(Gómez, Contralor de la Hacienda Pública)

Los Saldos de Pdvsa

Recordemos el momento (mediados de 1975)  de la primera “nacionalización petrolera” o el tránsito del antiguo régimen concesionario al de la burocratización nacional. El primero contó con un personal  de elevada e incuestionable calidad tecnoprofesional forjado en las  exigentes cribas de la   “empresa privada”, misma que tendrá todo lo malo del régimen burgués, pero alberga todo lo bueno de la excelencia en materia de productividad, de eficiencia y calidad a toda prueba, particularmente en cuanto a dotación de personal y tecnología puntera.

Eso no debe verse como malo, sino, al contrario, al capitalismo debe respetársele su inmenso aporte al desarrollo de las Fuerzas Productivas, ya que fuera de este sistema y prematuramente sólo sobreviene un retroceso parejo.

Se trata de un mérito incuestionable e insustituible. El personal de la empresa privada deberá conquistarse y ponerse al   servicio de mejores causas sociales  a fin de saltar   de este sistema a otro por y con su intermediación, y no  con    “socialismos”   cargados con el lastre de  vicios propios de la burocracia parasitaria, como ha ocurrido hasta ahora con los ensayos socialistas que conocemos.

El caso cubano es sui géneris, su rezago industrial autónomo en fuerzas productivas responde a su mismo  estancamiento, con un desarrollo económico fincado en la    tabaquería manual y  la siembra silvestre de azúcar, con mucha experiencia prostibularia y casinera, una Cuba que se mostró siempre poco exigente de tecnología avanzada. Recordemos que ella fue una sociedad esclavista hasta 1886, y apenas 72 años después irrumpió la revolución fideliana.

Porque los incapaces, los mediocres, los toeros, algunos excelentes para la política  populista y demagógica y  caradurista, de esos que  han resultado excelentes en la adulancia, en el  rastracruerismo, prestos para la malquistación, las habladurías, calumnias  e irresponsabilidad laboral (eufemismo de corrupción), esos difícilmente  tienen cabida en la empresa privada,  salvo durante el breve tiempo de las pruebas de admisión o  hasta cuando se les descubra con las manos en la masa.

Retomemos el hilo: Con la nacionalización petrolera el trabajador  dejó de ser  asalariado para convertirse en funcionario público, y ya esto decía mucho sobre el futuro realista de semejante aventura patria. En el diario “El Carabobeño” de ese año reposa el artículo “Nacionalización petrolera o el Alboroto de un Avispero”, donde  quise recoger una proyección de la flamante empresa llamada Pdvsa, obviamente  contaminada con las características improductivas  que privan todavía en la contrata burocrática nacional.

Con Pdvsa,  la extracción y refinación del  petróleo pasaba  a ser directamente manejado por criollos, y se le  dejaba el mercadeo a la empresa privada. El Estado empezó a correr con la pesada carga de la nómina de unos ex asalariados que pasaron  a convertirse en empleados públicos y como tales  resultan   muy  susceptibles para infectarse  con todos los vicios y corruptelas que caracterizan la gerencia administrativa nacional, y cuyos antecesores  se remontan a  la vida colonial, conocidos como “realistas” o ancestros de los “mantuanos”. Estos, como   “blancos  criollos”, serían los herederos directos del patrimonio económico y moral  de aquella grosera corrupción que le hacían los primeros a la Corona Española.  De esa corrupción y mala praxis   burocrática colonial derivó   la forzada contratación  de mano  de obra alemana para la administración de la Hacienda Pública Colonial. Podríamos inferir que en  la  primera   contrata concesionaria del petróleo, Juan Vicente Gómez tomó en consideración no sólo medidas técnicas, sino históricas y morales. 

Pero ahora, pisemos tierra, reconozcamos que con la refundación de la Pdvsa ”bolivariana” no pudo haber ocurrido milagros al respecto. Con las debidas excepciones, la contaminación de vicios burocráticos heredados del Puntofijismo parecen haberse incrementado, y este reconocimiento queda reforzado para  una empresa que dejó de contar precisamente con lo mejor de la empresa privada en cuanto a personal, independientemente de la moral política que  pudiera acompañarlo para el momento de la dicha refundación, y al margen de los pocos profesionales y técnicos quienes andaban   por allí en otras labores y habían sido rechazados por “comunistas” o por  otros “pecadillos” políticos.

Dejamos a salvo que en esa cuestionable refundación, pensamos, estuvo prevista la recontratación de personal extranjero a través de las inconstitucionales Empresas Mixtas. Sólo así se justificarían tantos desaguisados e irregularidades que han acompañado a esta  nueva nacionalización petrolera.

Presumimos que en Pdvsa se cometen los mismos   despilfarros  ocurridos  en los organismos públicos del ministeriato nacional, aunque magnificados según el monto del capital y las partidas puestas a su disposición como empresa bandera del Estado. Allí reinaría la  malversación de fondos, y diversos  actos de corrupción frente a los cuales la Contraloría General de la República parece jugar un papel protectriz, habida cuenta que ella se limita mayormente a llenar expedientes formales sobre enriquecimientos ilícitos y afines, con un control posféstum, además de congelar  los casos más graves cometidos contra la Cosa Pública para que en primera instancia sean los altos entes políticos involucrados los que tomen sus convenientes y negociables decisiones, todo lo cual se corresponde con una conducta que es típica de la burocracia pre y  extrapedevesiana.

Ocurre que, de perogrullo, a más ingresos, más egresos; se trata de  una correspondencia que atañe a los estados financieros de cualquier empresa que lleve orden en sus actividades. Hasta el trabajador más modesto y de menores ingresos sabe llevar “sus libros”. Lo más importante allí  es la distribución de las cuentas  dentro de cada una de las partes de un balance cualquiera.

Por esas razones, debemos analizar y distinguir entre egresos basales para el mantenimiento de la propia Pdvsa, y los destinados  al Presupuesto Nacional,   vigilados por la Asamblea Nacional, así como  los ejecutados como un Estado paralelo que sirve directamente al pueblo sin pasar por contraloría alguna ni de la Asamblea Nacional.

De allí que sea muy difícil contar una Pdvsa cuyos estados  financieros pudieran arrojar  saldos positivos en lugar  de los probables “saldos rojos” que hasta ahora viene acusando.

La industria petrolera fue eficaz y eficiente, científica y técnicamente, mientras corrió a cargo de la empresa privada, independientemente de que esas empresas privadas se llevaran una buena  “tajada” en comparación con lo que dejaban en casa. Pero ahora es cuestionable que los mayores ingresos que dejan las empresas Mixtas se traduzcan en saldos positivos debido a la baja productividad de un personal burocratizado “a lo criollo”, mejor formado  para robar, para despilfarrar, para malversar y para pantallear que para rendirle honrosas cuentas a un pueblo pendejo que sigue ilusamente esperando por mejores gobernantes emanados de la democracia burguesa.

Por estas razones no hay sinceridad en  los “saldos de Pdvsa”, y de allí  la lentitud o ausencia sostenida de auditorías externas que debe presentar Pdvsa, o su ausencia total. Los vicios de la burocracia nacional no podrían faltar en una Pdvsa renacionalizada con un personal   que siempre ha dejado mucho qué desear para gerenciar bien, pero mucho qué ofrecer como adulona e incompetente.

*.- Economista, de libre ejercicio profesional.

marmac@cantv.net



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Manuel C. Martínez M. *


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