, el presidente Maduro, quien no es por supuesto de la generación del 36, tampoco de la del 48 ó 58 como nosotros, sino mucho más acá, cuando ya eso era una vieja y seria preocupación, dijo que se había formado bajo la idea de ver al país habiendo acabado con el rentismo petrolero; exactamente lo mismo que dijimos nosotros, quienes no tuvimos la fortuna de estar nunca en el poder.

          Pero este gobierno que inició el presidente Chávez, vinculó la consigna de “Sembrar el Petróleo”, aquella de 1936, lanzada por un hombre de la derecha, a la de construir el socialismo; o lo que es lo mismo, se echó encima una carga más pesada todavía, pero más generosa, aunque no tan fácil y a tan corto plazo como algunos imaginan, tanto que se descocan y parecen volver a sus viejas andadas.

         No quiero afirmar ni negar para no contribuir con los pesimistas o más bien aprendices de alquimia, que estemos en período de transición al socialismo, menos romperle el corazón al optimismo exacerbado, pero sí que en esta etapa, desde 1998 para acá, nuestra deuda con lo de acabar con el rentismo petrolero, está tan atrasada que las preocupaciones por sí solas ya pesan demasiado.

        Me asombro y no dejo de preocuparme, que el presidente Maduro, ayer mismo, habló de romper esa cadena, como si acabase de leer, con olor a tinta, el diario “Ahora”, del 14-07-1936.

        Mientras Nicolás Maduro hablaba en aquellos términos, porque es la cruel realidad que vive como gobernante y revolucionario, yo recordé a Gardel y escuchè el ruido de los motores que acaba de prender, como los mismos antes encendidos y apagados al sólo arranque:

        “Tengo miedo del encuentro

          con el pasado que vuelve

          a enfrentarse con mi vida”.



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Eligio Damas

Militante de la izquierda de toda la vida. Nunca ha sido candidato a nada y menos ser llevado a tribunal alguno. Libre para opinar, sin tapaojos ni ataduras. Maestro de escuela de los de abajo.

 damas.eligio@gmail.com

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