Réquiem para el petróleo fácil

El mundo se apresta a conocer los anuncios de los funerales del petróleo fácil. La sociedad industrial en que vivimos desde hace algo más de un siglo, no se ha querido percatar que más pronto que tarde tendrá que enfrentarse a su crisis más grave: el agotamiento del petróleo.

Los gobernantes y magnates petroleros insisten en que no sólo las reservas conocidas son enormes, sino que además los científicos, ingenieros y otros especialistas se las arreglarán para encontrar nuevos yacimientos de gran envergadura y mejorar el rendimiento de los existentes. A esto habría que agregar, dicen, las reservas enormes de petróleo “no convencional” en las arenas bituminosas de Alberta, en Canadá, y el océano de aceite extra pesado de la Faja del Orinoco, además de todas las reservas de gas natural que puede convertirse en gasolina y gasoil sintéticos, como dice Roberts en El Fin del Petróleo (2004; pp. 69-72).

Los países del hemisferio norte esgrimen públicamente el argumento político de que si los países de la OPEP abrieran libremente las válvulas de los pozos petroleros y se autorizara a las compañías a producir todo el petróleo que se necesita, además de explotar las grandes reservas del Ártico, todas las preocupaciones sobre el petróleo se disiparían. En otras palabras, la OPEP es culpable de racionalizar el consumismo desmedido de los países industrializados, en vez de contribuir al agotamiento cada vez más acelerado de los hidrocarburos abriendo ilimitadamente las llaves de los pozos petroleros.

Pero la realidad es que el petróleo “no descubierto” que presumen está en el subsuelo puede que no exista, es “petróleo teórico”, difícil de sacar, está bajo los hielos del Ártico y en las profundidades del mar, por lo que la capacidad actual para llegar a él depende de muchas variables, como tecnológicas, económicas, financieras, legales, políticas, ecológicas y de soberanía nacional, factores harto difíciles de controlar de manera conjunta en estos momentos.

Por supuesto que no nos quedaremos sin petróleo en el futuro predecible, pero es indudable que nos acercamos al fin del petróleo fácil, del petróleo barato, lo que significa no sólo precios altos, sino además precios inestables.

Pero ¿cuándo tocaremos techo y empezará a declinar la producción? Muchos yacimientos gigantes ya no pueden mantener sus niveles de producción y llegará el momento, muy cercano por cierto, en que la producción global del planeta iniciará su curva descendente.

Aún cuando no existen estadísticas confiables de los primeros años de explotación petrolera – 1862 a 1900 -, se puede calcular que, considerando el que se consumió en esos años, el utilizado hasta ahora y la demanda potencial de energía en los próximos 15 a 20 años, podrá predecirse el momento más cercano de agotamiento y así el nivel máximo de producción, aunque se desconozca el volumen total.
Es probable que desde 1862 se han consumido cerca de 875.000 millones de barriles (MMB) de crudo, un promedio de 6.160 MMB al año. Hoy se consumen 30.000 MMB al año, y cada vez se incrementa más el consumo.

Según el Servicio de Geología de EEUU (USGS) y la Asociación Internacional de Energía (AIE), el volumen de petróleo no descubierto asciende a 900.000 MMB, mientras que las reservas probadas alcanzan los 1.700 billones (MMM) de barriles. Tales volúmenes significan que, si tales cifras son ciertas, se tiene un volumen de 2.600 MMMB que, al ritmo de crecimiento de consumo anual de 2%, permite calcular el techo, muy optimista por cierto, para 2025 a 2030. Pero, considérese que los yacimientos no producen más allá del 40% de su contenido.

Y existe otro problema: esas cifras son dudosas, ya que las estimaciones sobre las reservas “probadas” fueron exageradas para obtener beneficios económicos y políticos. En 1985 la OPEP emitió un decreto mediante el cual estipulaba que mientras mayores fuesen las reservas declaradas por sus miembros, mayor sería la cuota de petróleo a exportar. Es así como a partir de 1986, Kuwait, Emiratos Árabes, Irán, Irak, Arabia Saudí y Venezuela, incrementaron sus reservas en más de 300.000 MMB. Nuestro país, por caso, pasó de 29.500 MMB de reserva, a 64.000 MM (Pdvsa, 1986), un incremento de 120%, prácticamente sin hacer exploraciones ni aplicar nuevas tecnologías. La trampa volumétrica de los países de la OPEP casi dobló la información que figuraba en los libros desde hacía años, retrasando así, automáticamente, el máximo de producción en por lo menos una década. Eso empezó a corregirse con la confesión de la Shell de haber inflado sus reservas en más de un 22%. Arabia Saudí es otro caso típico. De la noche a la mañana pasó de 167.000 MMB de reserva a 257.000 MM, un incremento de 53%.

La última trampa que conocemos la protagonizaron Alí Rodríguez y Rafael Ramírez, quienes inspirados por Bernard Mommer transformaron los bitúmenes de la orimulsión, hasta entonces fuera de la cuota de la OPEP, en hidrocarburos transformables en gasolina para que los gringos dispongan de este combustible en forma segura y confiable, como gustan de repetir.

*Economista – Profesor – MSc en Gerencia Pública


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César Prieto Oberto(*)

Profesor. Economista. Miembro de Número de la Academia de Ciencias Económicas del Estado Zulia. Candidato a Dr. en Ciencia Política.

 cepo39@gmail.com

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