Aproupel: ¿Continuismo o transformación?

La Asociación de Profesores de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (APROUPEL) y la seccional del Instituto Pedagógico Luís Beltrán Prieto Figueroa de Barquisimeto (APROUPEL-IPB), se aprestan nuevamente a celebrar comicios a objeto de elegir a su directiva; lo que inicialmente parece encomiable desde el punto de vista de la democracia representativa y en términos sociológicos normal. Esto es, que la institucionalidad se renueve y fortalezca su legitimidad fundada en la racionalidad de las normas que conceden el ejercicio de ese poder, a saber la voluntad de sus agremiados; quienes además deben regular el ejercicio de tal instancia gremial, recordando así a Weber en su teoría de las organizaciones. Si se es generoso con estos gremios guarimberos.

Pero como éstas no viven precisamente en un lecho de rosas, como alguien dijo, ello es precisamente también su flanco débil, particularmente en tiempos cuando la sociedad venezolana, como sistema dinámico complejo somete a discusión y crítica constructiva en la teoría y en la práctica los fundamentos de lo que genéricamente se denomina las organizaciones gremiales y/o sindicales, en razón de que nuevos actores sociales y políticos postulan otras formas de organización “adaptativas” que respondan de manera más satisfactoria a las demandas de los trabajadores; como parte de un tejido social democrático, entendiendo por tal constructo formas nuevas de ejercer el protagonismo social y la participación directa en la gestión de los asuntos que le conciernen; de tal forma que se pudiera hablar de instancias autopoiéticas, por decir organizaciones con autonomía para regularse por sí mismas, renovarse y auto construirse. Nada de esto se vislumbra en el contexto de la actual convocatoria de las elecciones de la APROUPEL-IPB. Al contrario los grupos tradicionales parecen atornillarse y cantar a coro la vieja cancioncilla infantil: “Tengo una vaca lechera/ tolón, tolón/ no es una vaca cualquiera, tolón, tolón, / me da leche condensada, mata moscas con la cola, tolón, tolón…”

Ironías aparte, el docente universitario en el nivel de especialización que pedían Taylor, Fayol y Weber para la división del trabajo en las organizaciones a objeto de incrementar el rendimiento individual vendría a ser un trabajador intelectual; y en el marco de la tesis de La sociedad postcapitalista de Peter Drucker un trabajador del conocimiento, con actitudes y habilidades prácticas para actuar en contextos complejos y plurales que responden a variaciones en el sistema a tenor de las acciones de los agentes humanos de esencia fenomenológica, donde hay que identificar elementos de la realidad a partir de las intenciones e intereses tan legítimos como las visiones y misiones o valores que insertan en las organizaciones los grupos dominantes. En otras palabras, parafraseando a Martín R García Montesinos (2009, Universidad Yacambú) en reciente ponencia, en Venezuela se ha presentado la emergencia de nuevas realidades que inciden, quiérase o no en las condiciones iniciales del desempeño en los procesos de la gerencia de las organizaciones, entre ellas las gremiales; pero en es éstas ciertos actores parece no se dan por enterados y no han generado nuevos sistemas de prácticas de connotaciones que anuncien un nuevo modelado. Sino que, al contrario, tienden seguir sus antiguas trayectorias de acciones parceladas y de comportamientos estancos. Ergo, no son organizaciones que aprenden como diría Peter Senge, se mantienen anquilosadas y sus miembros alineados en las visiones que su tradición asigna y los intereses particulares (léase, por ejemplo los últimos comunicados de la APROUPEL y la FAPUV, pura cabilla oposicionista).

Lo cierto es que ya se han conformado grupos con sus respectivos candidatos y candidatas para participar en las elecciones de la APROUPEL-IPB, ¿cómo afrontarán lo planteado anteriormente? ¿Qué concepción de universidad y de país postularán? En las presentaciones que se han oído los argumentos no han pasado de galimatías sobre un rescate abstracto del gremio, aislado de la perspectiva de la universidad en general y del país.

Jesús María Bianco, quien afrontara con admirable gallardía a la canalla de la “democracia” que allanara a la UCV y reprimiera a la universidad venezolana en los años de 1970 en adelante decía que suele haber en esto una distorsión: “Para los grupos externos e internos usufructuarios del sistema, la universidad debe incorporarse como una ruedecilla de su maquinaria estructural, con el designio de ser proveedora de técnicos deshumanizados, sujetos de la manipulación de las grandes empresas, y orientadas a consolidar el poder de éstas sobre la sociedad”; y ese fue y aun es el proyecto de universidad de los sectores tradicionales del liberalismo donde el conocimiento es poco menos que una mercancía (Schavino,2009), que se mercadea con cursos de extensión y aún en los postgrados, como bien denunció días atrás el Dr. Alexander Moreno en artículo de prensa (Cfr. El Impulso, octubre, 2009).

En cambio, volviendo al Dr. Bianco: “El interés de la gran mayoría de la nación, busca reestructurar la universidad de modo que se convierta en un elemento dinámico del cambio social, una palanca para combatir la dependencia y el subdesarrollo”, (Cfr. Natcha Méndez, en: Todos adentro, 07/11709. P. 9).

Estas palabras dichas en 1969 por el rector que venció las sombras y en tiempos de la renovación universitaria, además de estar en el trance del allanamiento de su morada familiar y del campus universitario de la UCV., resuenan hoy con tonos inquietantes en uno y otro sentido: desde hace tiempo fuerzas retrógradas tienen de hecho “allanada” a la universidad venezolana, al menos desde aquellas acciones del profesor Caldera tal vez como una de las formas de celebrar sus treinta años de docencia, un testimonio elocuente, además del respectivo folleto de ocasión acerca de cómo pensaba este pater familia el recinto universitario, a saber, “…una especie de remanso espiritual, algo así como un puente para la continua renovación, la obligación perenne de estudiar(…); creo también en una universidad autónoma que cumpla sus fines, que realice a plenitud el cometido de actuar como el mejor espejo de lo que debe ser nuestro país. Esa universidad que amamos prevalecerá, porque a medida que la propia comunidad universitaria tome mayor conciencia de que es a ella y a nadie más a quien incumbe resolver sus problemas, en esa medida las soluciones que se obtengan serán más efectivas, más duraderas y reposarán sobre una base sólida”, (Cfr. Caldera, R Treinta años de docencia, Caracas 26 de febrero de 1973). Como se ve de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno; alfo similar podrá decir FAPUV y APROUPEL respecto a las reivindicaciones salariales y medio ambiente de trabajo del docente universitario; (“Es FAPUV una tierra de horizontes abiertos en la cual se siembran luchas y se cosechan derechos”). El asunto es saber si en la práctica estarán dispuestos a sumir que las grandes mayorías están pidiendo la transformación de las casas de estudios universitarios, sin temor a la democratización de la gestión.

La LOE 2009 confiere fuerza legal a los consejos estudiantiles y de los trabajadores: ¿estarán los colegas del Instituto Pedagógico de Barquisimeto dispuestos a meterle el pecho a estas forman emergentes de participar y ser protagonistas? ¿Cuál es la legitimidad de los gremios de profesores universitarios, obreros y administrativos? Más aún, ¿se ha planteado esto como tema de discusión en asambleas y en los consejos directivos? Paralelamente, ¿se ha actuado para generar una nueva práctica revolucionaria entre quienes comparten lo que en Venezuela se denomina el proceso? Mucho me temo que tales preguntas sean sólo retóricas porque entre quienes conozco nuestra actuación ha sido y es timorata y desarticulada.

En concreto, las elecciones del gremio de profesores de la UPEL-IPB poco inciden en los procesos fundamentales de la nueva universidad que el país venezolano está pidiendo y tímidamente impulsan desde el gobierno revolucionario; y tal incidencia será menor si los sectores que dicen adherir las políticas públicas que en educación desarrolla la revolución no marcan diferencia sino que con alianzas al mejor estilo cuarto republicano convalidan tales eventos. Estos tibios que verbalizan ser socialistas, no hacen rupturas en el orden de la epistemología y la axiología porque no comprenden en lo más mínimo los procesos de cambio. Prefieren echar un tiro a la revolución y otro a la contra a nombre de un pluralismo soso, que renuncia a las posturas téticas, precisamente porque éstas equivalen a la síntesis del modo como se entiende la actividad trascendente del pensar y del conocimiento alcanzado del tema en discusión (Cfr. Ferrater Mora, 2004. Diccionario de filosofía, tomo III, P. 2838). Y como no han entendido, pues; ¿qué se les puede pedir? Más bien serían dignos de conmiseración. Los pobres, como decía Borges en algunos de sus cuentos. Si no fuera porque la ambición los carcome como el salitre a los materiales ferrosos que permanecen largas temporadas en las capas del subsuelo y dicen que si no es así nunca llegarán a ningún puesto, ya que siempre han sido “ninguniaos” por quienes hegemonizan los espacios universitarios (¿?). En cualquier caso les deseo éxito y que siga el debate.



“Y por ser la primera vez que en estos lugares canto/ me hago la cruz en la frente para librarme del espanto/… ¿Quién se atreve a responder?”, decía Alberto Arbelo Torrealba…

(*) UPEL-IPB
luissaavedra2004@yahoo.es


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Luís Beltrán Saavedra.

Docente, Trabajador popular.

 luissaavedra2004@yahoo.es

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